domingo, 24 de febrero de 2013

Esos óscares

Estoy a punto del "Francamente querida, me importa un bledo", es una de esas frases que te llegan al corazón. Por si no lo sabéis es lo que el señor Butler le dice a la señora O'Hara, bastante harto ya de ella, al final de Lo que el viento se llevó, un culebrón de Oscar, se llevó nada más que diez premios. ¿No hay premio a la más larga? ¿No se podía contar lo mismo en menos de 224 minutos?
Fue la mejor película del año 1939, bueno, es una opinión, alguna tiene que ser la mejor, no soy quién para criticar, aunque creo que con estas y las palabras de antes habréis pensado que no me gusta nada. Nada, nada, no. Tanto, tampoco.
Hay varios filmes (ahora se llaman así) que siguen rentando después de tantos años y todos los años la gran exhibidora de cine (del bueno y del malo), la tele, "echa" todos y cada una de ellos, todas las películas de hierro de la historia (pesadas como el hierro). Son como el Prado, cada vez que acudes descubres algo que no habías visto (seguramente porque te lo cambiaron de sitio).
En mi casa no somos la excepción, película viejuna oscarizada de gran metraje que pongan en la tele a esa va mi padre como una polilla a la luz. Algunas puede que haya comenzado a verlas, no sé, ¿veinte, treinta veces? Digo comenzado porque suele hacer paradas después de los diez primeros minutos y luego va alternando ojos abiertos, ojos cerrados, cuando los abre suele decir eso de: "¿Qué pasa? ¿no os gusta? ¿ya la habéis cambiado?" no sé de mates pero tiene que ver con eso de las combinaciones y variaciones, ¿no? Para él Lo que el viento se llevó, Ben-Hur, Cleopatra son como el Prado, siempre hay algo que no ha visto y siempre es diferente.
Para recordarnos que hoy se entregan los óscares a las mejores películas del año 2012 las teles llevan una semana programando pelis oscarizadas del pasado, pelis de hierro que puedes vegetar sin temor a perder tu inversión, si no la ves este año ya la verás el que viene. Pelis superadas a las que no se las ayuda con tanto visionado.
Al sarao de esta noche lo llaman la fiesta del cine, la llamaría la fiesta de la pasta y la ostentación, le damos una importancia exagerada, me inclino a pensar que por lo segundo. Hace años poder ver esa gala cuando otros dormían me hacía sentir muy importante, qué cosa, ahora un espectáculo de semejante propaganda me sonroja y me avergüenza.
El telediario de hoy ha abierto con el último angelus de ese señor de vestido blanco y esta gala insulsa, donde hasta la corresponsal forma parte del espectáculo y se viste ad hoc, ¿qué les ocurre a los editores?
That's entertainment.

jueves, 21 de febrero de 2013

Líquida, sólida y gaseosa

Mirad bien.
Con las cosas que nos dicen todos los días esto que veis podría ser una metáfora acertada de cómo nos encontramos, hechos pedazos. Y cabizbajos. Me gustaría saber por qué a los gobiernos les interesa esa propaganda del miedo que no arregla nada, sino todo lo contrario, es retórica, en realidad sí lo sé y vosotros también.
La inmundicia (creo que es la palabra más adecuada) puede llegar a cubrirnos y hacernos desaparecer pero ¿por qué estamos tan sorprendidos?
¿Acaso hemos estado viviendo en una especie de campana protectora en la que los problemas cotidianos no iban a penetrar nunca más?


Ahora leed esto:
"¿Qué es la ‘vida líquida’? La manera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas. Se caracteriza por no mantener ningún rumbo determinado puesto que se halla inscrita en una sociedad que, en cuanto líquida, no mantiene por mucho tiempo una misma forma. Lo que define nuestras vidas es, por lo tanto, la precariedad y la incertidumbre constantes. Y el motivo de preocupación que más obstinadamente nos apremia es el temor a que nos sorprendan desprevenidos, a no ser capaces de ponernos al día de unos acontecimientos que se mueven a un ritmo vertiginoso, a pasar por alto las fechas de caducidad y vernos obligados a cargar con bienes u objetos inservibles, a no captar el momento en que se hace perentorio un cambio de enfoque y quedar relegados.
Así, dada la velocidad de los cambios, la vida consiste hoy en una serie (posiblemente infinita) de nuevos comienzos... pero también de incesantes finales. Ello explica que en nuestras vidas resulte abrumadora la preocupación por los finales rápidos e indoloros a falta de los cuales los comienzos serían impensables. Entre las artes del vivir líquido moderno y las habilidades necesarias para ponerlas en práctica, librarse de las cosas cobra prioridad sobre el adquirirlas.
Una vez más, Zygmunt Bauman nos brinda un diagnóstico de nuestras sociedades certero, agudo e inmensamente conmovedor."
Este ancianito nos ha calado.
De todo ha habido antes pero ¿el humano sabía recomponerse? ¿Qué ocurre para que no sepamos cómo continuar si nos quitan lo que parece que teníamos?
Nos sentimos indefensos, ¿y la capacidad de resolver problemas? y no me refiero a un rompecabezas ni al mínimo común múltiplo. ¿Se deberá a eso que llaman educación? ¿solo hemos podido acumular datos en nuestros cerebros?
Nuestra educación parece que está diseñada y programada precisamente para el miedo y el control y de este círculo va a ser complicado salir.
¿Tenemos que aprender a vivir la "vida líquida"? ¿Y por qué no cambiamos su estado? nos quedan dos más.

Y también podemos mirar superficialmente. Son las minúsculas piezas de ese puzle enorme que le regalaron entre todos, que ha tardado mucho en hacer, que le da tanta pena deshacer y que guarda debajo de la alfombra debajo de la mesa del comedor. Cuando vienen todos a comer la mesa se abre, tiene en el medio una tabla supletoria, la ponía cuando quería montar el puzle. Hay varias alfombras que esconden tesoros en la casa y siempre te preguntabas cómo llegaba de la mesa a allí abajo.
Era de esos difíciles, con miles de matices de color (solo pensarlo te pone nerviosa).
Lo mire como lo mire me pongo nerviosa.

sábado, 16 de febrero de 2013

PAN

Según alguien, nada oficial, PAN son las siglas del Primer Alimento Natural, es el primero porque se hace pan desde la Prehistoria, es lo primero que masticamos en la infancia y es universal, todo el mundo que puede come pan y "pan" se usa como sinónimo de "alimento".
El pan puede dar la felicidad (si no lo tienes muy bien no te encuentras), muy simplón pero es inevitable celebrar los acontecimientos con comidas y en muchas de esas el pan es uno de los protagonistas de la mesa.
El pan, como alimento principal y universal, tiene que ser accesible para todos, cuando digo accesible digo bueno y barato, cuando digo bueno, hablo de nutritivo, y cuando hablo de bueno y barato, pues resulta que en los últimos tiempos esto no va junto (ya lo dijo El comidista, a algunos de esos lugares los llamo timódromos). Algo tan sencillo (no de hacer, hablo de pureza de concepto), que se fabrica desde hace tanto tiempo, debería haber llegado a ser bueno, barato y universal, progreso, ese desconocido.
Como digo, el pan protagoniza momentos estelares de la vida y es que está con una a diario. Me da la sensación de que no le hemos dedicado ninguna atención, se ve como acompañante y si se prescinde de él no importa.
Hay algunos panes que me acompañaron en mi infancia, por desgracia ya no están entre nosotros; el pan de leche Nutri, con magro Apis y tomate, me lo zampaba después de la piscina en verano, aunque era de leche tenía una corteza crujiente y el bollito era tan sabroso que muchas veces caía desde la panadería de Florentino a casa.
El colín ancho y blandito de los domingos, acabo de recordarlo, desde la vuelta a la esquina a mi casa daba buena cuenta de él.
Puedo afirmar que el pan preferido de mi abuela es la torta, un pan de aceite superflexible (no apto para dentaduras postizas) que ella acostumbraba a abrir por la mitad y rellenar de una tortilla de patatas con su cebolla y su pimiento, sencillo y delicioso, recuerdo haber ido al campo y que llevásemos el manjar.
Quien no haya entrado en un obrador de pan tiene una gran asignatura pendiente en su educación, el olor a harina caliente cuando entras del frío bajo cero de la calle, un olor que sobrepasa cualquier pared o puerta, que se extiende por toda una calle, que no confundes con nada y que te hincha y, no sé cómo, te alegra el día, ese olor no se olvida nunca; el último que he visto estaba en Lisboa, en el Chiado, por desgracia me he enterado de que ha cerrado, olí el aroma desde arriba de la cuesta, ya se sabe que abundan en la "Ciudad blanca", me quedé observando un rato en la puerta, como hipnotizada y me vinieron a la mente recuerdos, y olores.
Siempre me quedé con ganas de entrar al horno de la panadería de nuestro amigo Dani. Quizá no mostraba suficiente deseo o quizá era por mi reducido tamaño, nunca entré. En mi misión diaria cruzaba a la acera de enfrente para ir a comprar dos barras de pan de trigo pesadas y consistentes, de corteza gruesa y crujiente, y miga húmeda, era un pan que no necesitaba más, sabroso.
Tendréis que fiaros de mí ya que no hay resto ni miga de ellos, igual que de esos tiempos pasados en los que se saborean las cosas por primera vez.
Hasta este momento no me había parado a pensar en esos miles de pedazos que ya me he comido. Ahora soy una urbanita (malditas etiquetas) preocupada por lo que como y estoy inmersa en una especie de búsqueda de sabores, me temo que será infructuosa aunque por el camino he conocido, por ejemplo, una flûte deliciosa, unos panecillos italianos y estos.



 Continuaré buscando.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Aquel señor danés, su amigo Whistler y un escultor soñador

Sigo con mis obsesiones, sigo contemplando espaldas, sigo añorando a Hammershøi, aquel señor danés del que ya os he hablado. Sigo entrando en esas estancias claras, sigo intentando mirar lejos dentro de sus pinturas, ese último recodo que aparece al cual me asomo desde alguna esquina, me escondo detrás de esa pared para que no me vean observar. Me siento cómoda, no me inquieta, siento cómo esa casa que pinta, la suya, fuera la mía propia. Quiero sentirlo así. No sé si es la pura sencillez lo que está contando, la belleza del silencio, de la quietud, la normalidad de las cosas. No sé por qué se considera una figura tan misteriosa. No lo sabe nadie. Da lo mismo, a mí me da lo mismo.


Un amigo suyo, a quien el señor danés admiraba mucho, James Abbott McNeill Whistler, pintó Nocturne: Blue and Silver - Cremorne Lights. Hace poco he tenido la suerte de estar delante de este lienzo, la sensación al verlo es muy parecida a un enamoramiento, y no puedes dejar de mirar. A veces sucede, Platón lo tenía clarísimo y estaba totalmente en contra, cualquiera en sus cabales debería buscar la verdad y no pararse a contemplar un sucedáneo de realidad. Estoy, mi querido Platón, plenamente a favor de algo que haga sentir tan bien, de una obra que emplea pocos trazos (en apariencia), poca información (en apariencia) y consigue transmitir tanta belleza, con las dosis justas de sueño, pregunta e incomodidad.

El tercer apunte sobre la obsesión, al menos por el momento, es Jaume Plensa. No me gusta afirmar ni categorizar, pero estoy convencida de que The Crown Fountain es una pieza insuperable, en lo que cuenta y cómo lo cuenta, y en su carga totalmente afectiva. Es una obra para el disfrute de la inmensa mayoría, cosa que es de agradecer. Porque estoy harta de acudir como una oveja borrega a los "acontecimientos culturales" con la esperanza de poder sacar algo en claro, esa "cultura" atufa a elitismo y superficialidad, esas muestras digeridas y dirigidas, en esos sacrosantos lugares donde, como en cualquier otra franquicia, eres un cliente/delincuente, debes portarte bien y no tocar nada. Olhar nos meus sonhos es uno de los últimos proyectos de este escultor soñador, ojalá pudiera contemplarla en su lugar, en la playa, emergiendo pensativa del agua. ¿En qué pensará? ¿en qué piensas tú?


A pesar de mi enfado sigo acudiendo a esos santos lugares aquí y donde sea buscando esa conexión y me acomodo a las normas establecidas por la franquicia.
Porque no sé qué sería de mí sin poder mirar la belleza todos los días, en cualquiera de las caprichosas formas que adopta.
Y tampoco sería yo misma sin la dosis diaria de pensamiento crítico.