martes, 24 de junio de 2014

El melancólico

No soy como tú,
no estoy preparado para saltar
aunque siempre estoy
a punto de querer hacerlo.
No soy como tú,
no puedes verme,
estoy siempre ahí
detrás de todas esas capas de papel
pegadas en la puerta azul;
si una se despega
quizá se pueda comenzar a leer,
cualquiera que se acerca quisiera hacerlo,
pero se van rompiendo y es imposible.
No soy como tú,
no me presento antes,
vendrás a mí
en una habitación llena
y prometo que no te rechazaré
(sin pensarlo antes mucho).
No soy como tú,
para construir algo
primero lo desharé varias veces,
y, cuando lo construya,
será sólido y permanente.
No soy como tú,
pero puedes confiar en mí,
siempre.

Según Hipócrates (el del juramento, sí) existen cuatro temperamentos para definirnos psicológicamente: sanguíneo, melancólico, colérico y flemático.
El melancólico es el más rico y complejo de todos.
El tipo melancólico es: analítico, abnegado, dotado, perfeccionista, muy sensible, predispuesto a veces a la depresión, el que consigue más disfrute de las artes, introvertido, pesimista, tiene gran capacidad de concentración, fiable.

¿?
Permitido adivinar…

lunes, 16 de junio de 2014

El verano construido (Conociendo a Cézanne)

Los castaños del Jas de Bouffan
Volkart Foundation, Suiza
La vida aquí es como una de las pinturas del maestro en las que solo hay veranos y un sol que te calienta los párpados; un mundo de infinitos verdes amables y amaneceres fríos.
Las praderas se superponen. La montaña pesa. Hay caminos que no llevan a ningún lugar, tan solo se han hecho para ir y volver, hay unos que huelen a madera fresca, otros llevan hacia la tormenta.
Salvo estar no hay mucho para hacer, pero estar ya está bien. Los días son largos y quietos porque así tienen que ser.
Una serie de tareas fijas por la mañana; ir a buscar leche, comprar el pan y entrar en el cuarto de las harinas esperando ver algún ratón que se haya quedado a dormir.
Lecturas y esperar a que se caliente la piel bajo los frutales. Recibir y escribir cartas.
Una ráfaga de viento cambia el plan.
Si piensas en las musarañas es posible que veas alguna antes de ir al río.
Por las tardes; la risa, calor/frío, observar las estrellas del agua y esquivar las picaduras de los tábanos cuando el sol se rinde.
Aquí todo cruje y siempre huele a madera mojada. El orden es distinto y el desorden también. El silencio se valora y se alimenta. Solo se monta en coche para visitar un mar de nubes.
Hay un ciruelo que nadie plantó y lavanda salvaje.
Y al atardecer irás a la estación a esperar el tren.
Es un lugar que siempre duerme, que para y vuelve a empezar cada día. Y todas las edades lo trasnochan.

El viaducto cerca de L'Estaque
Ateneum Art Museum, Finnish National Gallery, Helsinki 
Collection Antell
No siento afición a mitificar y me pongo nerviosa al tener que mencionar siquiera alguno de los mitos de otras personas, de los tuyos. En la historia de la pintura hay muchos de estos y una se acerca a ellos con demasiado respeto y rara vez se tiene una opinión sincera de su obra (o no se atreve a exteriorizarla). Si no causa desmayo parece que o no se ha captado la maestría del mito o su gran mensaje, podría ser incluso que horripilara o a una le dejase fría y no supiese nunca si le gusta o, como ya he escrito otras veces, no hubiera conexión.
Hace unos meses me encontré con Cézanne, uno de los mitos, y pensé en verlo como si me lo acabasen de presentar, tratando de olvidarme de su leyenda y de tener que asentir porque sí. Resulta complicado porque me alejo, me acerco, miro de cerca la pasta (ojalá me dejaran tocarla). Ocurre con ciertos géneros que te pones delante pero no pasa nada, quizá no puedes olerlo, no tiene la música adecuada, quizá no conoces el lugar y no puedes aportar nada a su lectura.
Leo: "Cézanne fue un caminante incansable, que cada día salía al campo a buscar el motivo de su pintura […] odiaba las carreteras modernas […] prefería los viejos caminos que se adaptan al paisaje, con sus cambios de punto de vista, con su expectación y sus sorpresas. Quizá por eso pintó tan a menudo la curva del camino […]
Los caminos de Cézanne no van a ninguna parte. Incluso cuando el horizonte es visible, el plano del fondo produce más el efecto de una pantalla que de una distancia ilimitada. Es como si detrás de cada vuelta del camino se asomara la pared del estudio […]"
Puede que Cézanne deseara que yo entienda, huela, oiga el lugar allí dentro, pinta al aire libre y de manera obsesiva repite motivos, elementos, o quizá no tiene ninguna intención de que yo entre allí. Él parece obsesionado con una montaña, los árboles y los bosques que luego encajona en esos lienzos, que no son ventanas, paisajes construidos.
Así que, como me ocurre con sus compañeros impresionistas, yo miro y remiro, y me presento a este pintor que acabo de conocer, sin embargo parece que no tenemos química.
Después de vagar por las salas de esta exposición veo que en esas pinturas no solo no está el paisaje sino que tampoco hay tiempo, se para como en ese lugar que has guardado con unos colores, unos olores que son solo tuyos y que está encajonado en tu memoria, tu obsesión. Una construcción sin drama, solo lo ves tú. Ese lugar al que vas solo para estar porque siempre es verano.

Fuente de las imágenes: Museo Thyssen-Bornemisza: http://pdigital.museothyssen.org/index.html?revista=76437734&pagina=-5332