jueves, 13 de diciembre de 2012

Interiores (dos)

El camino de vuelta es muy distinto, todo va más deprisa.
Todos esos balcones verticales repetidos, ¿qué composición vulgar es esa sobre lienzos verticales?, nunca le han gustado mucho los lienzos verticales, además son todos iguales, sin variación de color, ni de luz, son fríos y ordinarios.
Está distraída, un autobús la sobresalta, casi no le ha oído llegar y le ha rozado prácticamente los pies.
Alguien ha salido a correr calle arriba, se pregunta si va o viene.
El escaparate de un restaurante exhibe un inmenso y viscoso rape, se ríe, le han puesto unas flores rojas en sus ojos, supone rápidamente que para no hacer feo a dos carabineros que están junto a él.

Ahí está, un nuevo balcón, un buen cuadro horizontal, ¿en qué piensan para poner esa casa ahí?, es de otro lugar, no es de esta ciudad, ni de este país. Ya se ha fijado más veces en ella, en esa silueta del barco a la izquierda, en lo que parecen unos libros. Hay uno de esos muebles que tapan los radiadores que se hacen a medida, lo fabricaron hace muchos años; la parte frontal está hecha de una rejilla de tablillas, cuando hay que limpiar el polvo hay que ponerse el trapo en el dedo e ir celda a celda, es casi doloroso, en la parte de arriba se pone de todo, pero no les gusta que se llene de cosas porque quita luz, en esa esquina hay bastante luz prácticamente todo el día.
El barco quizá lo compró el dueño de la casa en algún viaje o lo ha estado haciendo paso a paso, sus nietos le compraron un kit de esos de "Monta tu velero" y ha pasado las últimas 300 tardes haciéndolo. Ahora la nieta pequeña juega con él de vez en cuando, el abuelo se lo deja porque se pone muy pesada, monta a todos esos muñequitos enanos que tiene y lo hace zozobrar continuamente, le gustan las historias de náufragos, los muñequitos caen al agua y siempre hay temibles cocodrilos y tiburones (agua dulce y salada junta, no importa) dispuestos a comérselos, los muñequitos nadan hacia el velero y desde cubierta les lanzan cuerdas, salvavidas y, por qué no, algún postre que otro.

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