domingo, 20 de mayo de 2012

De costuras y herencias

No asustarse, no os hablaré de jaretones, pespuntes, hilvanes… o hilos, botones, corchetes con muelle… plisados, drapeados… no, no, he decidido acoger (sí, creo que acoger es la palabra) esta lata para la costura tan familiar (creo que todo el mundo en España tenía esta lata de Cola-cao).
Es mi último hallazgo de esta especie de arqueología de residuos de la que me he hecho ferviente seguidora y que no sé si acabo de acuñar; consiste fundamentalmente en examinar contenedores y cubos de basura, y extraer el bien sin recelos y acogerlo como si hubiese sido siempre tuyo (heredado a propósito de mi tío-padrino). La caja contiene:
- un bote de botones, bastante corrientes la mayoría, de prendas blancas sobre todo, aunque hay alguno de abrigo, es un bote de Nescafé bastante antiguo, no lo había visto nunca;
- varias bobinas de hilo;
- hilos de zurcir de colores demasiado pardos para mis calcetines;
- dos ganchillos;
- alfileres;
- corchetes…
- … y dos fotos de carné de un hombre y una mujer que no he querido mostrar, se trata sin duda de unos abuelos, de los abuelos de alguien.
Sabía exactamente al recogerlo que se trataba de una abuela pero cuando saqué las fotografías fue cuando caí en la cuenta de que esa caja era la herencia de alguno y ahora estaba en mi mesa. No importa el objeto, para algunos de vosotros no significará nada en absoluto, otros os sonreiréis, pero yo que soy una sentimental y una nostálgica voy a cargar con esta caja a saber cuánto tiempo, algunas de esas cosas no las usaré jamás pero no seré capaz de deshacerme de ellas.
Me pregunto si quien lo ha arrojado al olvido ha pensado si la tiraba o no, si merecía la pena conservarla, ¿habrá mirado dentro? ¿tampoco se conservan las fotos? Pero también me pregunto por qué debería volcar mis sentimientos en la basura de otro (diógenes sentimental).
Soy depositaria de un trocito enano de historia de una abuela zurcidora de calcetines con un deplorable gusto para las prendas de abrigo y, seguramente, una economía escueta que no permitía hacer grandes dispendios, es decir, me une a esta abuela más cosas de las que pensaba en una primera lectura de su caja de costura, quizá pueda aprender algo de ella ahora que las cosas van a peor.
Porque las cosas van hacia allí, hacia ese pardo lugar como el hilo de zurcir.
Me gustaría poder acabar este post de forma más optimista pero no me sale, y eso que las bobinas de hilo verde parece que dejan hueco a la esperanza… quizá alguna "batita" de verano que tuvo con rebeca a juego.

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