lunes, 31 de diciembre de 2012

Desear verdades

Lo malo de escribir siempre en primera persona es que el lector considera que todo, absolutamente todo en su totalidad es pura verdad y nada más que verdad, así que imagino que quien lee intenta rastrear dobles o triples sentidos a todo. A veces no hay más que lo que se ve a simple vista, una no es tan profunda como se le achaca, incluso como una misma se achaca. He intentado, parece que sin ningún éxito, escribiros algún que otro divertimento ficticio, la tercera persona creía que me ayudaría a distanciarme, pero ha salido más bien fingido, las historias contienen demasiada biografía. Sale sin querer, un vómito de verdades.

¿No sé fingir? ¿No sé ficción?

De sobra es sabido que en épocas duras aumenta el uso de la fantasía, para ir sobrellevando los males que nos aquejan, en realidad para tapar los males y distraernos totalmente de esos males y de los “malos” causantes de ellos, ¿qué pasa cuando la realidad es tan fantástica?, ¿cuando supera toda ficción?, es de admirar la sofisticación a la que se llega para convencernos de que les creamos pero las formas se han hecho de lo más perverso. La propaganda es perversa, la propaganda insulta.

¿Acaso nuestra vida es una patraña? ¿Algo de lo que nos dicen es cierto? ¿Cómo podemos discernir lo que es verdad de lo que no lo es? ¿Es verdad eso de “ojos que no ven”? ¿Qué ocurre cuando por fin ves, no es mejor sentir?

Ya está aquí de nuevo el vómito.

Último día del año, el nivel de fantasía diaria ha llegado a niveles problemáticos. Permitidme elegir yo misma la fantasía en la que vivir:

“En los confines de una pequeña ciudad sueca había un huerto exuberante, y en él una casita de campo. En esta casita vivía Pippa Mediaslargas, niña de nueve años que estaba completamente sola en el mundo. No tenía padre ni madre, lo cual era una ventaja, pues así nadie la mandaba a la cama precisamente cuando más se estaba divirtiendo, ni la obligaba a tomar aceite de hígado de bacalao cuando le apetecían los caramelos de menta. […]” Pippa mediaslargas, A. Lindgren.

“[…] El desván era grande y oscuro. Olía a polvo y naftalina. No se oía ningún ruido, salvo el suave tamborileo de la lluvia sobre las planchas de cobre del gigantesco tejado. Fuertes vigas, ennegrecidas por el tiempo, salían a intervalos regulares del entarimado, uniéndose más arriba a otras vigas del armario del tejado y perdiendose en algún lado en la oscuridad. […]” La historia interminable, M. Ende.

“Con algunas de las guineas que le quedaron después de vender la décima perla de su collar, Orlando había comprado un ajuar completo de mujer a la moda de la época, y vestida como una joven inglesa de alcurnia la encontramos ahora en la cubierta de la Enamoured Lady. Es raro, pero es cierto: hasta ese momento, apenas había pensado en su sexo. Quizá las bombachas turcas la había distraído; y las gitanas, salvo en algún detalle importante, difieren poquísimo de los gitanos. […]” Orlando, V. Woolf.

“La villa era pequeña y cuadrada, plantada en su jardincito con aspecto rosáceo y arrogante. Las contraventanas cuarteadas y despintadas por algunos sitios, habían adquirido al sol un delicado tono verde pastel. En el jardín, rodeado de altos setos de fucsia, los macizos de flores formaban complicados dibujos geométricos, delineados con cantos blancos […] El aire cálido se espesaba con el aroma de cientos de flores marchitas, trayendo el murmullo amable y apacible de los insectos […]” Mi familia y otros animales, G. Durrell.

Deseo para el nuevo que algo de lo que está patas arriba vuelva a una posición más correcta.
Mientras tanto creo que me mudaré aquí:

Donde viven los libros, 2012

miércoles, 19 de diciembre de 2012

De pirámides

Flaubert le dijo a Feydeau un día de 1858 que los libros no se hacían como los niños, sino como las pirámides. Obviamente se refería a novelas pero entenderéis igualmente por qué decía eso.
No suelo hablar de mi trabajo más que con gente que hace mi mismo trabajo y últimamente hablo de una versión muy degradada de ese trabajo con esa gente así que voy a contar un pequeño cuento.
Once upon a time I had a dream… bueno no fue tanto en forma de sueño, el formato era más bien de deseo. Estudiaba Historia del arte, todos los días me enfrentaba a libros de no menos de treinta centímetros de alto y una media de uno o dos kilos de peso, de esos que no hay Billy que los soporte, monografías más o menos complejas, o sea ensayos sesudos con cientos de imágenes de piezas artísticas, mogollón de pies de foto, bibliografías, notas… una pirámide.
Y un día de esos formulé el deseo, lo hice en voz alta, delante de un testigo (él a lo mejor no lo recuerda) "quiero hacer libros de estos". Ni siquiera sabía cómo se hacían las pirámides.
Las palabras con las que he comenzado son las liminares de una obra que, como las pirámides, sufrió un montón de escollos hasta que finalmente vio la luz para luego desaparecer definitivamente. Estaba claro que su título, Arquitecturas ausentes del siglo XX, lo predestinó. No lo busquéis, no está, como su propio título indica.
Las veinticuatro arquitecturas ausentes son proyectos que no se realizaron u obras que ahora ya no existen, además son solo algunas de muchas a las que les ha sucedido lo propio.
La historia de este libro comienza con una exposición homónima que se proyecta en 1997. La historia de este libro comienza con veinticuatro carpetas llenas de documentación: textos, fotos de unas impresionantes maquetas, fotos antiguas, dibujos, textos. Un montón de piezas para construir.
Este libro se construyó de una forma bastante artesanal, se diagramó en papel antes de maquetarse digitalmente a partir de un guión en el que se iban colocando todas las piezas: páginas blancas, sumario, liminares, prólogo, proyectos, apéndices, bibliografía, notas, etc.
Se reclutó a un grupo de maquetadores mercenarios que volcó los textos e iconografía (conjunto de fotos, dibujos, diagramas, etc.) que después se retocó en la editorial.
Se redactó cada pie de foto, se anotó cada descripción de cada proyecto, se elaboró casi desde cero la bibliografía y se miró y remiró cada doble página, cada piedra de la pirámide.
Hay muchos días, muchas horas de trabajo, hay emociones impresas en algunas páginas, hay peleas, incluso. Aprendí algo nuevo cada día de trabajo de ese libro, porque viví por y para ese libro.
Hubo otras pirámides después, muy distintas, en las que solo colaboré con unas pocas piedras.
Y de pronto algo cambió, hubo un momento en el que dejé de sentir que aprendía algo nuevo bueno cada día.
Todo ha cambiado un poco, no hago pirámides, si acaso templos u otras construcciones menores.
Parece que vamos a hacer las pirámides de otra forma y antes de haber logrado aprender bien esta profesión tengo que volver a empezar de cero porque las reglas del juego cambian, una ironía como la de ese personajillo todo el santo día bola arriba, bola abajo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Interiores (dos)

El camino de vuelta es muy distinto, todo va más deprisa.
Todos esos balcones verticales repetidos, ¿qué composición vulgar es esa sobre lienzos verticales?, nunca le han gustado mucho los lienzos verticales, además son todos iguales, sin variación de color, ni de luz, son fríos y ordinarios.
Está distraída, un autobús la sobresalta, casi no le ha oído llegar y le ha rozado prácticamente los pies.
Alguien ha salido a correr calle arriba, se pregunta si va o viene.
El escaparate de un restaurante exhibe un inmenso y viscoso rape, se ríe, le han puesto unas flores rojas en sus ojos, supone rápidamente que para no hacer feo a dos carabineros que están junto a él.

Ahí está, un nuevo balcón, un buen cuadro horizontal, ¿en qué piensan para poner esa casa ahí?, es de otro lugar, no es de esta ciudad, ni de este país. Ya se ha fijado más veces en ella, en esa silueta del barco a la izquierda, en lo que parecen unos libros. Hay uno de esos muebles que tapan los radiadores que se hacen a medida, lo fabricaron hace muchos años; la parte frontal está hecha de una rejilla de tablillas, cuando hay que limpiar el polvo hay que ponerse el trapo en el dedo e ir celda a celda, es casi doloroso, en la parte de arriba se pone de todo, pero no les gusta que se llene de cosas porque quita luz, en esa esquina hay bastante luz prácticamente todo el día.
El barco quizá lo compró el dueño de la casa en algún viaje o lo ha estado haciendo paso a paso, sus nietos le compraron un kit de esos de "Monta tu velero" y ha pasado las últimas 300 tardes haciéndolo. Ahora la nieta pequeña juega con él de vez en cuando, el abuelo se lo deja porque se pone muy pesada, monta a todos esos muñequitos enanos que tiene y lo hace zozobrar continuamente, le gustan las historias de náufragos, los muñequitos caen al agua y siempre hay temibles cocodrilos y tiburones (agua dulce y salada junta, no importa) dispuestos a comérselos, los muñequitos nadan hacia el velero y desde cubierta les lanzan cuerdas, salvavidas y, por qué no, algún postre que otro.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Pre-Navidad

Después de algunos años de no padecerla aquí estoy, postrada en la cama con gripe, en la cama de cuando era pequeña, mi madre me hace zumos, normalmente me los tengo que hacer yo así que agradezco el mimo, y mi abuela, que ya ha perdido bastante la cabeza, no hace más que rondarme, camina balanceándose y arrastrando los pies y viene cada dos minutos a preguntarme cómo estoy.
Este puente en esta casa es el momento en el que se piensan las comidas y cenas navideñas, hace años que nos reunimos, las pensamos, las escribimos, luego se hace una lista de la compra y cuando todos estamos de acuerdo alguien llega y lo cambia, sustancialmente. Esta vez me he perdido la ceremonia.
Hicieron todo el trabajo mientras yo me debatía entre escalofríos y sofocones febriles.
Hace años que se estudia el valor nutricional y la sostenibilidad del menú. Se fusiona la tradición con la modernidad, no todo en esta tierra es la morcilla y hay vida navideña más allá del cordero y la lombarda.
Las fiestas navideñas son las fiestas preferidas de los tragones, no se sabe por qué las neveras revientan además de las panzas. Se come como si no hubiera mañana y se compra como si no se hubiese comido durante el resto del año, ¿alguien me puede decir por qué?
En este hogar no soportamos recuperar sobras así que para castigo de mi cuñada normalmente no sobra comida. Debe de ser signo de riqueza hacer más comida de la que se puede ingerir en tres días.
Os cuento lo que han pergeñado:
Nochebuena
Caldito (muy necesario para una buena temperatura corporal)
Ensaladilla con langostinos
Fritos de pescado
Fruta cortada variada
(El que llegue con suficiente espacio comerá turrón)
Navidad
Sopa de pescado
Muslo de pollo relleno de bacon, manzana y pasas
Espárragos verdes
Tarta de cumpleaños (el mío)
Nochevieja
Caldo verde
Merluza en salsa verde con almejas
Peras al vino
Hojaldritas
Año Nuevo
Gambas a la vinagreta
Pasta dos salsas
Manzanas asadas
 
En una primera lectura parece que falta algo de carne y que está muy centrado en el pescado y otros productos del mar. Ya os contaré si se respeta.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Dickensiano

¿Nos hemos mudado a una novela de Dickens? Una de esas donde todo es feo, como cierto personajillo ha comentado recientemente. Una de esas donde la palabra miseria siempre está presente, así como todo su campo semántico. De esas en las que los niños comen bien una vez al día. Donde se habla de largas colas a las puertas de los albergues y algunos hurgan en las basuras de otros. Una novela de esas en las que vive más gente fuera de sus casas que dentro de ellas. De esas con usureros, prestamistas, banqueros avaros, corruptos. De esas donde lo injusto se asume como natural y la justicia solo es para unos pocos, igual que la educación y la cultura.

(Pausa)

Qué bestialidad, vivimos mejor que en época de Dickens. Nosotros sí, algunos no, la mayoría de ellos no. Ellos viven en el borde.
De los que viven bien, los hay muy pesimistas, todo es horrible y se está haciendo fatal, es el Apocalipsis, se va a acabar el mundo (idea equivocada, lo único que tiene el Apocalipsis de final es el lugar que ocupa en un libro, a veces nos quedamos con el símbolo, con la superficie en definitiva). Y luego están los optimistas, que tal y como quieren resolverlo van a ahorrar tanto que podrán invertirlo en paraísos fiscales y así perpetuar el robo.
Por el medio hay un gran montón de gente a quienes unos y otros empujan hasta que, como dice una niña que conozco, "te caes y te rompes".
A los adeptos de ambos lados les diría que despierten, esto no es cosa de hace cinco años, el mundo que hemos construido apesta hace mucho, pero nosotros no lo vimos, el orden de las cosas es muy viejo, por eso todo nos suena como a una novela de Dickens.
Los que estamos en el medio no deberíamos querer que todo volviera a ser como antes, deberíamos querer que se acabe cuanto antes. La posibilidad de salir es esa, que un sistema nefasto está llegando a su fin. Cada vez más gente está afectada por el apocalipsis del sistema, no hace mucho seguro que pensaban "a mí no me va a tocar", pero ya está, ya toca, toca a todos. Y no es cuestión de bolsillos, de dinerillos, quiero decir, de eso no todo el mundo se está dando cuenta, es más grande, debe ser más grande.
Yo sé que hay que cambiar las cosas pero de momento no sé cómo ni tengo Grandes esperanzas…

 Foto: E. Seligmann