jueves, 10 de abril de 2014

Simplicidad

A todo el que crea que todo el mundo nos entiende cuando hablamos o escribimos: la simplicidad es la complejidad resuelta. No lo digo yo, lo dice Brancusi.
Llevo unos días pensando en esto.
¿Queréis un contexto? Es Emmet Gowin quien me lo recordó, algunos sabéis quién es él para mí, pasó hace unos días por aquí para dar una conferencia, entre otras actividades.
Se llega a este tipo de contundencias con mucha vida o mucha experiencia y da mucha rabia que lleguen otros a concluirlas antes que una. También se llega a resolver la complejidad con mucho trabajo.
Y el continente de la frase es como el contenido, de total simplicidad.
Pues resulta que hace tiempo que uso esta máxima como catalizador, pero en secreto. ¡Cáscaras!, podría haber salido de más de una situación incómoda al hablar de arte contemporáneo, ese gran desconocido a pesar de ser el nuestro, el de ahora, el que se puede entender porque está hecho por y para comunicar a la sociedad lo que ocurre en este momento. Bueno, esto solo pasa con las artes plásticas, porque otras se prefieren cuanto más modernas mejor.
Si hoy me preguntaran qué es el arte (ambiciosa definición fruto de la decisión de las llamadas élites culturales, en mi opinión no es necesaria y las élites culturales tampoco) seguiría vacilando como aquel primer día en la facultad cuando algunos valientes y poco tímidos respondían rápida y pedantemente añadiendo palabras como belleza, creación, gusto… Mi profesor sabía que la gran mayoría no sabríamos qué contestar y que pasarían años antes de poder tener ni idea de cómo empezar la definición. Mi profesor sabía también que pasaríamos todo el tiempo de estudio de aquella carrera (HdA), y más allá, en definir lo que NO era arte, como si eso interesara… salvo para aburrir a las cabras.
Ay, si hubiera tenido la máxima a mano… si la hubiera usado creo que me habrían expulsado de las camillas (=mesas redondas) sesudas a las que no me invitaban porque la comunicación del arte es una asignatura que cateábamos, con nota.
Todo este preámbulo para deciros de una vez que en el arte como en los demás tipos de comunicación la simplicidad es un elemento importantísimo porque, sencillamente, hay que hacerse entender, al cien por cien, además.
Cuando empecé a trabajar en lo de comunicar se me achacaba demasiada brevedad y rapidez para realizar cualquier pieza gráfica o texto, el mensaje no llegaba y era escaso, además. Con toda razón, la paciencia y la claridad de ideas no eran lo mejor de mí, si, como me decía alguien muy cercano, nunca tenía más concentración que diez minutos.
Él, el alguien cercano, me está leyendo y le digo que puede ser que algo de razón tuviese pero también contribuía a ello el modo de contar las cosas y la emoción, porque habréis oído que la emoción es el factor esencial del aprendizaje.
Mi terapia para ir solucionando la complejidad es sencilla; no parar de intentarlo. Un duro entrenamiento es tratar de hacer legibles los complejos textos ajenos y cualquier elemento de comunicación al que una se enfrenta. Espero conseguir una comunicación amigable y de metraje adecuado.
Hace poco recibí este consejo que comparto con vosotros: una comunicación amigable (Estrella Montolío, catedrática de Lengua Española de la UB) debe ser:

CLARA
BREVE
CONCISA
TRANSPARENTE
CORTÉS

Yo quiero añadir un ingrediente más; la emoción. Aquí tenéis unas complejas comunicaciones resueltas.

David Rodríguez

E. Seligmann
Emmet Gowin

Y claro:

Constantin Brancusi. The Newborn. Version I, 1920