lunes, 31 de diciembre de 2012

Desear verdades

Lo malo de escribir siempre en primera persona es que el lector considera que todo, absolutamente todo en su totalidad es pura verdad y nada más que verdad, así que imagino que quien lee intenta rastrear dobles o triples sentidos a todo. A veces no hay más que lo que se ve a simple vista, una no es tan profunda como se le achaca, incluso como una misma se achaca. He intentado, parece que sin ningún éxito, escribiros algún que otro divertimento ficticio, la tercera persona creía que me ayudaría a distanciarme, pero ha salido más bien fingido, las historias contienen demasiada biografía. Sale sin querer, un vómito de verdades.

¿No sé fingir? ¿No sé ficción?

De sobra es sabido que en épocas duras aumenta el uso de la fantasía, para ir sobrellevando los males que nos aquejan, en realidad para tapar los males y distraernos totalmente de esos males y de los “malos” causantes de ellos, ¿qué pasa cuando la realidad es tan fantástica?, ¿cuando supera toda ficción?, es de admirar la sofisticación a la que se llega para convencernos de que les creamos pero las formas se han hecho de lo más perverso. La propaganda es perversa, la propaganda insulta.

¿Acaso nuestra vida es una patraña? ¿Algo de lo que nos dicen es cierto? ¿Cómo podemos discernir lo que es verdad de lo que no lo es? ¿Es verdad eso de “ojos que no ven”? ¿Qué ocurre cuando por fin ves, no es mejor sentir?

Ya está aquí de nuevo el vómito.

Último día del año, el nivel de fantasía diaria ha llegado a niveles problemáticos. Permitidme elegir yo misma la fantasía en la que vivir:

“En los confines de una pequeña ciudad sueca había un huerto exuberante, y en él una casita de campo. En esta casita vivía Pippa Mediaslargas, niña de nueve años que estaba completamente sola en el mundo. No tenía padre ni madre, lo cual era una ventaja, pues así nadie la mandaba a la cama precisamente cuando más se estaba divirtiendo, ni la obligaba a tomar aceite de hígado de bacalao cuando le apetecían los caramelos de menta. […]” Pippa mediaslargas, A. Lindgren.

“[…] El desván era grande y oscuro. Olía a polvo y naftalina. No se oía ningún ruido, salvo el suave tamborileo de la lluvia sobre las planchas de cobre del gigantesco tejado. Fuertes vigas, ennegrecidas por el tiempo, salían a intervalos regulares del entarimado, uniéndose más arriba a otras vigas del armario del tejado y perdiendose en algún lado en la oscuridad. […]” La historia interminable, M. Ende.

“Con algunas de las guineas que le quedaron después de vender la décima perla de su collar, Orlando había comprado un ajuar completo de mujer a la moda de la época, y vestida como una joven inglesa de alcurnia la encontramos ahora en la cubierta de la Enamoured Lady. Es raro, pero es cierto: hasta ese momento, apenas había pensado en su sexo. Quizá las bombachas turcas la había distraído; y las gitanas, salvo en algún detalle importante, difieren poquísimo de los gitanos. […]” Orlando, V. Woolf.

“La villa era pequeña y cuadrada, plantada en su jardincito con aspecto rosáceo y arrogante. Las contraventanas cuarteadas y despintadas por algunos sitios, habían adquirido al sol un delicado tono verde pastel. En el jardín, rodeado de altos setos de fucsia, los macizos de flores formaban complicados dibujos geométricos, delineados con cantos blancos […] El aire cálido se espesaba con el aroma de cientos de flores marchitas, trayendo el murmullo amable y apacible de los insectos […]” Mi familia y otros animales, G. Durrell.

Deseo para el nuevo que algo de lo que está patas arriba vuelva a una posición más correcta.
Mientras tanto creo que me mudaré aquí:

Donde viven los libros, 2012

miércoles, 19 de diciembre de 2012

De pirámides

Flaubert le dijo a Feydeau un día de 1858 que los libros no se hacían como los niños, sino como las pirámides. Obviamente se refería a novelas pero entenderéis igualmente por qué decía eso.
No suelo hablar de mi trabajo más que con gente que hace mi mismo trabajo y últimamente hablo de una versión muy degradada de ese trabajo con esa gente así que voy a contar un pequeño cuento.
Once upon a time I had a dream… bueno no fue tanto en forma de sueño, el formato era más bien de deseo. Estudiaba Historia del arte, todos los días me enfrentaba a libros de no menos de treinta centímetros de alto y una media de uno o dos kilos de peso, de esos que no hay Billy que los soporte, monografías más o menos complejas, o sea ensayos sesudos con cientos de imágenes de piezas artísticas, mogollón de pies de foto, bibliografías, notas… una pirámide.
Y un día de esos formulé el deseo, lo hice en voz alta, delante de un testigo (él a lo mejor no lo recuerda) "quiero hacer libros de estos". Ni siquiera sabía cómo se hacían las pirámides.
Las palabras con las que he comenzado son las liminares de una obra que, como las pirámides, sufrió un montón de escollos hasta que finalmente vio la luz para luego desaparecer definitivamente. Estaba claro que su título, Arquitecturas ausentes del siglo XX, lo predestinó. No lo busquéis, no está, como su propio título indica.
Las veinticuatro arquitecturas ausentes son proyectos que no se realizaron u obras que ahora ya no existen, además son solo algunas de muchas a las que les ha sucedido lo propio.
La historia de este libro comienza con una exposición homónima que se proyecta en 1997. La historia de este libro comienza con veinticuatro carpetas llenas de documentación: textos, fotos de unas impresionantes maquetas, fotos antiguas, dibujos, textos. Un montón de piezas para construir.
Este libro se construyó de una forma bastante artesanal, se diagramó en papel antes de maquetarse digitalmente a partir de un guión en el que se iban colocando todas las piezas: páginas blancas, sumario, liminares, prólogo, proyectos, apéndices, bibliografía, notas, etc.
Se reclutó a un grupo de maquetadores mercenarios que volcó los textos e iconografía (conjunto de fotos, dibujos, diagramas, etc.) que después se retocó en la editorial.
Se redactó cada pie de foto, se anotó cada descripción de cada proyecto, se elaboró casi desde cero la bibliografía y se miró y remiró cada doble página, cada piedra de la pirámide.
Hay muchos días, muchas horas de trabajo, hay emociones impresas en algunas páginas, hay peleas, incluso. Aprendí algo nuevo cada día de trabajo de ese libro, porque viví por y para ese libro.
Hubo otras pirámides después, muy distintas, en las que solo colaboré con unas pocas piedras.
Y de pronto algo cambió, hubo un momento en el que dejé de sentir que aprendía algo nuevo bueno cada día.
Todo ha cambiado un poco, no hago pirámides, si acaso templos u otras construcciones menores.
Parece que vamos a hacer las pirámides de otra forma y antes de haber logrado aprender bien esta profesión tengo que volver a empezar de cero porque las reglas del juego cambian, una ironía como la de ese personajillo todo el santo día bola arriba, bola abajo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Interiores (dos)

El camino de vuelta es muy distinto, todo va más deprisa.
Todos esos balcones verticales repetidos, ¿qué composición vulgar es esa sobre lienzos verticales?, nunca le han gustado mucho los lienzos verticales, además son todos iguales, sin variación de color, ni de luz, son fríos y ordinarios.
Está distraída, un autobús la sobresalta, casi no le ha oído llegar y le ha rozado prácticamente los pies.
Alguien ha salido a correr calle arriba, se pregunta si va o viene.
El escaparate de un restaurante exhibe un inmenso y viscoso rape, se ríe, le han puesto unas flores rojas en sus ojos, supone rápidamente que para no hacer feo a dos carabineros que están junto a él.

Ahí está, un nuevo balcón, un buen cuadro horizontal, ¿en qué piensan para poner esa casa ahí?, es de otro lugar, no es de esta ciudad, ni de este país. Ya se ha fijado más veces en ella, en esa silueta del barco a la izquierda, en lo que parecen unos libros. Hay uno de esos muebles que tapan los radiadores que se hacen a medida, lo fabricaron hace muchos años; la parte frontal está hecha de una rejilla de tablillas, cuando hay que limpiar el polvo hay que ponerse el trapo en el dedo e ir celda a celda, es casi doloroso, en la parte de arriba se pone de todo, pero no les gusta que se llene de cosas porque quita luz, en esa esquina hay bastante luz prácticamente todo el día.
El barco quizá lo compró el dueño de la casa en algún viaje o lo ha estado haciendo paso a paso, sus nietos le compraron un kit de esos de "Monta tu velero" y ha pasado las últimas 300 tardes haciéndolo. Ahora la nieta pequeña juega con él de vez en cuando, el abuelo se lo deja porque se pone muy pesada, monta a todos esos muñequitos enanos que tiene y lo hace zozobrar continuamente, le gustan las historias de náufragos, los muñequitos caen al agua y siempre hay temibles cocodrilos y tiburones (agua dulce y salada junta, no importa) dispuestos a comérselos, los muñequitos nadan hacia el velero y desde cubierta les lanzan cuerdas, salvavidas y, por qué no, algún postre que otro.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Pre-Navidad

Después de algunos años de no padecerla aquí estoy, postrada en la cama con gripe, en la cama de cuando era pequeña, mi madre me hace zumos, normalmente me los tengo que hacer yo así que agradezco el mimo, y mi abuela, que ya ha perdido bastante la cabeza, no hace más que rondarme, camina balanceándose y arrastrando los pies y viene cada dos minutos a preguntarme cómo estoy.
Este puente en esta casa es el momento en el que se piensan las comidas y cenas navideñas, hace años que nos reunimos, las pensamos, las escribimos, luego se hace una lista de la compra y cuando todos estamos de acuerdo alguien llega y lo cambia, sustancialmente. Esta vez me he perdido la ceremonia.
Hicieron todo el trabajo mientras yo me debatía entre escalofríos y sofocones febriles.
Hace años que se estudia el valor nutricional y la sostenibilidad del menú. Se fusiona la tradición con la modernidad, no todo en esta tierra es la morcilla y hay vida navideña más allá del cordero y la lombarda.
Las fiestas navideñas son las fiestas preferidas de los tragones, no se sabe por qué las neveras revientan además de las panzas. Se come como si no hubiera mañana y se compra como si no se hubiese comido durante el resto del año, ¿alguien me puede decir por qué?
En este hogar no soportamos recuperar sobras así que para castigo de mi cuñada normalmente no sobra comida. Debe de ser signo de riqueza hacer más comida de la que se puede ingerir en tres días.
Os cuento lo que han pergeñado:
Nochebuena
Caldito (muy necesario para una buena temperatura corporal)
Ensaladilla con langostinos
Fritos de pescado
Fruta cortada variada
(El que llegue con suficiente espacio comerá turrón)
Navidad
Sopa de pescado
Muslo de pollo relleno de bacon, manzana y pasas
Espárragos verdes
Tarta de cumpleaños (el mío)
Nochevieja
Caldo verde
Merluza en salsa verde con almejas
Peras al vino
Hojaldritas
Año Nuevo
Gambas a la vinagreta
Pasta dos salsas
Manzanas asadas
 
En una primera lectura parece que falta algo de carne y que está muy centrado en el pescado y otros productos del mar. Ya os contaré si se respeta.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Dickensiano

¿Nos hemos mudado a una novela de Dickens? Una de esas donde todo es feo, como cierto personajillo ha comentado recientemente. Una de esas donde la palabra miseria siempre está presente, así como todo su campo semántico. De esas en las que los niños comen bien una vez al día. Donde se habla de largas colas a las puertas de los albergues y algunos hurgan en las basuras de otros. Una novela de esas en las que vive más gente fuera de sus casas que dentro de ellas. De esas con usureros, prestamistas, banqueros avaros, corruptos. De esas donde lo injusto se asume como natural y la justicia solo es para unos pocos, igual que la educación y la cultura.

(Pausa)

Qué bestialidad, vivimos mejor que en época de Dickens. Nosotros sí, algunos no, la mayoría de ellos no. Ellos viven en el borde.
De los que viven bien, los hay muy pesimistas, todo es horrible y se está haciendo fatal, es el Apocalipsis, se va a acabar el mundo (idea equivocada, lo único que tiene el Apocalipsis de final es el lugar que ocupa en un libro, a veces nos quedamos con el símbolo, con la superficie en definitiva). Y luego están los optimistas, que tal y como quieren resolverlo van a ahorrar tanto que podrán invertirlo en paraísos fiscales y así perpetuar el robo.
Por el medio hay un gran montón de gente a quienes unos y otros empujan hasta que, como dice una niña que conozco, "te caes y te rompes".
A los adeptos de ambos lados les diría que despierten, esto no es cosa de hace cinco años, el mundo que hemos construido apesta hace mucho, pero nosotros no lo vimos, el orden de las cosas es muy viejo, por eso todo nos suena como a una novela de Dickens.
Los que estamos en el medio no deberíamos querer que todo volviera a ser como antes, deberíamos querer que se acabe cuanto antes. La posibilidad de salir es esa, que un sistema nefasto está llegando a su fin. Cada vez más gente está afectada por el apocalipsis del sistema, no hace mucho seguro que pensaban "a mí no me va a tocar", pero ya está, ya toca, toca a todos. Y no es cuestión de bolsillos, de dinerillos, quiero decir, de eso no todo el mundo se está dando cuenta, es más grande, debe ser más grande.
Yo sé que hay que cambiar las cosas pero de momento no sé cómo ni tengo Grandes esperanzas…

 Foto: E. Seligmann


martes, 27 de noviembre de 2012

Interiores

El paseo es el mejor en su género. Un bulevar, como dirían los restauradores ilustrados, esos del XVIII que decidieron cargarse las ciudades llenas de esquinas para hacer a cambio grandes avenidas por las que pudieran desfilar los tiranos. Al final y al principio se erigía un gran monumento o se hacía una gran plaza y por el medio la barbarie.
Es un camino recto, casi sin interrupciones, donde se puede ir y venir sin toparse con urbanismos ni urbanitas. Es un camino largo, las piernas se cansan y la cabeza se vacía.
Mientras desfila va mirando hacia un lado y hacia el otro, casi sin mover la cabeza, así nadie puede verla buscando las luces cálidas de los grandes salones.
De vez en cuando hay alguien apoyado en un alféizar de una ventana, fumando un cigarrillo, o simplemente observando la calle, rápidamente mira hacia otro lado temiendo ser descubierta.
Pierde más tiempo cuando puede ver libros, se detiene unos segundos para ver cómo están colocados, cuántos hay.
Todo sucede sin perder un solo paso, es un largo plano secuencia que no se corta.
Esas ventanas son como cuadros, enormes cuadros de interiores burgueses, esos que le gustan tanto, donde la gente vive sin percartarse de que les miran, a un lado una lámpara, una silla vacía al otro, alguien sentado leyendo un libro, otros junto a una mesa tal vez bebiendo, son todos muy parecidos entre sí pero nunca son los mismos.


Después de ver cuadritos y cuadritos suele llegar un gran Rembrandt, de gran formato, el cuadro espectáculo, y se sienta delante, en primera fila.
Como en una pieza teatral hay cocineros pasando de un lado a otro, tropiezan con los camareros y se ven comensales ordenando la cena, no hay prisas, todo trascurre con serenidad, está bien dirigida.
Es una función privada, solo para ella. Mira atentamente a la gente que ignora su presencia, están sentados, conversan, uno se levanta y vuelve después de un rato, el camarero hace mutis por el foro, después trae una bandeja, una mujer pregunta algo, los cocineros se afanan en sus comandas.
Solo para ella.

viernes, 9 de noviembre de 2012

La séptima puerta

La oficina es un habitáculo anexo a la casa del editor y la princesa, una casa llena de puertas al exterior, yo no estoy acostumbrada a salir a la calle por distintos tipos de puertas, las casas donde he vivido (antes de vivir aquí, en esta ciudad, una sola, pero una vez aquí ya van cuatro) tienen una sola puerta a la calle, alguna vez fui a casa de algún amigo del colegio que tenía nada más y nada menos que dos puertas, la verdad es que siempre pensé que el llavero de mis padres era mucho más sencillo, y ahora me doy cuenta de que la sencillez no radicaba únicamente en el llavero. Y bueno, siempre hubo un ama de llaves en las casas con muchas puertas, ¿no?
La casa tenía una puerta, una hermosa puerta, pero un día el editor pensó, no sé si solo o le ayudaron, que podría poner una oficina pegadiiita a la casita y claro, esto ya supuso dos puertas más, una comunica la casa con la oficina, la otra es para salir de la oficina al pequeño jardín delantero del cual hay que salir a su vez por otra puerta si lo que pretendes es ver la calle. Así que cada mañana para entrar en la oficina abro dos puertas, la del jardín y la de la oficina, y a continuación espero, si no es la hora justa para palacio, que esa tercera puerta, la que comunica palacio y cocinas, se abra.
Hay otra puerta más que sale al exterior, la segunda puerta del aseo al que acudo para hacer necesidades básicas, el aseo es el de la planta de calle del palacio, utilizado por el servicio y… pues eso yo que estoy a su servicio; para acceder al baño se puede hacer desde el interior de la casa, pero si la puerta de cocinas con palacio estuviere cerrada habría que ir a expeler residuos orgánicos rodeando la casa y accediendo por el exterior; uséase, en pleno invierno, a bajo cero y a oscuras, si hubiere necesidad de mear y los señores no estuvieren en casa, la menda saldría por la puerta de la oficina, rodea la casa y entraría en el baño, haría su necesidad y regresaría por donde ha venido.
Un día de invierno hice como de costumbre, hube de salir, rodear la casa y entrar al baño por fuera, como de costumbre hice mi necesidad, básica y, al tirar de la cadena, observé una tendencia al desbordamiento del agua procedente del interior del inodoro, el agua venía hacia mí así que ni corta ni perezosa cerré la llave de paso, y pensaréis, pues bien, qué lista. Imaginad la escena, yo sola en el baño, perpleja, todo muy limpio, nada de qué avergonzarse, y pienso, "tengo un váter lleno de agua, pues le saco el agua". A oscuras en la noche y a tientas hallé lo más parecido a un recipiente para evacuar, también se dice achicar, el agua del citado váter, el bebedero del gato y procedí. Otro en mi lugar quizá hubiera salido corriendo en precaución del tsunami u ola vaterina, pero soy valiente y no me arredro. Una vez realizada tamaña delicada operación salí del lugar, rodeé la casa, abrí la puerta de la oficina y les conté este episodio a mis compañeros esclavos que, sí, claro, troncháronse de risa y me compadecieron y pidieron que me desinfectara.
Un año después se nos prohibió entrar por la puerta grande de palacio, teníamos otra puerta nueva a exactamente 70 centímetros de la anterior para acceder directamente a la oficina y también se nos prohibió entrar al baño de servicio, "dentro del habitáculo", pensó el avezado editor, "les haré un pequeño aseo, con un pequeño lavabo que solo tendrá un pequeño grifo de agua fría y se secarán las manos con pequeñas toallas negras", y, por supuesto, habéis adivinado, tiene su propia puerta, que bueno no cierra bien, más bien, no cierra nunca, tiene cierre exterior independiente del interior, puedes bien compartir tus evacuaciones con el resto de la oficina o bien corres peligro de quedarte encerrada y verte avocada a repetir una y otra vez la operación en la más estricta soledad, o sea que te puedes quedar encerrado en esa miniatura y que te descubran días después presa de la congelación total o devorada por las cucarachas.
Lo que os acabo de contar quizá podría ser un episodio de los Monty Python… o no. La realidad puede ser bastante increíble y surreal.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Pudor o la falta de él

Hace muy pocos días me han dicho si no me daba pudor contar cosas en el blog, respondí rápido que no, que, vosotros, esos pocos que me leéis, no tenéis ojos clavados en mí, no veo vuestro reacción al leer, tan solo cuando comentáis, así que me encuentro cómoda. Al menos eso creía. Y a lo mejor apresureme.
Me apetecía reflexionar sobre esto así que pensé en la razón que me llevó a  empezar con El nido. La principal razón por la que empecé a contaros esto que algunos consideran mis intimidades es; porque sí, quería saber si era capaz de hacerlo, los diarios los vas haciendo y nunca los relees, los papeles que emborronas los tiras a la basura, así que este fue el principio, tenía que hacerlo o, como decían en aquella película, me moría. (Ahora solo tengo que mejorar.)
Después acudí a los espíritus, no está mal buscar una segunda opinión, y no me dieron respuesta, los espíritus nunca están cuando se les necesita, o no quieren responder a lo que se les solicita, y tal y como está el mundo seguro que a los pocos que están contestando les están dando respuestas algo contradictorias.
La RAE me dio una definición y como siempre me distrajo más que ayudarme:

pudor.
1. m. Honestidad, modestia, recato.

Y una cosa llevó a la otra.

recato.
1. m. Cautela, reserva.
2. m. Honestidad, modestia.

Y dale:

honesto, ta.
1. adj. Decente o decoroso.
2. adj. Recatado, pudoroso.
3. adj. Razonable, justo.
4. adj. Probo, recto, honrado.

modestia.
1. f. Virtud que modera, templa y regla las acciones externas, conteniendo al hombre en los límites de su estado, según lo conveniente a él.
2. f. Cualidad de humilde, falta de engreimiento o de vanidad.
3. f. Pobreza, escasez de medios, recursos, bienes, etc.

En un momento no solo me había perdido dentro del diccionario, como en un laberinto, sino que me empezó a entrar un ataque de indefinición total y corría peligro de ser devorada por la corrección en el lenguaje.
Y además, intentando orientarme, volví al principio:

decoro.
1. m. Honor, respeto, reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad.
2. m. Circunspección, gravedad.
3. m. Pureza, honestidad, recato.
 
Ya no entendía nada, ¿en qué me he convertido? ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿cómo me he separado tanto del camino recto?


Ya habéis oído eso de que es mejor escribir de lo que se conoce, qué mejor que escribir de una misma, de lo demás sé bastante poco. Y quizá no tenga tanta imaginación como para inventarme una vida…
O sí.
En resumidas, pensaba que era positivo no ser excesivamente pudoroso pero quizá me equivocaba, para algunos hablar de lo que uno siente y padece está fuera del decoro, la honestidad es mi intención y ¿por qué habría de tener cautela o reparo entonces? y, por otro lado, ¿por qué creéis todo lo que leéis?

martes, 23 de octubre de 2012

Luz y negro

"Al vivir en una ciudad grande, seguro que vas mucho a museos, al teatro…" parece el típico diálogo besuguero de tu prima, la que vive en provincias, ¿provincias?, como si de una nueva especie humana se tratara, el país se divide, sí, sí, se divide, entre norte, sur, grandes urbes, pequeñas urbes o ciudades de provincia, pueblos y ya el colmo del paleto vive en aldeas (donde debiéramos volver, sin dudarlo) hasta llegar a esta polis, contaminada y egocéntrica, además de céntrica en sentido estricto, nadie me había llamado provinciana, ojo, eh, en el buen sentido, desde el cariño.
Cuando vivía en mi provincia, o sea, en ese lugar donde vas a casi todas partes andando, excepto al Carrefour, los sábados por la tarde te arreglas mucho, llamas al mercado "ir a la plaza" y solo coges un taxi cuando vas a la piscina de la finca de algún familiar, que estará en las afueras de algún pueblo muy cercano… bueno, era distinto, aunque no en lo esencial.
Al estudiar en "provincias" veníamos a la polis a hacer prácticas, así que ir a museos o a teatros en la polis era estudiar a fin de cuentas.
Por la costumbre, ahora que habito en la polis sigo yendo a exposiciones con ojos de estudiante analizadora, la mirada pura, esa en la que no vuelco los conocimientos (no muchos, tampoco se trata de presumir, normalmente dejo a otros explayarse, que les hace ilusión), decía, la mirada pura es esa que, al ver la pieza que sea, no hace funcionar la máquina de identificar épocas, artistas, de relacionar con otras obras, otros artistas, otras épocas, la mirada sin análisis, porque es la que hace posible la emoción.
Y no os engaño, la mayor parte de las muestras ya las hemos visto ya, siempre se anda dando vueltas a lo mismo. "Siempre se aprenderá algo nuevo", con esa esperanza sigo acudiendo a la cita. Pero a veces, aunque no consigo ver las cosas con esa mirada, descubro o redescubro a algún personaje que tenía encajado en alguna categoría errónea.

Odilon Redon (1840-1916) siempre fue el pintor de este simpático bicho, una araña sonriente y para colmo de diez patas, increíble. La poca atención dedicada a este señor en nuestras clases magistrales le otorgó ese apelativo, Redon, el de los bichos. Se le considera por nosotras las miradas analizadoras/encasilladoras en ismos, un postimpresionista, bien, todo aquello que pasó después de los impresionistas a finales del XIX y principios del XX; simbolista, en un manifiesto literario de 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo como "enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva"; y lo mejor de todo, precursor del surrealismo.
Para estos retazos no me necesitáis en absoluto, la Wikipedia os sacará de dudas. Para lo que sí me necesitáis es para contaros que solo necesita un color para meterte en su bolsillo: "El negro es el color más esencial, hay que respetar el negro"; que es capaz de hacerte reír, gritar y soñar, en negro, como Poe; que trae del sueño a las criaturas más alucinantes para vivir fuera de él como si tal cosa "Toda mi originalidad consiste pues en hacer vivir humanamente a seres inverosímiles, conforme a las leyes de la verosimilitud, poniendo en lo posible la lógica de lo visible al servicio de lo invisible". Pero, ¿y si utilizase todos los colores?,

los paneles que el barón Robert de Domecy le encargó para la decoración del comedor de su castillo te ciegan, utiliza el color de tal manera que parece que estuvieran trasiluminados, y es uno de los espectáculos más emocionantes que haya presenciado en los últimos años en una muestra en esta polis: "Cubro las paredes de un comedor de flores, flores de ensueño de fauna imaginaria; todo ello en grandes paneles, tratados con un poco de todo: el temple, el caolín, el óleo, el propio pastel, que me da buen resultado en este momento, un pastel gigante", hay obras de las que no quieres separarte, ni dejar de mirarlas, el día que descubrí al "pintor de bichos" descubrí unas flores llenas de luz y a "mirar lo real como trampolín hacia lo imaginario".

viernes, 12 de octubre de 2012

O.W.

El gran Oscar Wilde… no, no, demasiado petulante, a él no le gustaría, aunque lo fuera; se le atribuye a Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde la siguiente: "La imaginación es una cualidad que se le ha concedido al hombre para compensarlo por lo que no es, mientras que el sentido del humor le ha sido dado para consolarlo por lo que es".
Todos tenemos la primera, viene al nacer, puede ser que la educación/represión nos la cape, o puede que nos ayuden a desarrollarla, pero el segundo no, implica inteligencia… algunos no encontrarán concuelo… y tampoco pasará nada porque no se darán ni cuenta.
No le había mencionado y eso que le debo el subtítulo del Nido:  
"Life is far too important a thing ever to talk seriously about", otra buena frase, un faro  
¡ 
y un grillete. 
¿Por qué? Un faro porque me guía, me ayuda a quitar hierro al contar el día a día y un grillete porque me reprime, porque me obliga a pensar más y me da la vuelta a mí misma. Quiero llegar al fondo sin que se note y provocar la sonrisa al mismo tiempo. Wilde no lo querría así, querría libertad, querría que consiguiese el equilibrio entre lo ácido y lo dulce, el caso es que siempre he preferido la naranja a la pera. 
Él cocía imaginación con sentido del humor y la esencia resultante tenía toques ácidos y punzantes pero resultaba ligera al olfato del lector. 
Teniendo el faro/grillete me siento segura, no me comprometo demasiado, el texto es corto, hace cierta gracia o incita a la mueca, y planea por la verdad sin entrar demasiado en ella. El medio también ayuda, a Wilde le hubiera gustado, o eso creo, obliga a contar algo en una sola pantalla (así dicen que es mejor), con lo cual debes intentar resumir tus ideas al máximo y al final pasas de puntillas por ellas. 
Seguiremos ejercitando ambas cualidades y aprendiendo a combinarlas, no puedo defraudarle y… ¿por qué no? también seguiremos escribiendo trivialmente que también lo querría.

martes, 9 de octubre de 2012

Déjà vu

Literalmente significa "ya visto", tambien se denomina paramnesia y es la experiencia de sentir que se ha sido testigo o se ha experimentado previamente una situación nueva.
Ya hemos oído que la historia es cíclica y también que el ser humano tropieza dos veces en la misma piedra.
Todo se ha dicho ya antes porque todo ya ha sucedido antes.
Un señor llamado Eugen Berthold Friedrich Brecht pronunció estas inteligentes palabras en no sé qué momento pero un siglo después (en algunos casos) parece que todo se repite.


"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales."
"Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica."
"Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo."
"Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países."

Y para acabar os dejo con la "Loa de la dialéctica", de 1932:
"Con paso firme se pasea hoy la injusticia.
Los opresores se disponen a dominar otros diez mil años más.
La violencia garantiza: ‘Todo seguirá igual.’
No se oye otra voz que la de los dominadores,
y en el mercado grita la explotación: ‘Ahora es cuando empiezo.’
Y entre los oprimidos, muchos dicen ahora:
‘Jamás se logrará lo que queremos.’

Quien aún esté vivo no diga ‘jamás’.
Lo firme no es firme.
Todo no seguirá igual.
Cuando hayan hablado los que dominan,
hablarán los dominados.
¿Quién puede atreverse a decir ‘jamás’?
¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros.
¿De quién que se acabe? De nosotros también.
¡Que se levante aquel que está abatido!
¡Aquel que está perdido, que combata!
¿Quién podrá contener al que conoce su condición?
Pues los vencidos de hoy son los vencedores de mañana
y el jamás se convierte en hoy mismo."

Yo me asusto, quizá penséis que con facilidad, pero ¿por qué si sabemos ya que todo se repite estamos cociendo otro desastre?



jueves, 27 de septiembre de 2012

Olivas griegas

El olivo es un árbol longevo, corto, con un tronco retorcido, no es bonito pero tiene algo que todos quieren.
Su fruto es la aceituna, es lenta, necesita un año entero para madurar.
He escogido estas de la izquierda para contar mi relato.
La historia de estas brillantes frutas comienza en Grecia. Hay una región en ese país llamada Kalamata, una población tranquila bañada por el mar Jónico.
Las de Kalamata son oscuras, carnosas y de sabor difícil pero dan un jugo mágico. Un jugo que todos quieren.
El jugo, o sea el aceite, se hace prácticamente de la misma forma desde hace mucho, pero mucho, mucho.
No solo hacen aceite los griegos, también lo hacemos los españoles, los italianos, los portugueses, sirios, tunecinos, turcos, marroquíes… hay más. Todos son lugares donde al olivo le gusta vivir, está a gusto, hace mucho sol, tanto que todo el mundo lo quiere.
No soy nada fan de las fábulas pero siempre he necesitado que me explicaran las cosas de manera sencilla, ya lo decía mi hermano "solo tienes diez minutos de concentración", y por eso quizá intento concentrar en estos escritillos temas gordos sin conseguirlo. Los más avezados ya sabéis por dónde voy, los realmente inteligentes, como mi hermano, intuís que no llegaré.
Hay dos palabras que me quitan el sueño desde hace tiempo: una es progreso, el individuo por antonomasia tiende al concepto, pero se repite mucho desde que cambiamos de Régimen, quiero decir del Antiguo al Nuevo, allá por el siglo diez y… ocho, oye, es inventar una máquina de vapor y el individuo comenzar a cagarla. La palabra se define:


progreso.
(Del lat. progressus).
1. m. Acción de ir hacia adelante.
2. m. Avance, adelanto, perfeccionamiento.

La otra es globalización y no estoy segura de que se haya llegado a una definición muy definida, valga la repugnancia.

globalización.
1. f. Acción de globalizar (integrar cosas diversas). 
2. f. Extensión del ámbito propio de instituciones sociales, políticas y jurídicas a un plano internacional. 
3. f. Difusión mundial de modos, valores o tendencias que fomenta la uniformidad de gustos y costumbres.
4. f. Econ. Proceso por el que las economías y mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los gobiernos.

Soy realmente ingenua en mis razonamientos, así que seguiré con mi fábula; progreso es haber conseguido que un buen jugo de aceituna siga siendo un buen alimento, que sepamos ahora todos los beneficios que aporta y que pueda llegar a cuantos más humanos mejor, pero la globalización consigue que todo eso no sea suficiente si no se compite, si no se codicia, si no se aplasta, al menos eso es lo que parece.
En algún momento se ha oído que para conseguir el primero es necesaria la segunda, están intentando convencernos de que es así, pero ¿cuándo empezó a pesar más la segunda para que el primero no fuera suficiente?, ¿cuándo se decidió que debía tiranizarnos un concepto económico?, ¿cuándo se decidió que el olivo no debía vivir tranquilo bajo el sol y madurar lentamente sus aceitunas?, ¿cuándo se decidió que debíamos vivir como el que lo decidió?
Cada vez hay más voces que gritan que no está equilibrado, que la desigualdad es cada vez mayor y reclaman un mundo más encaminado al "Nada en exceso", que dicho sea de paso también debemos a los griegos.


lunes, 17 de septiembre de 2012

Le petit jardin (variación)

Hay gente que camina siempre mirando hacia arriba, otros miran hacia adelante, muy lejos, fingiendo mucha seguridad y otros siempre miran para abajo, fingiendo inseguridad, yo soy de estas últimas desde mi tierna infancia, seguramente hay varias explicaciones para ese comportamiento, prefiero en esta ocasión evitar que me psicoanalicéis y deciros que con toda probabilidad es porque en el lugar donde me crié las partes de arriba no atraían en absoluto a mis ojos infantiles, otro gallo habría cantado si me hubiese criado, qué sé yo, en la Gran Manzana, donde todo se vive muy pa'rriba, literal y capitalmente hablando, el suelo pierde importancia cuando moles de acero y vidrio te dan la sombra en todo momento.
Sabéis que las piedras, hormigas, gusanitos, colillas y, en fin, todo tipo de criaturas que habitan los suelos de nuestras ciudades son muy atractivos para otras pequeñas criaturas, dícese perros, que dicho sea de paso tienen diseñada su cabeza para mirar hacia abajo, nunca serán prepotentes, o niños, que, aunque su cabeza esté diseñada para ir mirando un poco más arriba que los perros, de momento no creen tener más importancia que su próximo y suelen pasar las horas examinando el asfalto a fondo y recogiendo muestras sobre el terreno.

Algunos ya conocéis mi afición exploradora del suelo común, creo que hay días que el suelo te da más alegrías que lo que hay por arriba y sobre todo es una gran fuente de inspiración. También tengo que deciros que los míos siempre me han apoyado en mis vocaciones.
Este verano el suelo de Marsella me ha regalado dos pequeños jardines, hace unos días os mostré el primero y este es el segundo, forman parte de la colección de hallazgos vegetales urbanos que comencé hace dos años y que tiene varios ejemplares de gran importancia. Para conseguir un ejemplar como el de la fotografía han de darse unas condiciones especiales, primero, de humedad; después, que en el lugar en el que estén enclavadas haya una tendencia al robo de tapas de alcantarilla, y, por último, la escasez de exterminadores de "malas hierbas" muy frecuentes en ciudades muy civilizadas, lo cual yo, por supuesto, agradezco enormemente.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Road trip


¿Cómo habéis pasado el verano? Este es mi resumen, en sellos. Una tarjeta postal, no significa nada, cada uno tenéis la vuestra. No salen personas en estos sellos. Pero hay un montón de personas en estos sellos. Gente de todas partes compartiendo alegrías, cabreos, vino, malestares, lasaña, sentados por horas en una plaza mientras el sol se mueve pero la humedad permanece y un bebé duerme. Hay historias e historia. Hay olores, de los buenos y de los malos. Hay un coche y carreteras, muchos kilómetros de uvas. Hay una niña cogiendo arándanos en una montaña, en mi montaña, en esa donde hay un mar de nubes, en esa donde estás alegre. Hay lenguas que no entiendo. Hay aire nuevo, sucio como el viejo, pero es nuevo. Hay olor a mar y a flores y a tierra. Hay esquinas que me pertenecen para siempre. Hay pan pellizcado y tomates con sal en un lugar gris. Hay conversación. Hay discusión. Hay silencios. Hay silencios. Hay belleza. Hay veneno, se escapa por mis labios y no miro atrás. Hay una cascada de agua helada. Hay un paseo por el pasado, sintiendo cosas parecidas, con las mismas bajas presiones (atmosféricas) y más alcohol. Mi playa. Hay un desencuentro que no resuelvo, y que está abriendo una grieta, un desfiladero como el de mi montaña. Hay otras vidas. Y todo es real.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Un globo, dos globos, tres globos

Tres globos blancos vuelan libres hasta convertirse en tres puntitos diminutos en el firmamento de esta tarde de verano. No, no es un principio, bueno o malo, para romper el post en blanco, lo acabo de presenciar (salvo licencias poéticas y esas no las cuento). Intentando trabajar me disperso con facilidad, y en ausencia de moscas cualquier cosa es buena, ahora se llama déficit de atención, y bueno esto no es del todo exacto porque he seguido a los citados tres hasta donde llegó mi vista mortal.
La realidad me distrae… un fuerte aroma a menta procedente de la terraza de al lado me ha hecho perder el hilo del discurso.

He decidido abrazar el surrealismo.

jueves, 19 de julio de 2012

La poesía es un arma cargada de futuro, Gabriel Celaya

Me parece que es buen momento para acudir a los clásicos, al menos yo encuentro en este poema inspiración para lo que veo que sucede. Si ya lo dijo otro magistralmente, ¿por qué iba yo a intentar otra cosa?
Y además la poesía permite quedarse en uno, varios o en todos los versos, lo que más convenga.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Han decidido que la igualdad de oportunidades es de nuevo esa utopía a la que no llegaremos nunca, que el que quiera estudiar debe renunciar si no hay guita, que el que quiera entrar en un museo debe pagar como si de una cena de dos platos se tratase, que quien sea un buen atleta no podrá prepararse en su propia ciudad, que un artista no es un miembro productivo de la sociedad, que la cultura solo es para quien se la pueda permitir. Que la cultura no es una primera necesidad. Que todos los que trabajamos en la cultura somos prescindibles, que en realidad todos debiéramos ser teleoperadores y cajeros o dependientes de tiendas que abren cuando la gente duerme, porque es lo que tiene que ser, porque un insomne saldrá a las 5 de la mañana a comprar zapatos, ¿por qué no a leer a una biblioteca?
También piensan que no somos muchos en la lucha y que la protesta dura unos días de berrinche, y que luego todo vuelve a la normalidad, y quizá tengan razón, porque ni siquiera en un momento en que la utopía pudo ser posible "educamos" para que la sociedad pensara que de la cultura no se puede prescindir, para que saliera a la calle a reivindicarla. Porque es algo que hacemos en nuestro tiempo libre, no abre cabeceras de noticias en la tele, se pone al final, y quienes comemos de trabajar en la cultura en realidad deberíamos emigrar, qué sé yo a Noruega, país, por cierto, en que la cultura y la educación son cosas que sus habitantes tienen por pagar impuestos y que no consentirían que les saliera más caro de la cuenta y que consideran derecho y deber al mismo tiempo.

domingo, 15 de julio de 2012

Raro

Una es rara.
Ser rara no se elige.
No se nace rara, el raro se hace. Requiere un esfuerzo y unos años.
No sé muy bien cómo empieza una a caminar por la anormalidad. ¿En la escuela (siempre lo llamamos colegio)? Todo comienza allí o a lo mejor es consecuencia de ello.
La anormalidad se convierte en normal cuando los intentos de parecerse a los no raros no funcionan. Los no raros son aquellos que hacen cosas divertidas todo el tiempo, los no raros gustan a otros no raros, se entienden, los no raros pasan infancias normales, los no raros son jóvenes no raros y por fin se convierten en adultos… normales, y sobre todo los no raros no van con los raros, a ninguna parte.
La anormalidad crea adicción, se es cada vez más raro, se quiere ser raro todo el tiempo.
El raro intenta buscar otros raros con los que compartir rarezas, nada les une salvo su anormalidad. Son raros de distinto tipo, el raro siempre se ve más raro que el otro, es por eso que se siente a gusto en el medio, en la marginalidad.
Pero fijarse que ahora los raros pueden tener más en común con otros raros, gracias a este empeño de los raros por compartir toda su anormalidad (en el sentido 3.0) se encuentran más raros afines ahora que antes. No es bueno que el raro esté solo.
Así que un día, pensando en poner la pica en Flandes, pensando en ser la más original, escribí sobre una isla en medio de una acera ("Esa cosa verde", en este mismo blog), porque debes hacer honor a tu etiqueta.
Y otro día cualquiera escucho:
"Brotan en el cemento mismo, crecen donde no deberían crecer, con una paciencia y voluntad ejemplar logran erguirse con dignidad, sin ninguna estirpe, salvajes, inclasificables para la botánica, una extraña belleza tambaleante, absurda, que adorna los rincones más grises, no tienen nada y nada las detiene, una metáfora de vida incontenible que, paradógicamente, enfrenta mi debilidad."
Salta a la vista que está mejor descrito. Observé una inesperada alegría.
Pertenece a Medianeras (Gustavo Taretto).

La película es muy recomendable, este comienzo me va. 


Sin embargo, yo debo emplearme más a fondo, cómo voy a ser una buena rara, una rara de verdad si en cuanto me doy la vuelta hay otro raro filmando árboles que brotan del cemento… quizá me rinda a la evidencia, ser rara de verdad requiere un esfuerzo para el que no estoy capacitada… y el caso es que tampoco lo estoy para ser no rara.
Bueno…

sábado, 16 de junio de 2012

8:30 Me despierto con los pajarillos, bueno, es uno, permitidme la licencia poética, pero parecen por lo menos… tres.

9:30 Me vuelvo a despertar. Por supuesto, desperté, pero afortunadamente el pájaro cerró el pico y yo seguí con mis sueños, la principal ventaja de un freelance, lo que es un libre, es que se despierta cuando quiere y se acuesta… si puede.

10:30 Ya me tomé un café, entré en las redes, cositas obligatorias de mi día a día. Hablo por teléfono con mi madre. Hoy hay un gran evento familiar al que no asisto porque… no sé muy bien por qué, una mala planificación, supongo, el trabajo, una excusa floja. El gran evento es un gran cocido, no, el evento es 98 años de abuela, no me llaméis nada a mis espaldas. Un cocido en León, en junio, es una de esas barbaridades que se les hace a los intestinos, no es la primera vez, cuando cumplió 90 sufrimos otro, bueno, primero lo comimos, luego padecimos y luego seguidamente bebimos porque no quedaba otra, en el momento álgido, uséase las carnes tolendas y la morcilla (en el medio de la comida, no era un maragato de esos, ya hablaremos otro día de la falsa historia del cocido maragato), estábamos a 30º en un exterior. Mi madre me ha informado de que en esta ocasión el evento se celebra en un interior climatizado, con lo cual facilitará la ingestión y posterior digestión del citado plato.

11:30 El día ya me está cundiendo que no lo entiendo y me largo al mercado, a uno de verdad, no ese del que no paran de hablar y causa indigestiones. El mercado de Maravillas, que es una maravilla de mercado, es: grande, populoso, exuberante, colorido, oloroso, ruidoso, mezclado, alegre, real, suculento, laberíntico, ansioso, nutrido, multiuso, abundante, rico… maravilloso, el paraíso de una "foodista" (para quien no sepa, brevemente, un fudista es ese amante de la comida que en vez de hacer shopping va al mercado y además disfruta, que en vez de zapatos, compra trufas, si puede). Al ser precaria tuve que decidir entre codiciar Louboutin de miles de euros o Clergerie, y como no tengo religión me he buscado otros dioses a los que venerar, el consumismo foodico. Me he dado un paseo y traigo a casa: tomates, una lechuga preciosa, aceitunas, patatas nuevas, berenjenas de Almagro (frescas), cebollas moradas, cerezas, una lubina o lubinina, unas carnes y estas bellezas


a la izquierda, una focaccia con tomate y olivas, el otro es un pan con piñones y tomillo, adquiridos en el puesto más fetén de Maravillas, el horno Atanor, el puesto que yo querría, si quisiera un puesto, el puesto que yo habría puesto (siempre, por supuesto, con la inestimable ayuda de la otra foodista, y también soñadora panadera).

14:00 Procedo primero con la lechuga, hay que lavarla un poquito, estoy emocionada, ¡tiene tierra! No es frecuente aquí en esta capital (lo digo como protesta) tener que lavar una lechuga, o compartir las verduras con animales y otros microorganismos (una gata, oruga, en un tomate; pulgones en las acelgas, caracoles en las lechugas, y puedo seguir). La minilubina va al horno, sencilla, he puesto una piel de limón como cama y cuando la cebolla esté un poco frita la añadiré junto a ese mismo aceite y un poco de perejil. A mangiare, este es el resultado, son las 15:03.



16:00 Bastante óptimamente conseguido. No ha habido postre, un café y descanso.

¿Qué pasó después? Pues pasó lo que tenía que pasar.

21:25



lunes, 28 de mayo de 2012

Pensando

Cogito ergo sum. Tres palabras de enorme sencillez y gran significado, el principio del principio: "Pienso luego soy (existo)". Sin este gran descubrimiento los exámenes de filosofía habrían sido… fáciles y la vida… sencilla como la de una mosca (la mosca común vive un día Carpe diem, mosca).
¿Piensas luego existes? ¿Piensas que existes pero no piensas? ¿Piensas en la existencia, alguna vez, pedazo de burro? ¿Piensas que para qué pensar? ¿Existes y para qué pensar en más?
Antes, de antaño, o sea más que antes de ayer, había días que no pensabas mucho, lo elegías, te decías: "hoy no pienso pensar" "que piense otro, hoy no me toca" y hoy sencillamente piensas que si pensaras un poco menos, quizá serías un poco más feliz.
Nunca has pensado que el día que dejes de pensar a lo mejor no te vuelven a dejar hacerlo, pero piensa que ese día que no piensas, porque no te dejan, quizá esté a punto de llegar. ¿No pensarías entonces que es mejor pensar tú que no otro, mejor pensar por ti mismo que no te diga otro lo que debes pensar?
Sé que pensar mucho no te hace más feliz pero serás muy infeliz si no puedes ser por no poder pensar.
No soy particularmente dada al trabalenguas pero el otro día, caminando por mi barrio, pensé por un momento, al cruzarme con esta placa, que sería muy bueno tener un lugar en el que recordáramos cuál es nuestra condición humana pensante en el hipotético caso, lejano en este preciso momento, de que por dejar de pensar uno mismo y pasarle el "muerto" a otro, ese otro decidiera pensar por uno mismo (sea lo que sea lo que uno piense en estos días). Habría un lugar (si está cerca de casa es mucho más cómodo) en el que recordaríamos que una vez pensamos.
Y bueno, luego también pensé que el nombre de la calle no se refería a ese tipo de pensamiento pero este es mi blog y pienso como quiero (al menos de momento).




Pensad en pensar siempre. Os animo a pensar… vuestros propios pensamientos e incluso en aquello mismo que ahora pienso. ¿Alguien piensa en qué pienso? Y no, la cabeza no me duele más que si no pensara.

domingo, 20 de mayo de 2012

De costuras y herencias

No asustarse, no os hablaré de jaretones, pespuntes, hilvanes… o hilos, botones, corchetes con muelle… plisados, drapeados… no, no, he decidido acoger (sí, creo que acoger es la palabra) esta lata para la costura tan familiar (creo que todo el mundo en España tenía esta lata de Cola-cao).
Es mi último hallazgo de esta especie de arqueología de residuos de la que me he hecho ferviente seguidora y que no sé si acabo de acuñar; consiste fundamentalmente en examinar contenedores y cubos de basura, y extraer el bien sin recelos y acogerlo como si hubiese sido siempre tuyo (heredado a propósito de mi tío-padrino). La caja contiene:
- un bote de botones, bastante corrientes la mayoría, de prendas blancas sobre todo, aunque hay alguno de abrigo, es un bote de Nescafé bastante antiguo, no lo había visto nunca;
- varias bobinas de hilo;
- hilos de zurcir de colores demasiado pardos para mis calcetines;
- dos ganchillos;
- alfileres;
- corchetes…
- … y dos fotos de carné de un hombre y una mujer que no he querido mostrar, se trata sin duda de unos abuelos, de los abuelos de alguien.
Sabía exactamente al recogerlo que se trataba de una abuela pero cuando saqué las fotografías fue cuando caí en la cuenta de que esa caja era la herencia de alguno y ahora estaba en mi mesa. No importa el objeto, para algunos de vosotros no significará nada en absoluto, otros os sonreiréis, pero yo que soy una sentimental y una nostálgica voy a cargar con esta caja a saber cuánto tiempo, algunas de esas cosas no las usaré jamás pero no seré capaz de deshacerme de ellas.
Me pregunto si quien lo ha arrojado al olvido ha pensado si la tiraba o no, si merecía la pena conservarla, ¿habrá mirado dentro? ¿tampoco se conservan las fotos? Pero también me pregunto por qué debería volcar mis sentimientos en la basura de otro (diógenes sentimental).
Soy depositaria de un trocito enano de historia de una abuela zurcidora de calcetines con un deplorable gusto para las prendas de abrigo y, seguramente, una economía escueta que no permitía hacer grandes dispendios, es decir, me une a esta abuela más cosas de las que pensaba en una primera lectura de su caja de costura, quizá pueda aprender algo de ella ahora que las cosas van a peor.
Porque las cosas van hacia allí, hacia ese pardo lugar como el hilo de zurcir.
Me gustaría poder acabar este post de forma más optimista pero no me sale, y eso que las bobinas de hilo verde parece que dejan hueco a la esperanza… quizá alguna "batita" de verano que tuvo con rebeca a juego.

jueves, 26 de abril de 2012

sino/destino


¿van?
¿vienen?
¿están?
¿caminan?
¿se quedan?
¿abandonan?
¿acaban?
¿comienzan?
¿se pierden?
¿avanzan?
¿se rezagan?

jueves, 19 de abril de 2012

Vintage me gusta más

De enero a abril y escribo porque me toca. No voy a volver a pedir disculpas, esta ausencia ha sido larga, espero que me quede algo de tiempo seguido con vosotros.
Tengo noticias. He cambiado de nido, los palitos del nido anterior tenían un alto coste, así que ahora me he mudado a un árbol más alto de palitos más baratos. ¿Por qué los nidos son tan caros? No espero contestación, creo que no me serviría. No son más que palos y barro, bueno, cemento y ladrillos, que al fin y al cabo es tierra, agua y barro cocido. ¿Quién fue el primer canalla que decidió especular con el barro?
De nuevo es una casa vieja, es lo que pensarían algunos de los miembros de mi red (la social, que está muy de moda decirlo), seguro que hay muchos que dirían que es viejo, pero yo hace tiempo que pienso que si es vintage me gusta más (a lo mejor ya os habéis dado cuenta de este detalle de mi personalidad por antiguos escritos, o más bien fotos).
En mi nuevo nido ha habido algunos problemillas con el agua, los fontaneros dicen que el agua busca su camino, lo busca a través de mis radiadores incontinentes e incompletos (al parecer se meaban porque les faltaban piezas, era irremediable que se mearan) pero más bien pienso que hay fontaneros que deciden liberar al agua de su esclavitud, fluyendo así por pavimentos y paredes con toda tranquilidad y elegancia, y así escatimar en piezas clave para el buen funcionamiento de aparatos, como las fuertes tuercas y las sutiles arandelas.
Mi nido nuevo es pequeño pero tiene cinco ventanas, no creo que valga la pena mirar por ninguna de las cinco, para mirar y ver está mi terraza.
Pero el tema que de verdad me preocupa es la ausencia de rectas de mi nido, y no, no es intencionado. ¿Conocéis la teoría de la recta astuta? Tengo suelos en cuesta, esquinas onduladas, paredes cóncavas y convexas. Pero no es una queja. He llegado a la conclusión de que no creo en la recta y por eso no existe, o no existe y entonces para qué creer en ella, como tampoco creo en otras cosas como en el precio anterior a las rebajas, a la bondad del ser humano, a la permanente antiadherencia de las sartenes o en dioses buenos. Qué importante es la fe y cuando pierdes la fe no puedes poner cuadros en tu nido y las estanterías cojean. Y pienso entonces con añoranza en esos minimalistas japoneses.

jueves, 19 de enero de 2012

¿y si lo ponemos verde?

Como ya tengo una edad, tengo un pasado. En mi pasado fui diseñadora gráfica, no sé si lo fui, pero era lo que hacía, son dos cosas distintas. Era una diseñadora de provincias, esto quiere decir que los proyectos eran de provincias, y me divertía bastante. Una temporada nos tocó hacer logotipos, unos cuantos. Algunos sabreis qué es un briefing (informe que el cliente ofrece a la agencia o al estudio que aporta información detallada sobre la empresa en cuestión), para nosotras era "ese gran desconocido", así que investigábamos, dibujábamos, trazábamos, buscábamos tipos interesantes y se lo entregábamos al cliente, ese momento es siempre emocionante, una mezcla entre pudor, pánico, orgullo…  esa temporada más de uno después de mirarlo, y mirarlo, y mirarlo mucho, y pensar, decía: "mmm, no está mal, ¿y si lo ponemos verde?".
–¿Y si te ponemos verde a ti?" –es el orgullo de diseñador el que habla.
El verde fue el color de aquella temporada, todos querían un logotipo verde, aun cuando sabían que estaban influenciados y mediatizados por otros logos verdes.
El verde, el verde es un buen color, muy natural y esperanzador, fresco y necesario, por no hablar de la cerveza, que te hace pensar en verde. ¿Qué es pensar en verde? ¿pensar en La Masa? ¿pensar en ecología?
Pensar en verde es asignatura obligatoria, cuando pienso en verde veo islas en el suelo, veo hierba pequeñita en cada rendija libre del suelo de mi calle, veo Mondrians.
No quiero olvidarme de pensar en verde y no querría que nadie lo olvidara.

martes, 17 de enero de 2012

‘Share’ o no ‘share’, esa es la cuestión

No quiero meterme en jardines de los que no podría salir airosa, además para eso ya están los Freud y los Jung. 
Del comienzo del soliloquio más famoso, pero no por ello más inteligible de la historia del teatro me inspira la fonética, el típico doble sentido de siempre (el que diga que no tiene doblez, pues sinceramente, miente). Hamlet queda fuera del tema, un humano infeliz como nosotros que aterriza bruscamente en la verdad, y bueno, ya sabemos cómo acaba, al centrarse más en los ajustes de cuentas, las venganzas, en fin, un héroe suicida un tanto tontorrón aunque no falto de razón. No debe de resultar fácil sincerarse ante los demonios y fantasmas varios en la fría noche danesa, y pensándolo mejor es ese relente el que produce monstruos.
A lo mío, ahora se lleva el pienso y comparto, ese es el significado de "share" (otra vez el idioma colonizador). Yo misma me he apuntado a la moda, intentando que leais continuamente mis pensamientos, como hacía Hamlet, como si os importara. Es un poco distinto a hablar sola, que siempre he tenido costumbre, no exactamente sola, con ese otro yo más simpático y dulce que salía sin querer, y que me acompaña, como el Hamlet coraggioso, ese que ve el mundo en el que está metido de golpe.
De golpe el mundo también lo veo diferente, me siento diferente, siento un gran peso, y una cierta libertad y un gran vértigo desde esta ventana, y hablo.
¿Qué podríais encontrar de útil en todas estas letras? Es mi "ser o no ser".

martes, 10 de enero de 2012

¿Feliz Año Nuevo?

Cuando trabajaba en oficinas, al principio del año firmábamos muy cortesmente los "imeils" con una sencilla frase: Feliz Año Nuevo. 
Solo se desea al comienzo, a mediados de enero la cosa se diluye y en marzo los dioses ya no se acuerdan de ti. 
Soy más de año viejo, cuando ya estoy acostumbrada, va y se acaba.
Debe de ser que el Año Nuevo solo es un día… Se refiere a eso, sin duda. Es mucho más probable que seas feliz ese día (sobre todo si la noche se alargó lo suficiente), que un año entero, encima este es bisiesto. 
El proyecto es muy ambicioso pero lo intentaremos.