viernes, 7 de julio de 2017

De nuevo te saludo, Vilhelm

El cine es el séptimo arte, esto lo repite todo quisqui.
¿Por qué se llama así? Eso ya es otra cosa. Os lanzo unos datos. El artífice de la definición es Ricciotto Canudo, uno de esos maravillosos "locos" futuristas italianos. Escribe en 1911 el "Manifiesto de las Siete Artes" e interpreta el cine como una suma de ciencia y arte, de máquina y sentimiento. Las otras seis artes son la arquitectura, de la que nacen la escultura y la pintura, que forman lo que él denomina Ritmo espacial o Fuerza plástica, una de las dos necesidades de inmortalidad del ser humano; la otra necesidad es la Fuerza Rítmica o Ritmo Temporal: se crea a través de la música, la música pura o sinfonía es el resultado de la unión de la danza y la palabra.
Así que arquitectura, escultura, pintura, música, danza y poesía, según Canudo, son las artes que proporcionan al ser humano la experiencia estética.
Las seis artes y los dos ritmos se fusionan en el teatro. Teatro y cine cumplen con la función de la comunión social. Aunque el cine va más allá, se puede mantener en el tiempo, como un museo proporciona la eternidad.
Y el cine se convierte en un arte que lo tiene todo (o casi) y que todos (o casi) experimentamos estéticamente —simplificando muchísimo.
Así que, el séptimo arte suma a las otras artes y las incorpora a una obra nueva, total y —esto es de mi cosecha— universal.
Puede ser nuevo, nuevo o beber de otras fuentes, quizás Canudo no lo contemplaba así.
Una de-formación de los críticos es la de detectar inspiraciones de unos artistas en otros, digámoslo así, escarban, escarbamos, en lo que los creadores "chupan" de otros, unas veces intencionadamente, otras de forma involuntaria o, más bien, producto del bagaje. Dar con la fuente es como ganar el premio gordo.
No parece casual —como pensaba— que yo me encontrara con Vilhelm Hammershøi en 2010 o que me "enamorara" de sus pequeños interiores daneses y de sus figuras de espaldas.
¿Hay casualidades o azares? Aparte de ir a su propia casa a verlo, es posible que descansara en mi cerebro y solo nos reencontráramos tras años dormidos ambos. Probablemente porque su presencia estaba en otras artes.
Le conocéis, es actualísimo y está de moda. Todos requieren su presencia para "contar" a la manera nórdica. Me encuentro con Vilhelm a menudo, por ejemplo en las cubiertas de numerosos libros recientes.
"Para la cubierta del libro, que es intimista y eso, pon el cuadro del danés ese que también usó Penguin, que me encanta".
Y pasa esto:


Estáis alucinados, claro. Esto es caso extremo de falta de creatividad o bien de marketing diabólico, que a veces van en la misma bolsa.
No creo que soñase con esta difusión, probablemente no le gustaría y quizás lo debatiría con esa mujer que casi siempre nos da la espalda o con sus pocos amigos del "business". O quizás me equivoco y se sentiría muy seguro de sí al ver que lo que no encajaba en sus años es perfecto para contar de una forma más contemporánea sus propios años.
Así que os estaba contando antes que un artista se puede fijar en otro e inspirarse, o sorprenderse inspirado, en las formas, color, luz de otro artista y homenajearle en su propia obra. 
El cine hace esto en numerosas ocasiones, o ya siempre. No lo critico, tiene mi permiso. Si alguno antes —un pintor— ya contó las cosas bien, ¿por qué va uno a innovar y meter la pata? Además así se le da a la peli el empuje artístico que pudiera necesitar, a veces es así para cumplir con el manifiesto.
Hace tiempo que voy al cine sin excesiva información, antes preparaba a conciencia la visita a una sala. Hoy, si me gusta lo poco que se ve en un tráiler: la música, o la poesía, o la plástica, algo pequeño que comunique el film ya me sirve. Lo que se exhibe en general responde a poco número de códigos y en un tráiler es fácil leerlos y decidir si a una la encajan o no.
Cuando Canudo formuló su definición no había sucedido mucho en esto del cine. Tal vez la obra que encajara en su séptimo arte no tendría que ver con lo que ahora llamamos cine, no podríamos asumir lo que él concibió (demasiado para nuestros códigos aún). 
Fui a ver Lady Macbeth. Fui a ver una historia con una mujer muy tremenda, con muy malas intenciones, amoral y poco habitual en las historias sobre el siglo XIX en Inglaterra. Esperaba encontrar lo de siempre: un tratamiento de la luz, del color, de los planos que encajaran en un ambiente británico, decimonónico, rural, pero mirad:


Los interiores daneses de Hammershøi en gran formato y vivos. Y su luz y la ausencia de esta, sus silencios… Podía esperar que al mover ligeramente la cabeza vería quién aparecería por detrás de la jamba impolutamente blanca de la puerta. El homenaje al pintor danés es más que evidente. Me encantó estar invitada a entrar en esas habitaciones. Es una apuesta visual distinta (si obviamos la historia que resulta fascinante). La fuerza de esa señora requería de ese escenario. Hay otras referencias pictóricas en esos planos: Caspar David Friedrich, por ejemplo, o el mismísimo James Abbot McNeill Whistler.
Bueno, William Oldroyd, el director de este buen film, no es el primero que acude al señor danés, antes llegó Carl T. Dreyer. Y hasta exposiciones en museos contemporáneos suscita su relación.
Lo irónico de la cuestión es que siguen siendo referencias visuales decimonónicas, pero no las esperadas, así que parecen novedosas o modernas cuando realmente no lo son. ¿A que tienen algo?
¿Qué tiene este señor danés? ¿Y si este señor danés no era solo pintor sino que lo que vemos va más allá del lenguaje de la pintura, quizás de la fotografía? Personalmente, seguiré indagando y seguro que viéndolo en todas partes.
O quizás el señor Oldroyd trabaja a partir de la fuente ya filtrada por Dreyer.
Yo no sé si el cine es un arte distinto con sus propios códigos o pienso como Canudo o solo es otro lenguaje y las artes, una. Quizás para Canudo es un teatro filmado y filtrado, porque ni siquiera concedió a la fotografía un puesto en su lista.

martes, 4 de julio de 2017

No es una crítica de cine… de Verano 1993

Si lo pienso bien, solo hay una cosa que me gusta de verdad, por encima de cualquier otra: ver películas.
Y cuantas más, mejor. Me tomo en serio mi alfabetización visual, que le llaman los modernos.
Además, es una cosa que cada vez hago mejor. Miro cada vez mejor.
En mi cabeza permanecen, a un lado, las historias emocionantes y excitantes, muchas veces grandilocuentes, bellas, pero lejanas a mí a veces y, al otro lado, las que me obsesionan durante días, las que me gustaría haber podido crear yo misma.
Esto también me sucede con otras obras artísticas, pero esas sé que no seré capaz de realizarlas y me obsesionan menos tiempo.
No voy a ponerme densa, para eso ya hay expertos y nunca he querido meterme en sus asuntos, seguro que por falta de seguridad en mí misma, como me sucede en otros aspectos de mi vida. En realidad sí que me he convertido en experta en guardarme las pelis para mí, soy muy egoísta en ese aspecto.
Pero no estoy aquí para presumir de friqui. Y en esta ocasión, sí quiero compartirla.
Quiero hablaros de una de esas historias del lado bueno de la cabeza: Estiu 1993 (Verano 1993).
Lo hago antes de que se empiece a hablar demasiado de ella y se gaste. Muchos empezarán a usar frases hechas por otros, y copiaremos críticas y nos pondremos muy pedantes. Yo no, yo ya no hago eso, me las guardo para mí. Y tampoco os la voy a desgranar. Podéis ver todas las críticas que queráis antes de ir a verla, pero dejaros llevar por una servidora.
Se lleva un tiempo hablando de ella, se la premia y con razón.
Tenéis que verla porque la belleza escasea y cuando una obra es así conviene que forme parte de las cabezas de todos, en el lado de la obsesión, claro.
Después de ver las de este tipo, lo que admiro y envidio al mismo tiempo es la gran capacidad que algunas personas/artistas tienen para contar grandes cosas, cosas duras, importantes con una extrema sencillez y limpieza. Después de ver bastante, pienso que se llega a esa limpieza solo con la verdad y exponiéndose totalmente.
Que esté basada en una historia real no basta para darla esa belleza. Hay que saber utilizarla, moldearla. Cuando se sabe de lo que se habla: dolor, amor, lo que sea, hay más probabilidad de conectar con quien mira, pero hay que darle la forma perfecta y orquestarla visualmente.
Esta es la magia del cine que yo quiero.
Esta es una peli bella en fondo y forma, en su guión, en su realización, en su producción, en sus interpretaciones que te agarran desde el primer momento y no te soltarán jamás, en una inteligencia y una verdad totales.
Es perfecta y ya está.

miércoles, 7 de junio de 2017

Una lamentable noticia

¿No os habéis enterado? Se murió la ironía.
La cosa no ha sido viral, sino más bien una septicemia por falta de aSEO.
Fuentes cercanas a su entorno informan de que en los últimos tiempos se sentía muy débil a causa de una infección de corrección extrema y censura aguda.
Esta muerte se suma a la reciente desaparición, en extrañas circunstancias, del pensamiento crítico.
Comenzarán enseguida las ofensas y las loas en ciento cuarenta caracteres, con ‘jastaj’ #entretodoslamataronyellasolasemurio 

Algunas personalidades han lamentado la pérdida a nivel mundial:

@VictorHugo 
Sachant que c'est à l'ironie - Que commence la liberté. 

@DarioFo
Senza ironia c'è il melodramma, un pericolo per la società. 

@JulesRenard
L'ironie est la pudeur de l'humanité. 

@Socrates
Es el fin de mi carrera filosófica.😥 

@OscarWilde
Give a man a mask and he'll tell you the truth. 

@ElnidodeEva
 💔  Triste, pero le quito hierro. 

Otros, sin embargo, opinan que ya es hora de ser correctos, que con su muerte, por fin todo ser humano será totalmente feliz, libre, igual y, sobre todo, serio.
Al cierre de este artículo, ha llegado el rumor de que se está creando un movimiento clandestino de resistencia. Reunidos en pequeñas células, comenzarán a actuar para devolverla al necesario lugar que siempre ha ocupado. 
Quizás me una a su lucha.

viernes, 2 de junio de 2017

Sin ventanas amarillas

¿Sabes que han pintado nuestras ventanas? Ya no vivo en una casa con ventanas amarillas.
Alguno pensó, y decidió, darlas un color más sufrido, ¿no se dice así? Alguno empeñado en corregir la extrañeza y la belleza.
¿Qué significa? Creo que significa que la mugre que sale y la que entra se encuentran en un punto medio marrón sin ninguna luz ni interés. Después, esa materia grasienta y pegajosa que fabrica este lugar entrará en nuestras vidas, se solidificará y no nos desharemos de ella jamás. Solo lograremos extenderla, pero no la limpiaremos nunca.
No quiero estar más aquí, no le veo ningún sentido a compartir mi vida con esas ventanas sufridas. Tendré que irme, no tengo otra opción.
Es que estaba muy unida a esas ventanas. ¿Cómo me encontrarás ahora?
Te lo digo yo: ni en mis sueños. Así que he decidido que iré yo en persona a buscarte, a mis sueños.
Tomaré ese camino que va cerca de la vía: tiene árboles a un lado, pequeños, parece que no crecen, es como si los volvieran a plantar una y otra vez desde hace años. Están a unos metros uno de otro, pero da la sensación que nunca dan sombra ni protegen al peregrino del agua o el viento. Ese es el lugar en el que el tiempo se ha detenido. Me gusta mirar esos árboles desde aquí, acercándose rápidamente y haciéndose cada vez más grandes. Y ya sabes, que me gusta la repetición, esa repetición machacona como en el mejor Vivaldi.
En estos años de idas y venidas solo los he visto desde aquí, es hora de ir por ese camino.
Nos vemos allí, pronto.


video

sábado, 25 de febrero de 2017

Una, boda

Basado en un sueño real.

No tenía que haberme puesto estos pantys, ¿o serán panties? Desde la entrada aquí ya se me han bajado por lo menos diez centímetros, a esta velocidad, al final de esta ceremonia los tendré en las rodillas y no podré seguir caminando. Si los hubiera comprado de una talla menos, estarían por la mitad de la barriga, al menos, y hasta que me los pudiera quitar estarían hundiéndoseme en la carne, casi formarían uno conmigo. No, qué dolor, y qué feo, como un morcón. Pero no pondría en riesgo un tobillo, o quizá una pierna. Así tropezaré. Hoy deben de estar imposibles las urgencias. Habría muchas risas, si no las está habiendo ya ahí detrás.
Si había una ocasión para haberme puesto medias con liguero era esta. Como esta solamente se presenta una, dicen algunos.
¿Qué pasa si ahora miro hacia atrás? No, mejor no, hacia adelante, siempre hacia adelante.
Mi madre no llevaba medias, ¡qué escándalo!, ella siempre fuera de protocolo. Seguro que fue muy criticada. La gente siempre tiene algo qué decir sobre estas cosas… la gente siempre tiene mucho que decir sobre casi todo. ¿Quién les habrá dicho que hay que ser sincero si no te lo piden?
¿Cómo se me verá de espaldas? Todos creerán que tienen algo qué decir, aunque no se les haya preguntado antes.
Pero han venido. ¿Qué hace toda esa gente ahí detrás? Me miran, me están mirando a mí, a mí que estoy a punto de darles un momento único en sus vidas y ellos ni lo sospechan.
"Estamos aquí reunidos…" ¿Empieza así? Yo no tengo que decir nada, solo estar, no creo que tenga nada que decir. Luego sí, luego hablaré.
Es un vestido tan bonito, todo será bonito… tenía que haberme puesto otros zapatos, aquellos rojos. Seguro que se quedan atónitos, no hay precedentes.
Aquí estoy mirando al frente con esa expresión grave que se me pone cuando escucho, y también cuando no escucho o me aburre lo que me están contando. Siempre he sabido ocultar el aburrimiento absoluto, también el relativo con habilidad. Cómo se aburre una a veces en la vida o de esa vida.
Boda viene de votum, que significa voto y también promesa. En cuanto entre el juez, me daré la vuelta, les miraré, lo suelto y ya está, se acabó.

Estoy aquí delante de vosotros sola, comprometiéndome conmigo y con nadie más a ser yo misma y a sobrevivir por mis propios medios. Es la celebración de una auténtica y total independencia, haciendo uso de la libertad que me corresponde y a la que tengo pleno derecho.

«No quiero un marido, odiaría ser la propiedad de un hombre. Me gustaría ser la novia de una boda, pero sin marido». Batsheba Everdeen (protagonista de Far from the Madding Crowd / Lejos del mundanal ruido, de Thomas Hardy) lo soñó antes que yo.
¿Fue ella sola? ¿Es ella sola?

sábado, 5 de noviembre de 2016

Verdades y mentiras de perogrullo

Hay personas que no han dicho ni una mentira en su vida y otras, sin embargo, no han dicho ni una sola verdad.
Esto no es absolutamente verdad, ni absolutamente mentira. A lo mejor solo se aplica a verdades de verdad y mentiras de verdad.
Hay personas que dicen las mentiras adornadas de tanta verdad que te fías de ellas y crees en lo que te dicen, y hay otras que no podrás creerlas nunca, ni siquiera con promesa de que todo lo que te dicen es cierto.
Hay personas que creen tanto en sus propias mentiras que, como ellas, acabas en ese lado de las cosas. Esas personas con las que compartes piel, de lo contrario acabas saliendo de su mismo lado de las cosas, puede que tarde, pero sales.
Sabiendo como sabemos estas dos grandes verdades, nos empeñamos en confiar o sencillamente en no creer.
Me han contado que hay personas que son capaces de ver en nosotros ambas realidades. Sabiendo lo que saben, ¿cómo pueden seguir confiando o viendo?
He pensado que me gustaría ese poder, esa intuición poderosa. Luego he pensado que mejor no. No es nada de otro mundo, solo hay que seguir un manual de instrucciones, porque dicen que todo se puede ver y todos podríamos.
Hay personas que no pueden decir mentiras, he pensado que me gustaría ese poder/no poder. Luego he pensado que mejor no.
Y luego he pensado que ni un poder ni otro resolvería el embrollo aquí y si incluso me importaría hacerlo, y luego, no sé, ya no he pensado más.


martes, 1 de noviembre de 2016

¿Por qué "maté" a la cocinera de pacotilla esa?

De vez en cuando hay que hablar de la sustancia y llevo varios meses de parón. Llevo varios meses en los que nada me ilusiona durante mucho tiempo, quizás sería mejor decir "emociona". Es como si hubiera abierto un gran paréntesis que de momento no parece cerrarse.
Se cuecen cosas por las mañanas, pero a medida que va pasando el día se van pasando, se van oscureciendo, se van secando hasta que es mejor tirarlas, de lo contrario se pudren y apestan. De hecho, quizás ni siquiera esta vaya a salir a la mesa. Me estoy aficionando a la destrucción, destruyo por ejemplo ropas, destruyo pensamientos, destruyo trabajos, destruyo incluso cariños.
Lo malo de haber cocinado según qué platos es incluir demasiada cantidad de un mismo ingrediente, el comensal se aburre y la cocinera ni os cuento. La razón de que esta reflexión se mezcle con lo culinario es tan superficial como todo lo que sucede al otro lado del teclado. Eso y que está de moda. Todo es maridar, todo son dietas, todo son filosofías gastronómicas, todo son discursos (s)insustanciales, todo es potencial gastro-estupidez. Pero hay que estar ahí, a la moda. Cuanto más à la mode estoy, cuanto más me meto en este otro mundo, más "insustancia" percibo, incluso de mí misma, y más me horripila y más quiero destruir. 
Como otros (muchos), yo también caí en eso de alimentar un poco la vanidad. Como otros pedantes pensé en dar lecciones. Inventé un personaje, una repelente cocinera de pacotilla a la que puse por nombre Tupernani. Tú o tú no la conocéis, quizás. La idea me parecía fantástica, el nombre, ¡no digamos!, cocinaría platos sencillos, baratos que cualquier —perdonad— idiota podría elaborar y llevarse al trabajo al día siguiente en un táper (tupper, para puristas). Y mi ego engordaría, porque era una IDEA. Todo lo que yo me cocinaba y después me comía, previa fotografía, lo veía un reducidísimo/ exclusivísimo grupo de personas a las que pensaba en fascinar. Pues vaya estupidez y qué pedante la artífice, otra más hablando de lo mismo.
Nada más lejos, error de comunicación. Me di cuenta de que, para empezar, nadie se dejaba llevar por la fantasía, había una razón por la que yo no hacía eso en primera personalidad, pero fui incapaz de mantener al personaje. De repente el personaje era una "maruja" sabionda a la que le preguntaban cantidades y medidas, recetas como si yo/ella fuéramos cocineras (perdón, cocineras o cocineros somos todos, pero a lo que una debía haber aspirado era a ser chef, que entre nosotros lo único que significa es que es "cocinero jefe", por supuesto estoy siendo irónica). Un experimento fracasado.
Dicen que no hay que rendirse, que hay que insistir, que se aprende de los errores, yo creo que si no se puede hacer algo bueno, mejor no hacerlo.
Además todo eso es demasiado relativo, lo intenté durante dos años. ¿A qué se refieren esas mentes lúcidas con volverlo a intentar? ¿Cuánto tiempo se considera que uno debe intentarlo? Si caminas y te encuentras la pared, hay que cambiar de camino, si insistes acabas dándote un golpe en la frente y además resulta una pérdida total de tiempo y recursos.
A otra cosa.
La maté, a la sabionda, claro, o más bien le he inducido un coma profundo, porque en el caso de "la red" nunca se puede morir y mucho menos hacer desaparecer las malas ideas. Si la IDEA era buena, supongo que después de dormir seguirá siéndolo y, si tengo razón, no tenemos ni que volver a vernos las caras ni los delantales.
Lo malo de crear una personalidad que cocinaba y lo contaba casi a diario es que lo que cuenta se acaba pareciendo demasiado a un diario, aunque esta no sea en absoluto la intención. Lo malo de los diarios es que conducen a una peligrosa tendencia hacia la autocompasión o la autocomplacencia y/o al sobrealimento del ego, si lo que se cuenta tiene mediano sabor. Lo malo de centrarse en una misma es que se acaban las recetas. Por mucho que yo me empeñase en la divulgación, parece que solo estaba hablando de mí y eso es un plato con demasiada cantidad de un único ingrediente: aburrido e insípido.
La cocinera de pacotilla no era capaz de conectar con sus comensales, que no entraban en su juego o que el mismo no tenía miga. A ver si van a tener razón los "científicos" de la mercadotecnia, a ver si es una ciencia y como no controlo las reglas el experimento ha resultado un fracaso. Da lo mismo.
Cuanto más avanzo en esto de la comunicación más en la superficie estoy, veo que no encuentro explicación a las reacciones que suscita lo que cuento, o a lo que cuentan los demás. Parece que controlo los ingredientes y su tiempo de cocción, pero realmente lo que pasa una vez lo sirves escapa a cualquier norma y me pone nerviosa y destructiva, por ende.
Puede ser que no haya más debajo de esa superficie.