lunes, 20 de enero de 2014

Desconsumidora y colérica

Lo de ir a comprar se ha puesto fatal. No sé si es por la imposibilidad de consumir como se supone que debería hacer como miembro de esta sociedad moderna y para sacar adelante la nación (ni caso, todo ironía). No sé si es porque no nado en la ambulancia. No sé.
Me ha vuelto a pasar. Seguro que es el trastorno del desconsumidor. Os contaré sobre el otro, el chungo, el del consumidor compulsivo, se llama oniomanía, bonito nombre. Ya sabéis, entra un deseo desenfrenado e irreprimible de consumir a lo loco, sin necesidad y con exceso.
La compra te da buen rollo al principio, después vergüenza y remordimiento y para arreglarlo te vas de nuevo a comprar. Como en cualquier trastorno que se precie la cosa es que no sales del círculo. Vamos, que de repente tienes seis teles, cuatro equipos de home cinema, tres espadas con textos en élfico… estás arruinado y sigues solo, deprimido e insatisfecho, pero la nación va de p… madre, o mejor, según todos los medios, nadie te felicita y eres un apestado. Pues que se aclaren.
Dice la Wikipedia que las emociones negativas como la cólera y la tensión conducen a comprar.
A mí me pasa al revés, es entrar en determinados lugares y entrarme la cólera y la tensión. Es ver ese despliegue excesivo de mercancías, iluminado hasta la ceguera, perfumado hasta el vómito y venirme la ira, la que lleva al lado oscuro y, a continuación, entrarme ganas de abandonar el local sin bolsas en las manos ni agujero negro en la tarjeta.
Es seguro que habrá alguna ley de esas de "márquetin" que dice algo que se puede resumir como al mal tiempo buena cara o nos va de pena pero llena las estanterías hasta que revienten, que no se nos note. El que esté un poco flojo saldrá del lugar con cosas que nunca pensó que su inconsciente deseara porque "había tanta luz y olía tan bien que no se pudo resistir". La cólera me viene sobre todo con los productos sobrevalorados y la tensión es tremenda si hay que tomar decisiones entre esa variedad apabullante y obscena. También me tensa lo contagiado de estupidez que se halla el personal laboral de estos centros
Una, que es muy disciplinada para eso de las tentaciones, entra en el lugar en modo defensivo y también con cierto miedo, porque además de un tiempo a esta parte algunos negocios consideran a cualquiera que penetre en su sancta sanctorum como un ladrón en potencia. Creo que entro en el perfil de sospechosa, qué le voy a hacer, debe de ser por mi agnosticismo radical y también que entro muy rápido, como segura de mí misma, con auriculares en mis orejas y continuamente miro al techo y protesto con la mirada.
Y debe de ser que los hurtos están a la orden del día. Os lo ilustro con un ejemplo basado en un hecho real, porque me ha pasado a mí. ¿Cuál diríais que es uno de los productos más baratos de un súper? Entre los más baratos tienen que estar las pastillas para caldo de marca blanca. Esos despojos prensados en cubitos están guardados bajo llave en esas cajitas transparentes en las que también encierran perfumes o güisqui. Con toda la ingenuidad de la que disponía le pregunté a la cajera del súper cómo era eso de ponerle un candado a las cajitas de pastillas de caldo y ella muy seria me respondió: "vacían las cajas y las pastilla las venden en el mercado negro". Me fui a casa pensando en alguna droga de marca blanca que desconocía… y tensa y colérica, cómo no.
Ya lo dice el padre de mi amiga: "Es que está todo mal". Y añado: "Pampiroladas, el mundo perdió el coco".

viernes, 10 de enero de 2014

Cabalgatas rebajadas (después)

¿Qué os dije? Enero es el "mes de las bragas". El próximo domingo estamos todas y todos invitados a quitarnos los pantalones en grupo. ¿Por qué? Porque sí, porque podemos, porque el ser humano es social y es tan bonito hacer cosas todos juntos…
Esto es más o menos lo que va a pasar el domingo:


¿Cómo es esto del No Pants Day? Salir de casa después de comer con la familia perfectamente abrigado/a para soportar las inclemencias propias del mes, meterse en el metro y proceder a la extracción del pantalón, a continuación sentarse y viajar con gran dignidad mostrando bragas/calzoncillos nuevos, luego bajarse y pasearse junto a otros especímenes despantalonados, pasárselo teta.
En los sesenta se llamaban happenings y ahora impros, o sea cabalgatas baratas.

jueves, 9 de enero de 2014

Cabalgatas rebajadas

Cuando era niña pensaba que era la única en el país a la que unas personas, supuestamente magas o mágicas, depositaban sobre su zapato impoluto, en la noche del 5 de enero, montañas de lencería, dícese pijamas, calcetines y, sobre todo, bragas. Cada año aquellos tres decidían que por ser buena un año más me correspondían dos pares de bragas y otro tanto de calcetines. Era del todo incomprensible para mi mente pequeña aunque también lo era la propia tradición en sí porque ¿cómo podían estar los reyes majos aquellos frente a la librería de mis abuelos y a la vez salir por la tele? Por la magia. La magia es así.
A veces hay pequeñas cosas que hacen que te sientas menos sola en el mundo, más comprendida, menos rara. Al descubrir quiénes eran esos desalmados en realidad descubrí también que las madres desalmadas compradoras de bragas y calzoncillos abundaban. Todos debimos sospechar, pero de eso nadie hablaba, la vergüenza no te dejaba, en tu lista de presentes –esa que te preguntaba el profe a la vuelta de las vacas– olvidabas mencionar, a propósito, que tenías ropa interior nueva como el año. ¡Inocentona!, suponías que siendo tan mágicos y teniendo acceso a todas las tiendas y boutiques no les sería difícil a los magos hacerte algo de caso ya que pedías por catálogo. Así que hasta años después no me di cuenta de la treta navideña perpetrada por todas las madres magas y cuando te haces mayor, y te pasan el relevo, tú misma elevas a la categoría de regalo la ropa interior y te conviertes en la maga que regala bragas.
Por si esto fuera poco, parece ser que la lencería es un producto muy demandado en el periodo de rebajas, así que enero constituye el "mes de las bragas", como otros son el mes de las flores o en abril, aguas mil.
Este año, en la cabalgata de esa ciudad que me vio nacer, sorprendiome primero que Baltasar estaba pintado, otra vez, y segundo, los caramelos, escasos, tenían publi. ¿Caramelos de un banco y de una empresa de transportes? ¿los suyos? ¿los de regalo? ¿qué está pasando? Es algo tan ruin y tan cutre que me dieron ganas de llorar, aunque opté por el cabreo momentáneo. "¡Sunescan, daluna buso!" que dice la madre de Mafalda.
Este año, ni bragas, ni caramelos.
Me voy a las rebajas.