viernes, 13 de diciembre de 2013

El sueño que no llegó a ser

Estoy pensando por qué he ido al lugar más frío del continente en Navidad, estoy pensando por qué camino bajo la tempestad, pero miro hacia abajo y lo veo en mi guante, un copo de nieve completo, nunca había visto uno, está como dibujado. Y sonrío. Estoy pensando en cómo he llegado a esta página, no es mi capítulo. Estoy pensando en despertar.

Variación (Homenaje a Hammershøi)
Estoy pensando por qué he ido al lugar más frío del continente.
Estoy pensando por qué solo en este silencio podría escuchar el aleteo de un cisne, solo he visto su pico negro cuando ha pasado sobre mi cabeza.
Estoy pensando por qué voy caminando bajo la tempestad. Mi pisada es tan tímida. En esta ciudad todos van mirando sus pies, de vez en cuando alzan con miedo la vista por si alguien se choca con ellos. Estoy pensando por qué no me he chocado contigo.
Estoy pensando en todas estas fotos quemadas. Hay tanta luz. Ni una arruga en este cielo en tres días, solo pájaros negros. Pero está allí, por detrás está, tan lejos que no me da calor.
Estoy pensando en este copo de nieve, en que nunca había visto uno lo bastante grande, como si lo viese con lupa, como si alguien lo dibujó en mi guante, me hace sonreír, es sencillo y perfecto, y vive veinte segundos.
Estoy pensando en esa mancha quieta sobre la nieve.
Estoy pensando en caminar más despacio, ¿cómo he llegado a esta página? Me pasé de mi capítulo.
Los pies, fríos.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Hasta el píloro

¿No creéis que hace mucho que no protesto?
El otro día fui a un banco, no es que vaya a menudo, normalmente cambio de acera cuando me encuentro uno, me dan sudores, en esta ocasión incluso entré. La "banquera", al decirle que era autónoma (yo no quería, me preguntó ella) me contestó emocionada "eres de esos valientes emprendedores a los que debemos tanto". Respiré profundo. Debía de pensar que estoy inventando la vacuna para la felicidad intestinal. Después, me hizo un poco la pelota y rápidamente me ofreció uno de sus "productos" infalibles para conseguir mi felicidad intestinal. Se vino arriba (una expresión muy trendi a la par que detestable) cuando resultó que vivía donde ella había vivido, de joven (no creo que tuviera más de dos años más que yo, ¡ay!). No consiguió colocarme su gran plan y no creo que lo consiga por el momento, debe de ser esta falta de confianza en que puedo liderar una nueva era.
Me gustaría decirle, no a ella, sino a más de uno que hay por ahí suelto tergiversando nuestras vidas:
Yo soy autónoma porque el mundo me ha hecho así.

Cómo decirle a la "banquera" que no invento cosas, ni me becará el MIT, ni volveré de Sillicon Valley forrada de laureles. Hace años, en aquelarre con unas amigas, pensábamos en inventar algo que nos arreglara la vida definitivamente, en lo ecónomico, claro; la fregona, el chupachups, el post-it, inventos simples y resultones. Después de algunas cervezas –el alcohol mal elegido no despierta la creatividad–, lo único que salió era algo tan deprimente como hipotecar el propio cuerpo, lo dicho, mal elegido el alcohol; un poco de absenta, un buen orujo hubieran sido las mejores opciones, al menos el resultado habría sido más creativo.
Llevo meses, si no años, saturándome de noticias sobre el mal estado del empleo (el que "haiga), huele mal, huele a muerto, vamos. Sobre lo malos, lo aventajados, lo afortunados, lo defraudadores que somos los autónomos. Sobre lo importante que es emprender.
Como hoy es el día de nuestra carta "maña", leamos lo que dice el libro al respecto del trabajo:

Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Escaso. Se va el agua por todas partes.
Yo soy autónoma porque no me queda más remedio. ¿Existe el emprendedor forzado?
Mi vida laboral es, como la de muchos, exótica. Escogeré algunos retazos.
Siempre he ido a destiempo, a contracorriente. ¿Qué hacían casi todos al licenciarse de una versátil carrera? Los cursos de doctorado. Yo no, decidí aprender un oficio de futuro, el diseño, autónoma.
Después de diseñar logotipos verdes, catálogos con millares de botellas y folletos de hoteles decidí dar el gran salto a otro oficio, el de la edición. El primer trabajo estaba subvencionado por el Inem, el resto de trabajadores nos llamaban inemitas, algo como una especie invasora que llegaba en los tres últimos meses del año y se extinguí por Nochevieja.
Llegó la moda del mileurismo pero yo fui becada por seiscientos al mes, cachis.
Después otra beca, esta sí que era irresistible, además era temporalísima (trabajo temporal y de becario, una mezcla explosiva).
Mi gran oportunidad, un proyecto de seis meses que se estira como un chicle hasta el año (la factura, no).
En mi siguiente empleo no era suficientemente marginal, ni suficientemente mayor, ni estaba en "riesgo de exclusión", esa es la frase que más me gusta, así que, autónoma, temporal.
Viví mi paraíso de cenas navideñas, cesta y paga, fue breve pero corto.
Después, casilla de salida.
Seguro que más de uno os sentís identificados.
Como esta exótica vida laboral, es la de muchos, muchísimos; los emprendedores forzados.
Ahora voy con los tiempos, con la corriente, por fin, estoy en tendencia.
Pero cada vez que alguien me llama emprendedor se me irrita el píloro, que es una parte pequeña situada al principio del duodeno, comprenderéis que tengo que dejar de oír noticias tendenciosas y maquilladas, ver anuncios y tampoco puedo ir a bancos, en juego está mi felicidad intestinal.