viernes, 30 de octubre de 2015

Obsesión

El jilguero, Donna Tartt

Que desde una página entre mil te pregunten a ti, sí, a ti directamente sobre la obsesión es lo mínimo que necesitas para pensar en tu obsesión o en una de las primeras seguro.

En paredes amarillas o en esa total surrealidad que querrías habitar.
En que no es que no encajes es que desencajas casi siempre, en cuanto se dan la vuelta ya estás cabeza abajo.
En que caminaría al revés si lo permitieran.
En ser graciosa incluso en solitario, porque en solitario no existes. No existes si no cuentas que has estado triste o extremadamente contenta, o solo moderadamente contenta o triste, no saben por qué te has acordado ahora mismo del calor en tus ojos cerrados y se te ha encogido la tripa. No porque lo quieras, porque no lo quieres, pero es así como juega contigo la melancolía: solo unas notas sueltas y todo se desborda.
En que lo que acabas de mostrar te avergüenza. Que lo quieres mostrar, pero te arrepientes porque es mejor que no salga de estas cuatro paredes.
En qué extraño es este lugar tan plano y luego todos los árboles aparecen juntos, uno tras otro siempre pequeños, que nunca crecen.
En que es imposible, pero desde esta calle puedo ver el mar.
En que lo triste es más bello.
En que no puedo llegar a una definición de mí misma válida, esa con las palabras bien buscadas y sin nervios. ¿Lo mejor de mí?, ahora mismo este lunar en el brazo, es adecuado, del color justo y está en el mejor lugar, pero no era eso, lo que buscaban es lo que quieren oír. ¿Lo peor de mí? Si insistes, te aplasto, pero "prefiero sonreír nerviosa".
En que si lograra sacarlo de mi boca, tendría que salir corriendo.
En que el futuro es mentira y que solo tengo pasado.

jueves, 1 de octubre de 2015

"Bajo mi perspectiva"

Hay dos maneras de enfocar esto. Una es como hago siempre, desde mí. La otra es científicamente. Ahora que lo pienso mejor, solo puedo hacerlo desde una.
Me carga, me cabrea, me preocupa la moda/actualidad de mostrar todo lo que se hace, por qué se hace, dónde se hace, cuándo se hace, con quién se hace.
¿Quién eras antes de exhibirte continuamente? Pues la misma, pero los demás iban descubriéndote, o no, dependía de si querían o si querías. Parece que hasta este momento en el que tienes tu minuto u hora diarios de exhibicionismo eras completamente invisible.
No solo te expones sino que además tienes que explicar por qué, porque si no no te entienden, te malinterpretan, se llevan una idea de ti (equivocada, positiva y negativamente). Todo el día justificando por qué comes lo que comes, por qué piensas lo que piensas, por qué sabes lo que sabes o por qué vas adonde vas. Y hay que poner mucho cuidado porque cada vez somos más suspicaces, más quisquillosos, y más arrogantes y más egocéntricos, o sea más idiotas. Puede ser que si no te expones y explicas con la maestría adecuada caves tu propia fosa social, laboral, vital.
No perdamos la perspectiva.
Tengo una prima segunda que siempre añade a sus opiniones "bajo mi perspectiva".
Bajo mi perspectiva os digo que somos todos idiotas: yo y vosotros, yo y tú, amigo de rrss, yo y tú, mirón corriente y moliente.
No me gustan mis pies, hay días que no me gusta mi cara, pero me reconozco, y con todo esto ya creo que me autorretrato. Me cuesta un mundo, me da pudor, definirme. Presencio cada día con estupor cómo de fácil os resulta a algunos de vosotros. Somos idiotas y puede que nos hayamos instalado en la superficialidad.
Yo escribo, pero no soy escritora. Yo hago fotografías, pero no soy fotógrafa. Las hacía antes de esta época en la que todo el mundo hace fotos, o se hace fotos, más bien. Las dos cosas las malhago para comunicarme y documentar: estados de ánimo, pensamientos, opiniones, meteorología, fantasía… Ninguna de las dos cosas las hago para reflejar ninguna realidad, ni la mía ni eso que hay delante de mi terraza. Pienso que eso además es imposible, la realidad no existe, por eso es tan fácil salirse de ella.
Así que son fotografías que tergiversan la realidad, como hacen las fotografías. Comencé un experimento. Al principio solo iban a ser visiones subjetivas de edificios, algunos conocidos, otros no. Solo iba a mostrarlas. Después el reto era conseguir que todas pudieran contarme algo, ya fuera positivo o negativo. No quería escribir sobre ellas, pero como soy inconstante a veces, os contaré el por qué de este experimento. Las he ido publicando en mi perfil, de una en una, con unos días de diferencia, con criterio no muy científico. No tienen título, ni comentario, ni pista alguna, solo estaban metidas en un álbum de título aséptico: "Fachadas".
Desde este momento, doy por fracasado el experimento. No he conseguido comunicarme ni exhibirme. Las fotografías no definen, no clasifican y la información que se obtiene de ellas solo tiene relevancia para mí.
A alguno de vosotros os han gustado, alguna de estas fachadas es bella, o la propia fotografía quizás os ha parecido bella. Otros habéis mostrado vuestras preferencias, los edificios deteriorados no suelen gustar, para mí estos son los que tienen más belleza incluso por su fealdad, son los que tienen algo qué "decir", de los que vale la pena hablar. A alguno sí os ha sorprendido o mosqueado por qué ponía unas junto a las otras, pero no os habéis mojado.
Aparte de documentar: estados de ánimo, pensamientos… meteorología, buscaba que opinarais sobre lo que de verdad os parecía lo que estaba tratando de contaros. Algunas están vacías, otras devoradas, etiquetadas, invisibles, limpias, sucias, amarillas, desnudas, arruinadas. Hay algunas espantosas, aberraciones arquitectónicas, arrogancias de vidrio y acero, otras tienen ubicaciones desafortunadas, lugares en los que vivís o trabajais y que tendrían que haberos espantado, incluso aunque yo las haya manipulado para no hacerlo en un primer vistazo.


Y ahora pensáis, "qué me importa, al fin y al cabo vivo dentro, lo que tiene que ser cómodo, bello, agradable, cálido… es su interior". Pues sí, resulta que las fachadas son la primera impresión de un edificio. Con frecuencia rechazamos lo que podrían tener dentro por cómo son por fuera y a mí me parece una pena ¿o no?
Quizás habría tenido más éxito fotografiándome los pies mientras al fondo se desenfocan las olas.
Bajo mi perspectiva, la superficie tiene muchas capas y además las mejores vistas solo se disfrutan si entras dentro del edificio.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Con ambos pies

En esa vida bailé
con ambos pies
sin perder ritmo.
Ahí salté 
con dos pies
y creí que volaba.
Ahí lo intenté
y con ambos pies
tropecé. 
En esa vida confié
y metí los dos pies.
Aquí y ahora
reintento
bailes, saltos, 
vuelos y aciertos
con ambos pies
aunque estoy casi coja.

martes, 4 de agosto de 2015

Localizaciones

Vivo en una medio-grande ciudad desde hace una década, más o menos. (Te exiliaste a esta ciudad hace una década, más o menos.) No la elegí porque me gustara especialmente, fue más bien una consecuencia lógica, el lugar natural al que dirigirme porque otros pioneros me abrieron el camino, no está ni muy cerca, ni muy lejos, es lo más extranjera que mi corazón podía permitirse o que mi cabeza era capaz de medir. Ni la amo ni la detesto, quiero pensar que al menos no del todo. (En este momento, irrespirable y te produce una mezcla de agorafobia, no deseas en absoluto contacto con el hirviente asfalto o ese pestilente aire caliente que escupen las fachadas, y al mismo tiempo te sientes encerrada y atrapada.) Así que es un sitio como cualquier otro para una reclusión controlada.
Algunos ya sabéis, lo he dicho en otras ocasiones, que voy andando a/por muchos sitios, para unos pocos no es extraño, pero para la mayoría es otra rareza o terquedad más, para mí es una necesidad. Quizá, si me hubiera ido a vivir a un pueblo cualquiera, caminaría por el monte, por el bosque, hasta el primer, segundo o tercer pueblo cercano, pero me ha tocado asfalto, duro y sucio e intento encontrar algo de belleza en el ruido.
Porque una trata de adaptarse, ha cambiado de rumbos, ha dado marcha atrás para volver a arrancar, pero hay cosas en mí que son como el aire, como el agua, cuando pasan aunque sean solo unas horas sin aprehender y aprender esa belleza, en cualquier formato como se manifieste, se abre un agujero enorme y me pierdo entera dentro. He leído que "la naturaleza es imparable", que "tu yo verdadero, sin pedir permiso ni a Dios ni al Diablo, decide personarse y tomar posesión de lo que le pertenece. Volver a ocupar el paraíso del que nunca debió ser expulsado" (Mar Rey Bueno). Temo que el yo, que se ahoga sin su rutina, se contentaba antes con menos alimento, pasa temporadas más o menos satisfecho, pero otras casi no puedo acallarlo, lo logro convenciéndole de lo inútil de su grito, llamando a la pereza unas veces y otras a la falta de estima, ese par de asesinas que solo buscan mi pesimismo.
Hace no mucho he empezado a practicar un ritual, siempre las mismas calles, el mismo barrio (ya cambiaré). El primer día fue simplemente una nueva ruta para el síndrome de camino si me aburro, camino si debo pensar, desenfadarme, enfriarme o calentarme, desasosegarme, inspirarme o peregrinar hacia algún santuario artístico aún sin revisar (los únicos santuarios en los que todavía creo). Aunque así no se consigue apagar la cabeza. Poco a poco me he ido adentrando en un territorio desconocido de porterías, semisótanos, desvanes, plantas principales, entradas de servicio, donde además no soy bien recibida. Siento que soy intrusa e incluso sospechosa, más que sentirlo, una precisión, lo sé. Los celosos guardianes, los porteros, me observan, a la defensiva, si se me ocurre parar unos segundos en sus pequeños feudos, se colocan bien en sus sillas, asientan bien el cojín y se ponen alerta, miran –los que no tienen monitor de cámara de seguridad– por un espejo que les da visión de todo el portal y de la entrada. Si, además, después de avanzar se me ocurre retroceder y parar de nuevo, sé que les saco de sus casillas, de sus sillas y de su habitáculo de perro guardián. Si entro, ¡ay, si entro! se levantan, sin prisa, eso sí, y preparan la artillería: "usté no pué'star aquí". En realidad no estoy "aquí", pasaba por "aquí" y solo disfruto de la contemplación de un poco de hormigón, ladrillo, yeso graciosamente combinados para crear una belleza ecléctica y decrépita producto de una necesidad de perpetuación de valores burgueses desfasados pero por desgracia demasiado vigentes; no, mejor así: "disculpe", pasaba por "aquí" y estoy admirando "su" (atención) edificio, un lugar donde vivió el escritor, científico, músico, poetisa, sufragista, que probablemente ha marcado mi, su, presente (pre-suposiciones).
Empecé a hacer fotografías por si aprendía algo, por si en alguna de ellas se escondía algún fantasma, alguna historia o parte de una, incluso he creado una especie de colección, la llamo: "Localizaciones"*. Son un gran número de pedazos de inmuebles construidos a finales del siglo XIX o principios del XX de belleza caduca, de estilo indefinido, con grandes balcones, chaflanes, miradores, balaustres, grutescos, atlantes, mascarones, etc. de madera chillona y cristal ondulado, de cuarto de criada y baños de estar.
Pero sobre todo son un portal para un viaje a un pasado que intuyo interesante, también un poco mágico al doblar la esquina, otro mundo tan cerca del mío, totalmente opuesto al mío, pienso que más excitante, escenificado solo para mí, porque por sus aceras no encuentro a nadie, porque quizá sus porteros y porteras han conseguido ahuyentarnos a casi todos.
Aunque solo sea por molestar, aunque no encuentre drama alguno (sin drama o conflicto no hay acción, ya lo sabes), creo que seguiré inmiscuyéndome.
Esta de la “localización” es una tarea que se hace cuando se llega por primera vez a otro lugar, se pasea, se planea, se observa superficialmente, para domesticarlo. Yo quizás debí hacerlo, pero no fue, no fue porque, como os he dicho al principio, y en alguna otra ocasión que yo recuerde, este lugar es una prolongación de una pecera que se hizo pequeña (como al protagonista Big Fish, de Daniel Wallace).
Fuera de la pecera vivo una, dos, varias vidas y dentro vivo otra más sin mí. En la pecera la cabeza acaba por apagarse, que no está mal, en ocasiones, no está permitido ser ermitaña ni por horas, se pueden pasar tardes enteras dando nombre a las constelaciones de la espalda, la vida va a treinta, tienes derecho a metros de aire a tu alrededor cuando andas, en una tarde normal hasta las nubes gritan y los dramas son demasiado verosímiles. Pero en la pecera no hay que ir en busca de portales al pasado, ya tengo habitación con vistas e historia en las esquinas.
No sé si esas "localizaciones" servirán, los dramas/conflictos están escondidos de momento, son demasiado ajenos o no sé si tendré la suficiente imaginación para inventarlos. A lo mejor no son más que esa búsqueda entre el ruido para mantener a raya al agujero hambriento, pero no las que lo saciarán/enmudecerán por completo, eso es imposible. (Te conformas.)
Mientras camino por ese territorio vetado, por qué no llamarlo también gueto, voy pensando en un encuentro casual con algún fantasma, pero solo me topo conmigo. Y pienso en todas mis vidas, distintas pero conectadas. Y pienso en la chica del perrito de por las tardes, que es la de los niños por la mañana, pienso en la que sale de casa a la vez que el sol y vuelve cuando este se esconde, en la que acompaña a la viejita, en que seguro que también tienen esa vida sin ellas, que van viviendo sin que ellas estén totalmente presentes. Y también pienso en ese señor altivo y en la señora que me mira pero no me ve. Y caigo en la cuenta de que ya he entrado en contacto con esos fantasmas que buscaba, en ese mismo gueto pasado y presente se parecen, se superponen.



* Paréntesis: puedo hacer cuantas fotos guste de un monumento y fachada de edificio (distinto sucede con los interiores), no tengo que pedirle permiso a portero alguno, ni pagar derechos a su arquitecto, ya que me protege una ley que se llama "Libertad de panorama" que puede que tenga los días contados. Un proyecto de ley europea podría eliminar esa "libertad" a favor de los derechos de los arquitectos y artistas vivos de determinados monumentos, a mí que me lo aclaren bien porque supongo que la torre Eiffel pertenece a la ciudad de París, por poner un ejemplo altamente fotografiado. El tema se encuentra en debate y tendríamos que dejar de hacer/publicar "localizaciones" gratis y buscar fantasmas.

lunes, 6 de julio de 2015

Sueño ligero de una siesta de verano

… perderme en los días contigo,
pero no va a pasar.
… darme la vuelta y verte,
pero no va a pasar.
… creer que me dejas quererte,
pero no va a pasar.
… despertar junto a tu nuca caliente,
pero no va a pasar.
… tumbarme sobre tu huella en la hierba revuelta,
no va a pasar, no va a pasar.
Seas fauno, humano o asno
no va a pasar
porque ya no oigo tu hipnótico gorjeo
y despierto del encanto.

martes, 23 de junio de 2015

¿Destinos?

Que las dificultades preparan a personas comunes
para destinos extraordinarios*.
Escarba cada palabra.
¿Crees que podrías fabricar uno de esos
u optas a algo más simple?
¿Qué sabes tú de las dificultades
si naciste en este valle tranquilo?
No padeces suficiente,
no trabajas suficiente,
no odias suficiente,
no amas suficiente,
no ambicionas suficiente,
no batallas suficiente,
tan solo has decidido estar
y pasar por aquí.
¿Mereces el premio?
Aunque saliste de la risa,
aunque pusiste agujas a tus palabras,
aunque duermes junto a la pared,
aunque lo construyas con verdad,
aunque no cesa nunca la tormenta,
aunque los primeros acordes funcionen
hay que acabar la canción.

*CS Lewis

miércoles, 10 de junio de 2015

Cambio de sueños

Estoy mirando ahora desde aquí y hay un espacio tan grande enfrente que puede que desespere. 
Ya alguna vez he estado en este mismo lugar y de nuevo todo está preparado para empezar. 
Las palabras se me atascan y los dedos se me enredan, las imágenes parece que no funcionan. 
Tengo tantas ganas de cruzar a ese lado, pero continuamente paro a descansar. 
No me puedes acompañar aunque quiero que me veas escapar. 
Te hablo a ti, ¿de verdad puedes entender lo que te digo? 
Me quedo como pasmada, me paro en esta orilla, esperando que pase algo. 
Querría ser esa Ofelia* que, después de unos segundos de dejarse ir, sale del agua y comienza a caminar, y no mira atrás, y no te necesita.
No encuentro mejor forma de decirte que no quiero estar. Nada más me importa que tener otras vidas. Espero que me encuentres a mi regreso y que puedas ver mis intenciones. 
Sé que solo tengo que ordenar lo que está desordenado. Aunque de momento todo es casualidad, solo letras que se juntan y que andan en círculos. 
Tú no me ayudas a encontrar el principio porque en la orilla solo está tu voz y la otra mía que dice que no saldré del agua. 
En un tiempo pensé que soñaba otro sueño, puede que haya un cambio de sueños o quizá solo hay que soltarse o es que ya solo estamos yo y un pacto por cumplir. 
Porque solo puede salir si soy libre, porque tengo que ordenar todo sin ningún temor, y salir del agua y acaso solo entonces pueda volver.

* Ofelia, Carmela García


miércoles, 20 de mayo de 2015

Te pienso

Me gusta no tener que pensar en ti
aunque no olvido tu voz.
Este espacio se llena de detalles
que no verás jamás.
Porque siempre te estás yendo
y yo estiro los recuerdos
hasta que no se puede más y rompen.
Pensaba que no tendría que pensarte.
¿Y si la locura no viene así,
con voces alucinantes o visiones imposibles
mas sí con la obsesión de extrañar incluso tu reflejo?
¿Recordarás mis ventanas amarillas, mis letras, mis manos?
Si vuelves aquí, ¿qué contarte?
Que tengo unas cuantas palabras para ordenar,
nada de metáforas y, sobre todo, ninguna idea nueva:
escenas, blanco, marea, cartas, abrazo, final, música.
Y ya sabes que no podré conseguirlo
si zapatean mis paredes.
Mentira, miento
te pienso y enloquezco.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Simulacro/Brecha

¿Dónde estás? Vas del amarillo al negro.
Del sueño al simulacro.
¿Tal vez son la misma cosa?
¿Qué piensas de ese pequeño espacio libre que nos dejan? ¿Dónde lo tienes tú?
Es pequeño, es una grieta, es para el sueño o quizá a ti no te haga falta.
¿Puedes vivir en tu simulacro? ¿Qué sientes cuando aparece el negro en diagonal y atraviesa tu escena?
Un gran estruendo y un gran rayo negro incómodo de veras. O cuando dos grandes acantilados caen súbitamente cortando las aguas allá abajo.
Como en ese cuadro de la Brecha hay restos de otra tormenta. Toda la vida disuelta en su cielo. Pero están todos tus colores. Incluso están luchando dentro del negro mate profundo.
En el otro lado no hay simulacro, en ese lado la verdad está garantizada y el borde te abraza. Todo el color que acaba completando un negro mate, donde están todos tus yo, juntos.
¿Qué darías por ser un pájaro rojo? ¿Adónde quieres ir?
Despierta, mira, por allí va la voz que no se oyó junto a esa otra menos incómoda, la de tu simulacro.

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José Guerrero, La brecha de Víznar, 1966

"… transparente alegoría, en ocres, grises, rojos y negros, del asesinato de Federico García Lorca, cuadro que empezó a pintar en Nueva York y terminó en Madrid, y que versionaría en dos ocasiones sucesivas (1979-1980 y 1989)".
Juan Manuel Bonet
“La versión de 1966 es como la imagen de una herida que sangra. Es un acercamiento, la visión primera del lugar de una tragedia, frente a la que no cabe sino el desgarro irreparable del dolor y la fractura. No hay recomposición posible porque el dolor es demasiado cercano e intenso”.
Santiago B. Olmo

miércoles, 15 de abril de 2015

El happy day

He visto una foto. Quedan muy pocos caminos como el de esa foto, rectos, con desniveles suaves y árboles muy altos y ancianos a ambos lados. A lo mejor ya ni en los buenos sueños o tal vez hay que irse a buscarlos.

Una de mis rutinas a diario de la tarea de comunicar es rastrear si la jornada es especial por alguna razón: el aniversario de algún escritor muy muerto, de alguna obra artística o literaria o de personajes históricos o variopintos que han hecho nuestro presente mucho más cómodo que el suyo; después está esa lista interminable de días mundiales o internacionales, universales, europeos de asuntos muy serios: el niño, la niña, el humano, el ártico, el cáncer, el agua, la Madre Tierra, ‘etecé’, todos muy pedagógicos, todos recordándonos que hasta que no desaparezcan del calendario no podremos decir que la cosa va bien, vamos que, como el mundo da asco estamos lejos de solo celebrar nuestro propio aniversario hoy; y por supuesto están esos días muy chorras que acaban cuajando mucho: de la sonrisa, del beso, el del orgullo zombie, o el día sin ropa, sacad vuestras conclusiones.
Algunos son muy viejos en el calendario y otros aterrizaron hace poco. Uno de esos jóvenes es el Día Internacional de la Felicidad (20 de marzo), apenas dos años de vida tiene y no estoy segura de que se entienda bien qué pinta. Asombroso que algo tan anhelado e inexistente por todo humano en este mundo no esté presente en la agenda desde hace más tiempo. Así que, como de costumbre, busco recursos literarios, gráficos o algún blablablá.
A primera vista pienso: "tremenda chorrada", sonrisas, cancioncillas y "la vida es bella". Aparte del juego vistoso que pueda dar resulta que es una de esas palabras que nos cuesta definir y que cuando nos preguntan sobre ella no sabemos muy bien por dónde tirar y acabamos divagando o más bien a la deriva, en vez de responder que ni idea. 
Unos piensan "de eso no tengo, lo defino fácil", otros piensan que sí tienen de eso y tratan de imponer su propia visión: encontrarse bien con uno mismo, realizarse, un estado de equilibrio, poder disfrutar con la gente que se quiere, fluir (muy de moda y que provoca carcajada, nunca me he sentido como ningún tipo de fluido)… parece que entre todas se podría ajustar una definición válida.
Así que me da por explorar y tratar de encontrar algo aséptico. Y no
 empezó bien: 

felicidad.


1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento.

El diccionario, como tantas otras veces, decepcionante, o quizá no hay más, who knows. La segunda parece más encaminada a eso que se llama bienestar. De todos modos he de dejar de usarlo como fuente primera.

Busqué una segunda opinión, sabiendo que me estaba metiendo en un barrizal. No me pondré pelma, resulta que hay unas claves, una especie de receta, los ingredientes son: autoaceptación, equilibrio entre emociones positivas y negativas, optimismo… si tenemos esto, vamos por buen camino, por cierto, no viene sola sino que hay que buscarla y tenemos que provocar estos estados, hacer un entrenamiento. Lo tengo chungo con algunos puntos.

Continúo con lo del Día Internacional. A una segunda vista, la cosa me pareció algo más seria. Muchos de estos "días" comienzan con una resolución de la ONU, esta dice fundamentalmente esto:

"(…) la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental,
la felicidad y el bienestar son objetivos y aspiraciones universales en la vida de los seres humanos de todo el mundo y es importante que se reconozcan en los objetivos de las políticas públicas,
Reconoce "también la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos".

Y esto fue lo que me dio la clave, tú y yo ya sabíamos que el mundo es infeliz y que cada vez es peor y da más asco. Que los que tienen el poder para que "fluyamos" están pensando en otras cosas y el resultado es malestar. He leído que en Bután, antes de aplicar una política valoran la felicidad que puede aportar a las personas, la Felicidad Interior Bruta la llaman. La ONU insta a todos los estados a que piensen en políticas para hacernos felices, al fin y al cabo. Se han dado cuenta, nos hemos dado cuenta, de que hasta esto hay que reglamentarlo, codificarlo porque si no la cosa se nos va de las manos.
Se llega a un par de conclusiones rápidamente: para ser felices individualmente necesitamos un duro entrenamiento, pero para ser felices colectivamente algunos estados no llegan ni a los mínimos. Para conseguirlo individualmente tendríamos que poder contar también con nuestros estados y si no ayudan la única posibilidad es intentar lograrlo sin ellos o a pesar de ellos…
Me encuentro sin poder salir de este barrizal (consuela saber que milenios de filosofía tampoco), después de que haya pasado un tiempo me doy perfecta cuenta de que de nuevo esta es una fecha para la anécdota, "sonrisas, cancioncillas y ‘la vida es bella’". Vosotros también, lo sé. El objetivo de la reivindicación es demasiado etéreo. Así que, puestos a pensar en cosas etéreas me voy ahora mismo a ese camino que algún estado me arrebató.

viernes, 20 de febrero de 2015

Despistes

Algunas veces sé quién soy,
pero entonces me despisto
y quiero estar donde tú estás.

Algunas veces me acerco,
pero entonces me despisto
y doy la vuelta por donde llegué.

Algunas veces he tenido el corazón entero,
pero entonces me despisto
y veo que lleva roto cien años.

Algunas veces me parece que es posible,
pero entonces me despisto
y un golpe de viento me mueve del sitio.

Algunas veces parece que la línea continúa,
pero entonces me despisto
y estoy de nuevo ahí al principio.

Algunas veces me convences de que no puedo hacerlo,
pero entonces me despisto
y ya no te escucho.

Algunas veces me despisto,
pero entonces veo
que estoy donde debo estar.