sábado, 25 de febrero de 2017

Una, boda

Basado en un sueño real.

No tenía que haberme puesto estos pantys, ¿o serán panties? Desde la entrada aquí ya se me han bajado por lo menos diez centímetros, a esta velocidad, al final de esta ceremonia los tendré en las rodillas y no podré seguir caminando. Si los hubiera comprado de una talla menos, estarían por la mitad de la barriga, al menos, y hasta que me los pudiera quitar estarían hundiéndoseme en la carne, casi formarían uno conmigo. No, qué dolor, y qué feo, como un morcón. Pero no pondría en riesgo un tobillo, o quizá una pierna. Así tropezaré. Hoy deben de estar imposibles las urgencias. Habría muchas risas, si no las está habiendo ya ahí detrás.
Si había una ocasión para haberme puesto medias con liguero era esta. Como esta solamente se presenta una, dicen algunos.
¿Qué pasa si ahora miro hacia atrás? No, mejor no, hacia adelante, siempre hacia adelante.
Mi madre no llevaba medias, ¡qué escándalo!, ella siempre fuera de protocolo. Seguro que fue muy criticada. La gente siempre tiene algo qué decir sobre estas cosas… la gente siempre tiene mucho que decir sobre casi todo. ¿Quién les habrá dicho que hay que ser sincero si no te lo piden?
¿Cómo se me verá de espaldas? Todos creerán que tienen algo qué decir, aunque no se les haya preguntado antes.
Pero han venido. ¿Qué hace toda esa gente ahí detrás? Me miran, me están mirando a mí, a mí que estoy a punto de darles un momento único en sus vidas y ellos ni lo sospechan.
"Estamos aquí reunidos…" ¿Empieza así? Yo no tengo que decir nada, solo estar, no creo que tenga nada que decir. Luego sí, luego hablaré.
Es un vestido tan bonito, todo será bonito… tenía que haberme puesto otros zapatos, aquellos rojos. Seguro que se quedan atónitos, no hay precedentes.
Aquí estoy mirando al frente con esa expresión grave que se me pone cuando escucho, y también cuando no escucho o me aburre lo que me están contando. Siempre he sabido ocultar el aburrimiento absoluto, también el relativo con habilidad. Cómo se aburre una a veces en la vida o de esa vida.
Boda viene de votum, que significa voto y también promesa. En cuanto entre el juez, me daré la vuelta, les miraré, lo suelto y ya está, se acabó.

Estoy aquí delante de vosotros sola, comprometiéndome conmigo y con nadie más a ser yo misma y a sobrevivir por mis propios medios. Es la celebración de una auténtica y total independencia, haciendo uso de la libertad que me corresponde y a la que tengo pleno derecho.

«No quiero un marido, odiaría ser la propiedad de un hombre. Me gustaría ser la novia de una boda, pero sin marido». Batsheba Everdeen (protagonista de Far from the Madding Crowd / Lejos del mundanal ruido, de Thomas Hardy) lo soñó antes que yo.
¿Fue ella sola? ¿Es ella sola?

sábado, 5 de noviembre de 2016

Verdades y mentiras de perogrullo

Hay personas que no han dicho ni una mentira en su vida y otras, sin embargo, no han dicho ni una sola verdad.
Esto no es absolutamente verdad, ni absolutamente mentira. A lo mejor solo se aplica a verdades de verdad y mentiras de verdad.
Hay personas que dicen las mentiras adornadas de tanta verdad que te fías de ellas y crees en lo que te dicen, y hay otras que no podrás creerlas nunca, ni siquiera con promesa de que todo lo que te dicen es cierto.
Hay personas que creen tanto en sus propias mentiras que, como ellas, acabas en ese lado de las cosas. Esas personas con las que compartes piel, de lo contrario acabas saliendo de su mismo lado de las cosas, puede que tarde, pero sales.
Sabiendo como sabemos estas dos grandes verdades, nos empeñamos en confiar o sencillamente en no creer.
Me han contado que hay personas que son capaces de ver en nosotros ambas realidades. Sabiendo lo que saben, ¿cómo pueden seguir confiando o viendo?
He pensado que me gustaría ese poder, esa intuición poderosa. Luego he pensado que mejor no. No es nada de otro mundo, solo hay que seguir un manual de instrucciones, porque dicen que todo se puede ver y todos podríamos.
Hay personas que no pueden decir mentiras, he pensado que me gustaría ese poder/no poder. Luego he pensado que mejor no.
Y luego he pensado que ni un poder ni otro resolvería el embrollo aquí y si incluso me importaría hacerlo, y luego, no sé, ya no he pensado más.


martes, 1 de noviembre de 2016

¿Por qué "maté" a la cocinera de pacotilla esa?

De vez en cuando hay que hablar de la sustancia y llevo varios meses de parón. Llevo varios meses en los que nada me ilusiona durante mucho tiempo, quizás sería mejor decir "emociona". Es como si hubiera abierto un gran paréntesis que de momento no parece cerrarse.
Se cuecen cosas por las mañanas, pero a medida que va pasando el día se van pasando, se van oscureciendo, se van secando hasta que es mejor tirarlas, de lo contrario se pudren y apestan. De hecho, quizás ni siquiera esta vaya a salir a la mesa. Me estoy aficionando a la destrucción, destruyo por ejemplo ropas, destruyo pensamientos, destruyo trabajos, destruyo incluso cariños.
Lo malo de haber cocinado según qué platos es incluir demasiada cantidad de un mismo ingrediente, el comensal se aburre y la cocinera ni os cuento. La razón de que esta reflexión se mezcle con lo culinario es tan superficial como todo lo que sucede al otro lado del teclado. Eso y que está de moda todo es maridar, todo son dietas, todo son filosofías gastronómicas, todo son discursos (s)insustanciales, todo es potencial gastro-estupidez. Pero hay que estar ahí, a la moda. Cuanto más à la mode estoy, cuanto más me meto en este otro mundo, más "insustancia" percibo, incluso de mí misma, y más me horripila y más quiero destruir. 
Como otros (muchos), yo también caí en eso de alimentar un poco la vanidad. Como otros pedantes pensé en dar lecciones. Inventé un personaje, una repelente cocinera de pacotilla a la que puse por nombre Tupernani. Tú o tú no la conocéis, quizás. La idea me parecía fantástica, el nombre, ¡no digamos!, cocinaría platos sencillos, baratos que cualquier —perdonad— idiota podría elaborar y llevarse al trabajo al día siguiente en un táper (tupper, para puristas). Y mi ego engordaría, porque era una IDEA. Todo lo que yo me cocinaba y después me comía, previa fotografía, lo veía un reducidísimo/ exclusivísimo grupo de personas a las que pensaba en fascinar. Pues vaya estupidez y qué pedante la artífice, otra más hablando de lo mismo.
Nada más lejos, error de comunicación. Me di cuenta de que, para empezar, nadie se dejaba llevar por la fantasía, había una razón por la que yo no hacía eso en primera personalidad, pero fui incapaz de mantener al personaje. De repente el personaje era una "maruja" sabionda a la que le preguntaban cantidades y medidas, recetas como si yo/ella fuéramos cocineras (perdón, cocineras o cocineros somos todos, pero a lo que una debía haber aspirado era a ser chef, que entre nosotros lo único que significa es que es "cocinero jefe", por supuesto estoy siendo irónica). Un experimento fracasado.
Dicen que no hay que rendirse, que hay que insistir, que se aprende de los errores, yo creo que si no se puede hacer algo bueno, mejor no hacerlo.
Además todo eso es demasiado relativo, lo intenté durante dos años. ¿A qué se refieren esas mentes lúcidas con volverlo a intentar? ¿Cuánto tiempo se considera que uno debe intentarlo? Si caminas y te encuentras la pared, hay que cambiar de camino, si insistes acabas dándote un golpe en la frente y además resulta una pérdida total de tiempo y recursos.
A otra cosa.
La maté, a la sabionda, claro, o más bien le he inducido un coma profundo, porque en el caso de "la red" nunca se puede morir y mucho menos hacer desaparecer las malas ideas. Si la IDEA era buena, supongo que después de dormir seguirá siéndolo y, si tengo razón, no tenemos ni que volver a vernos las caras ni los delantales.
Lo malo de crear una personalidad que cocinaba y lo contaba casi a diario es que lo que cuenta se acaba pareciendo demasiado a un diario, aunque esta no sea en absoluto la intención. Lo malo de los diarios es que conducen a una peligrosa tendencia hacia la autocompasión o la autocomplacencia y/o al sobrealimento del ego, si lo que se cuenta tiene mediano sabor. Lo malo de centrarse en una misma es que se acaban las recetas. Por mucho que yo me empeñase en la divulgación, parece que solo estaba hablando de mí y eso es un plato con demasiada cantidad de un único ingrediente: aburrido e insípido.
La cocinera de pacotilla no era capaz de conectar con sus comensales, que no entraban en su juego o que el mismo no tenía miga. A ver si van a tener razón los "científicos" de la mercadotecnia, a ver si es una ciencia y como no controlo las reglas el experimento ha resultado un fracaso. Da lo mismo.
Cuanto más avanzo en esto de la comunicación más en la superficie estoy, veo que no encuentro explicación a las reacciones que suscita lo que cuento, o a lo que cuentan los demás. Parece que controlo los ingredientes y su tiempo de cocción, pero realmente lo que pasa una vez lo sirves escapa a cualquier norma y me pone nerviosa y destructiva, por ende.
Puede ser que no haya más debajo de esa superficie.





martes, 10 de mayo de 2016

La empresa

(Basado en hechos reales)

–He soñado contigo. Eres más guapo en mis sueños, ¡wow! Siempre te he visto más de lo que eras, más guapo, más listo, más interesante… que nadie… que yo.
Me coges de las dos manos, en mi sueño, o sea, en este sueño que te digo y además hay un montón de luz y llevamos ropa monísima. Y él le pregunta, o sea a mí: "¿tú me quieres?", no puede ser porque sabe, sé, que no es real, que no podemos, pero contesta, contesto que sí, que desde que llegó. Es como en un videoclip, no sé cómo no me doy cuenta a tiempo y me despierto. En cambio, no, me divierto, no lloro, ni vomito, claro. Despierto con dolor de cabeza, no me acuerdo, pero creo que han sido pocas horas de sueño o quizás sea más una pesadilla.

–Decías eso que me ponía de los nervios: "al que madruga…". Respondí de muy mala leche una vez: "No creo que dios le ayude, creo que le proporciona más horas que rellenar de nada, que le hacen sentirse super infeliz." Tú te reíste. Tú madrugas, ¿por qué? Para hacer más cosas… qué loco, el tiempo es para que pase, no se puede detener ni aprovechar como la pasta de dientes.

–Tú mientes, y yo a ti. Cuando me preguntan ¿"qué tal"? Me creen porque yo lo digo, pero en mi cabeza es totalmente distinto, todo ocurre de otra manera. Pasan microsegundos de incertidumbre en los que estás tentada de decir que no muy bien o lo de "tirando", porque es la verdad, tiras aunque tengas ganas de irte a dormir y no salir de la cama hasta marzo, pero te apiadas finalmente y elaboras esa mentira que le exime de aguantarte, o sea, de sujetarte, no quieres pasarle esa responsabilidad, liberas al otro con un "bien" y ya se puede continuar la conversación desde la isla de la ficción o el lugar común.

–Espero que esta noche me dejes dormir y no vengas con tus cosas, con tus grandes ideas, no hay razón para que empiece a tener ahora insomnio si iba bien hasta ahora, las noches son lo mío, dormir es una actividad que controlo perfectamente. Se puede ser optimista, pero de día. Es que tú no te cansas nunca.

–Es muy difícil caminar contra el viento, detesto ese viento, será cosa de TOC. Nunca sopla como quiero, me distrae, me despeina, me descentra, me desanima, me desanda… y no tengo barco, que es para lo único que sirve el viento, no lo necesito. Te ríes porque busco deprisa un peine, explotas de risa. Vale, pero tú no sabes bailar.

–¿Sabes dónde estoy? Mirando el escaparate de una tienda de muelles. Los hay de todos los tamaños, pequeños como los de los bolis y enormes como… no sé para qué se usa ninguno, hay grosores increíbles, y otros superfinísimos, los hay de muchas vueltas y otros en cambio de una sola. Es maravilloso, el paraíso del muelle, no he visto una cosa igual…
¿Que de qué estoy hablando? De un lugar único que va a desaparecer en cuanto su propietario tenga la buena idea de jubilarse, uno de esos sitios con cierta poesía que se irán para no volver.

–Siempre has sido más listo, hasta convertiste esto que hacemos en una especie de labor social. Llegué un día del trabajo y vimos Tú asesina que nosotras limpiamos la sangre, porque tú querías que yo captara tus intenciones a la primera, me hizo poca gracia y no entendía por qué veíamos algo tan friqui, pero tú te volviste hiperactivo de repente, no sé cómo pensaste que así me explicabas mejor la idea y que me iba a volver loca por empezar una empresa como esta. Lo que entendí, primero, me asustó, no sabía si querías ponerte a matar gente y, recordando lo que gritabas solo con cortarte un dedo con un papel, me parecía poco probable. Hasta habías hecho un plan de negocio teniendo en cuenta las estadísticas de los tres últimos años y elegido el mejor nombre: Especialistas en Limpieza de Escenarios Traumáticos.
Me parecía más sencillo lo primero. ¿Te refieres a limpiezas generales en teatros y macroconciertos? pero no te hizo ninguna gracia, pusiste esa cara… bueno esa que pones. El informe sobre la propagación de enfermedades debida a los fluidos tendría que haberme dado la pista definitiva.
Lo he intentado, he aprendido tanto sobre sangre, plasma, sesos y otros fluidos, lo reconozco, pero no pienso en aprender más, ya sé lo suficiente, ya he visto suficiente.
He pensado bastante y esto no va a funcionar.
Por cierto, he dejado aparcado el camión delante del teatro porque es uno de esos pocos sitios donde no hay parquímetros y cuando lo he mirado ahí he explotado de risa, así espontáneamente, no habría encontrado mejor lugar para dejarlo… "escenarios" "teatros"… con sus letras plateadas y brillantes sobre fondo negro, hasta en eso pensaste, "que llamará mucho la atención".

–Puede ser que me ofrezca como socia-heredera al vendedor de muelles o me ponga a pasear perros… no, que también hay que recoger fluidos. Adiós.

domingo, 3 de abril de 2016

Un mal día

Acaba un mal día.
Es uno de esos que te han "colao" de más,
que sobra como la tapa del pan de molde.
Acaba uno de esos en que crees que puedes,
pero te equivocas,
efectivamente.
Uno de esos perdidos en cada uno de sus segundos,
disueltos en cada una de esas putas gotas de lluvia fría
que lo han mojado entero.
Se acaba un mal día,
de esos en los que esperas a este lado del paso de peatones
y en realidad no está pasando ni un coche.
Es uno de esos en que aceleras el paso
pero los minutos van a su propio tempo,
distinto al que habitúan
y tus pies son de plomo.
Te engañó al comenzar,
pero antes de que acabe,
te romperás completamente
y quizás también bailes.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La prueba (extracto)

"(…) Allí mismo hay un taller muy viejo, está en medio de dos casas, como encajado, parece como si antes hubiera habido un patio entre ellas. Son esas casas tan viejas donde hay muchas puertas, incluso dentro de la misma habitación, se puede entrar por una y salir por otra, y pasillos larguísimos, y también hay corredores que comunican los edificios. Una vez Sam y su madre vieron una peli de dos niñas vecinas en una casa de esas, que se hacían amigas, y salían corredores de esos, sus padres o abuelos hablaban con ellas desde arriba y podían jugar sin peligro.
Vivirá allí. O quizás no, quizás entró por el garaje, porque conoce alguna puerta secreta, una de esas que ni el dueño del taller conoce, seguro que ya se ha escondido muchas veces y conoce cada rincón.
La primera vez que le oyó temblar fue hace más o menos dos semanas. Se paró un momento delante de una de esas ventanas raras que salen casi en el suelo, de esas que desde dentro se pueden ver los pies de la gente en la calle.
No le veía, solo le oía cómo respiraba y se piró de allí cagada.
No sabe si él la vio alguna vez. Le gusta ese barrio, nadie la mira, supone que porque solo les importa lo suyo, casi no se encuentra con nadie y se puede patinar, tiene aceras anchas. Va a veces, cuando no le apetece ir a alguna de las clases de las tardes, ya ha perdido la cuenta.
Sam pensó que a lo mejor había reconocido sus botas. Le habló como si la conociera, como si fuesen amigos, como si el día anterior hubiesen ido andando a casa juntos después de clase. Habrían salido juntos, ella habría saltado, por fin, los cinco escalones del patio, sin ayuda exterior, y se habrían encontrado en la puerta de entrada, ella se habría adelantado porque es más rápida recogiendo las cosas del pupitre, porque no lo tiene todo descolocado.
Le contó que ese día los demás le habían retado a una prueba de valor, algo que habían leído en algún estúpido foro. En el recreo habían encontrado un ratón, él tuvo que matarlo y después comerse su corazón. Al llegar a casa sus padres no entendieron que no quisiese merendar así que se comió el chocolate, su favorito, con el pan que preparaba la asistenta cada dos o tres días. Desde que su madre vio en algún programa de televisión o lo leyó en alguna de esas revistas suyas lo "venenoso" que era el pan del súper, había tenido que aprender a hacerlo en casa y lo hacía casi dos veces por semana, como si no tuviese un montón de tareas que hacer. A él le encantaba ayudarla a amasar, pero a su madre no le gustaba que lo hiciera, y no le explicaba nunca el porqué, "no lo entendería".
Qué asco le dio todo, pensar en el corazón caliente todavía, y después en aquel chocolate que se le derretía en las manos, le recordaba la sangre de aquel animal que empezaba a coagularse y enfriarse.
No es la primera vez que le pasa algo parecido, le cuenta que de la sorpresa se pasa al miedo y al llanto, pero que se lo tiene que aguantar y después hay un momento de rabia y vómitos a partes iguales. (…)"
¿Continuará?

viernes, 11 de marzo de 2016

Y hoy, ¿qué? (Después del 8M)

Pues hoy igual que ayer y anteayer, buenas maneras, buenas palabras, ruido y unas pocas, pocas, promesas que se perderán como "lágrimas en…", sí eso.
Y además lacitos, discursos, canciones, actos de concienciación en colegios e institutos, programación televisiva especial… Es un día de reivindicaciones, dicen, y escuchas atónita discursos, noticias, cuentos… y congreso de los diputados  y semáforos con falda. Estas dos últimas paparruchas me causaron especial carcajada en ese día 8 de marzo en el que hemos de ser protagonistas aún porque somos humanas con derechos pero no en total sino en porcentajes.
En cuanto a la primera paparrucha, la carcajada era entrecortada, no sé qué decir… ¿vale, adelante? ¿Eso es lo que tienen que aportar?
Pero la segunda me encanta y tenía que sacarle todo el jugo que pudiera.
Nada más "dar a luz" la medida ya tiene detractores y también apasionados del happening. Unas, también algunos unos, dicen que ya era hora, que eso da más visibilidad a la lucha (palabra chunga) por la igualdad de género, ¿qué pasa, no se nos ve suficiente?, estamos en carne y hueso, ¿un pictograma?; otras que por qué no, pues claro, ¿y por qué sí?, ¿para qué? Debo de ser muy inconsciente, debo de estar muy poco concentrada en la "lucha" porque nunca sentí que los semáforos tuvieran sexo, pero bueno, ¿en qué estaba pensando?, hasta ahora no me había dado cuenta de la importancia de sentir que la ciudad podía hacerme "igual" al incluir una silueta femenina en ese chisme. Algunas dicen "pero ¿por qué con falda?", claro, a esto unas responden que por qué no, si está admitido ya universalmente que esto


es una mujer, cualquier mujer u hombre del universo lo entiende nada más verlo, no lo creo: persona de hombros muy rectos, sin cuello, sin manos ni pies y con vestido corto, ¡claro! Pues sí, no voy a darle vueltas, espero que pronto estén de nuevo de moda las faldas entre los hombres para que las visitas al baño sean un ejemplo de convivencia. Las mismas abanderadas por la igualdad y por el derribo de los tópicos sexistas, que seguro que protestarían por la imagen estereotipada de una mujer en minifalda, apoyan un símbolo universalmente retrógrado. Escuché a una mujer decir, más o menos, que un diseñador podría dar con un símbolo más acertado a la imagen que queremos de nosotras.
Quizás no hubo mucho tiempo, está poco trabajado esto, cogido por alfileres, ¿no creéis?, ¿vosotras y vosotros? Me parece algo cutrísimo. Como crítica de arte le doy muy mala nota al happening. Como mujer pues también, pero bueno quién soy yo para decir que una medida tan ligera no vaya a calar hasta lo más hondo en esta nuestra sociedad. Mientras la educación va haciendo efecto siempre tendremos unos semáforos "paritarios", yo ya me quedo mucho más tranquila.
¿Es esto lo que se puede aportar para que se respeten los derechos humanos que todavía tenemos solo a porcentajes? Espero ansiosa nuevas medidas por la igualdad y mientras tanto aquí tenéis el invento, estático y en movimiento.

 


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