lunes, 28 de mayo de 2012

Pensando

Cogito ergo sum. Tres palabras de enorme sencillez y gran significado, el principio del principio: "Pienso luego soy (existo)". Sin este gran descubrimiento los exámenes de filosofía habrían sido… fáciles y la vida… sencilla como la de una mosca (la mosca común vive un día Carpe diem, mosca).
¿Piensas luego existes? ¿Piensas que existes pero no piensas? ¿Piensas en la existencia, alguna vez, pedazo de burro? ¿Piensas que para qué pensar? ¿Existes y para qué pensar en más?
Antes, de antaño, o sea más que antes de ayer, había días que no pensabas mucho, lo elegías, te decías: "hoy no pienso pensar" "que piense otro, hoy no me toca" y hoy sencillamente piensas que si pensaras un poco menos, quizá serías un poco más feliz.
Nunca has pensado que el día que dejes de pensar a lo mejor no te vuelven a dejar hacerlo, pero piensa que ese día que no piensas, porque no te dejan, quizá esté a punto de llegar. ¿No pensarías entonces que es mejor pensar tú que no otro, mejor pensar por ti mismo que no te diga otro lo que debes pensar?
Sé que pensar mucho no te hace más feliz pero serás muy infeliz si no puedes ser por no poder pensar.
No soy particularmente dada al trabalenguas pero el otro día, caminando por mi barrio, pensé por un momento, al cruzarme con esta placa, que sería muy bueno tener un lugar en el que recordáramos cuál es nuestra condición humana pensante en el hipotético caso, lejano en este preciso momento, de que por dejar de pensar uno mismo y pasarle el "muerto" a otro, ese otro decidiera pensar por uno mismo (sea lo que sea lo que uno piense en estos días). Habría un lugar (si está cerca de casa es mucho más cómodo) en el que recordaríamos que una vez pensamos.
Y bueno, luego también pensé que el nombre de la calle no se refería a ese tipo de pensamiento pero este es mi blog y pienso como quiero (al menos de momento).




Pensad en pensar siempre. Os animo a pensar… vuestros propios pensamientos e incluso en aquello mismo que ahora pienso. ¿Alguien piensa en qué pienso? Y no, la cabeza no me duele más que si no pensara.

domingo, 20 de mayo de 2012

De costuras y herencias

No asustarse, no os hablaré de jaretones, pespuntes, hilvanes… o hilos, botones, corchetes con muelle… plisados, drapeados… no, no, he decidido acoger (sí, creo que acoger es la palabra) esta lata para la costura tan familiar (creo que todo el mundo en España tenía esta lata de Cola-cao).
Es mi último hallazgo de esta especie de arqueología de residuos de la que me he hecho ferviente seguidora y que no sé si acabo de acuñar; consiste fundamentalmente en examinar contenedores y cubos de basura, y extraer el bien sin recelos y acogerlo como si hubiese sido siempre tuyo (heredado a propósito de mi tío-padrino). La caja contiene:
- un bote de botones, bastante corrientes la mayoría, de prendas blancas sobre todo, aunque hay alguno de abrigo, es un bote de Nescafé bastante antiguo, no lo había visto nunca;
- varias bobinas de hilo;
- hilos de zurcir de colores demasiado pardos para mis calcetines;
- dos ganchillos;
- alfileres;
- corchetes…
- … y dos fotos de carné de un hombre y una mujer que no he querido mostrar, se trata sin duda de unos abuelos, de los abuelos de alguien.
Sabía exactamente al recogerlo que se trataba de una abuela pero cuando saqué las fotografías fue cuando caí en la cuenta de que esa caja era la herencia de alguno y ahora estaba en mi mesa. No importa el objeto, para algunos de vosotros no significará nada en absoluto, otros os sonreiréis, pero yo que soy una sentimental y una nostálgica voy a cargar con esta caja a saber cuánto tiempo, algunas de esas cosas no las usaré jamás pero no seré capaz de deshacerme de ellas.
Me pregunto si quien lo ha arrojado al olvido ha pensado si la tiraba o no, si merecía la pena conservarla, ¿habrá mirado dentro? ¿tampoco se conservan las fotos? Pero también me pregunto por qué debería volcar mis sentimientos en la basura de otro (diógenes sentimental).
Soy depositaria de un trocito enano de historia de una abuela zurcidora de calcetines con un deplorable gusto para las prendas de abrigo y, seguramente, una economía escueta que no permitía hacer grandes dispendios, es decir, me une a esta abuela más cosas de las que pensaba en una primera lectura de su caja de costura, quizá pueda aprender algo de ella ahora que las cosas van a peor.
Porque las cosas van hacia allí, hacia ese pardo lugar como el hilo de zurcir.
Me gustaría poder acabar este post de forma más optimista pero no me sale, y eso que las bobinas de hilo verde parece que dejan hueco a la esperanza… quizá alguna "batita" de verano que tuvo con rebeca a juego.