miércoles, 29 de octubre de 2014

Desafortunada en realidad…

El ejercicio más sencillo de imaginación es descubrir esas formas ocultas en las nubes. Mirar hacia arriba e inventar y pasar las horas.
Tanto arriba como abajo nada es lo que parece…
Llevo un mes intentando apartar mi vista de la realidad, llamadlo falta de interés, pero la realidad desafortunada se impone a mi ficción carente de fortuna y entra por todas partes así que es muy difícil zafarse, es más fuerte que yo, ni mirando a las nubes.
Está siendo un mes "desafortunado" para mi ficción pero la realidad de ahí afuera supera cualquiera de las ficciones. Se pasan las horas mirando tanta vergüenza, sale de todas partes: ladrones afortunados, declaraciones desafortunadas, consejerillos metepatas, alcaldes machistas reincidentes, ministras incompetentes, obispos reaccionarios, ministros beatos, directivas insolidarias y un niñato megalómano; conocéis sus nombres, gentes muy desagradables que van desgastando día a día, día a día, día a día.
Los ladrones salen como setas en este otoño poco lluvioso o despejado. Los que les defienden dan pena, los que les atacan mejor se callaban.
Está de moda declarar, todo el mundo lo hace, todo el mundo cree que tiene que hacerlo, salvo los que tienen estricta obligación.
Y todos nosotros cabreados pero impasibles, indignados pero mudos.
La cagan y declaran y luego la vuelven a cagar. Y no saben de qué hablan, y no están nunca a la altura, y siempre echan la culpa a otro, y todo da mucha vergüenza y mucho asco. Mucho me temo que no está lejos un tiempo en que todo nos resbalará, nos acostumbraremos a verlo todo pasar y perderemos cualquier capacidad de maravillarnos y asustarnos, llamadme perspicaz.
"Desafortunado" es el adjetivo de moda, vaya eufemismo, da igual la pata que se meta, la burrada que se diga, la falta de respeto que se cometa, a quien se insulte… al día siguiente se sale y se piden disculpas y todo se esfuma, y no pasa nada, desde el "me equivoqué no volverá a pasar" todos hacen propósito de enmienda y hala, ya pasó, y si no pasa hoy pasará mañana, sana, sana.
Y hay que agradecer y considerar digno que pidan disculpas, porque somos todos como niños pasando el día mirando nubes, no hay que pedir disculpas, hay que desaparecer y pensar antes de hablar, antes de actuar, antes siempre antes, que es muy de escuela.
Cuesta trabajo imaginar buenas formas en estos cielos.
Cuesta trabajo creer que haya gente pública respetuosa, pensante, inteligente, honesta, competente, llamadme desconfiada.
Cuesta trabajo reírse, bailar, cantar en este lugar llamado mundo, llamadme negativa.
Y ni los árboles de la ciudad me pueden cobijar.


Aunque estoy del lado de la imaginación, que desafortunadamente se estresa este mes, espero un afortunado día alguna nube con forma de nube y, mientras tanto, rebajaré la dosis de noticias que es muy perjudicial para la salud y no están los protocolos muy finos…

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Cena para una

Todo el mundo escribe, todo el mundo escribe para uno mismo, lo difícil es que alguien lo lea –eso piensa ella después de oírlo a uno de los tres.
Pero esto no empieza así, en realidad empieza con una ración de bocartes fritos y una frase: "¿Qué hace una chica cenando sola?". No han esperado a que le dé un primer sorbo al albariño. La ha apuntado, puede ser muy útil.
Se sienta junto a una ventana, así si se diera un momento incómodo siempre puede mirar afuera, pero no ha conseguido una mesa con vistas al puerto; así que está limitado el inventar sucesos sobre el exterior, o mirar al horizonte sin más, la calle de atrás da a un bloque bastante feo de esos que tienen la piel de vidrio, así repetía continuamente su profesor de Contemporáneo para hablar de la cubierta del muro de los edificios. Este es uno de esos Vistamares, unas casas que simulaban la modernez y toda ciudad de costa debía tener, impersonales por esas pieles que frenan el exceso de luz e impiden que los que estén afuera miren las cocinas de los de dentro. La luz es mejor no frenarla.
Como no es muy tarde hay dos grupos de niños jugando antes de que los llamen para ir a cenar, a lo mejor no desde las ventanas como siempre se hizo, a lo mejor las ventanas de este Vistamar no se pueden abrir, o todos tienen ya sus teléfonos y hasta sus abuelos, que eran reticentes al principio, les hacen una "perdida" para que suban a comer las salchichas, sus madres creen que se quedan más tranquilas, creen que así les tienen "más controlados". Hace un rato que llegaron de la playa en la bici y con sus toallas en el cuello, solo eso han necesitado para divertirse. Hoy podría tocar pizza.
Piensa que lo mejor es sacar su cuaderno y quizá tomar algunas notas que no se sabe si llegan a algo, porque parece que nunca se va a decidir a averiguar si lo hace bien.
Mientras garabatee no tendrá que levantar la vista y superar ese momento (largo) hasta acabar con todo lo que hay sobre la mesa.
No está saliendo como esperaba, lo de "me voy unos días". No es capaz de cortar el ruido y la cena no va a ser un trámite simple, tendrá que mantener ciertos modales, no mancharse, ni la cara, ni las manos, ni el pantalón recién planchado, y sonreír automática a los cuatro camareros que inexplicablemente han decidido atenderla, no comprende para qué tanto público.
Una ensalada normal, una de bocartes y para beber… una copa de vino blanco, no sabe por qué lo ha pedido porque nunca bebe sola, bueno, hasta ahora. Y no es lo mejor que ha bebido, aunque no tiene idea de vinos, no se las va a dar de entendida y ponerse a probar y rechazar, está fresco, seco, no soporta los dulzones y, eso sí, luego va a tener mucha sed y seguro que se pasa la noche levantándose a beber.
Mujer blanca sola con bolígrafo y papel, algo inocente, pensaba al sentarse, pero está ya dentro de un relato. No imaginaba que a nadie pudiera llamar la atención.
Lee "Lo demás –la gastronomía refinada– era una perversión particular entre la boca y el alimento"1
–Disculpa –uno.
–¿Me traes la cuenta, por favor? –ella.
–Perdona –insiste. Queremos averiguar quién se ha hecho millonario.
–¿Cómo, perdón? –y otra vez la sonrisa automática.
–Hemos apostado sobre lo que estabas apuntando, la cosa está entre escritora o crítica gastronómica –uno.
Todos los tópicos posibles y cuando llega la hora de la verdad la imaginación se esfuma y solo sale verdad, verdad sí, realidad a medias.
No hay muchas notas, ni siquiera sobre la cena, pero despierta la curiosidad de los tres: "escribe una guía de viajes", resulta que en el fondo todo el mundo es un soñador tópico y fantasioso, la explicación sencilla nunca sale.
–Escribo notas para futuros textos –contesta sin ganas.
–¿Y podemos leer algo de lo que escribes? Yo también escribo a veces –uno.
La invitan a sentarse con ellos. Nunca ha sabido salir de estas situaciones, con un sencillo, "me gustaría estar sola", siempre añade más palabras de las justas y al final parece muy antipática.
Ha estado muchas veces sentada a esa mesa, casi siempre en verano, en la época de los diarios, la época de las habitaciones en casa compartida, ahora el ritual es muy diferente, ¿de qué hablaban en aquella época ellas dos?
Algunas ciudades muy frecuentadas resultan distintas con el tiempo, cada cual la ilumina en su cabeza a su antojo y cuando se vuelve a ellas es como si se peregrinara a un lugar que no existe de verdad.
La cuenta tarda y sabe que cargarán con toda las armas, es como un eterno plano secuencia y tiene muchas ganas de irse. En esas películas que ponen por las tardes la protagonista saca los dólares de la cartera y los deja sin esperar la vuelta y sobre todo sin tener que hablar.
–Qué juego este tan previsible –piensa. Cortaría ahí mismo el plano. Tengo que irme –dice en voz alta.
Lee:  "(…)
por aquellos tres hombres que, además de no tener prisa,
eran lentos. Por eso en Bloom crecía el pensamiento nada santo
de golpear tres veces el suelo con el zapato para matar,
con cada movimiento, una hormiga: tres en total.
Aquellos hombres, que no conocía de nada,
lo aburrían.
(…)"2
En otra época habría jugado con la hipótesis ganadora de la apuesta de los tres pescadores submarinos, una bloguera gastronómica haciendo la crítica del chigre y además les haría protagonistas del guion.
Podría ser cualquiera que deseara o imaginara. En otra época, pero tampoco en aquella época lo hacía. Podría haber jugado un rato. Exagerando y estereotipando.
Probablemente tendrían ellos montado también su relato: los contables pescadores, los contratistas pescadores, en tierra durante la semana, bajo el mar los sábados…
Rechazó cuatro veces, no será el comienzo de ninguna otra historia, solo esta.
Ya en la playa, después de la cena, la musa le regaña, podría haber sido una carta a una hermana gemela de distinta madre o un informe de una inspectora de loterías o encargada de las carnívoras del botánico o algo más inverosímil difícil de sostener y fácil de soñar, titiritera.
Quizá era todas ellas o ninguna.
El teléfono suena.
–¿Buena la pizza? –contesta sin un hola.

1, 2 Un viaje a la India, Gonçalo M. Tavares

martes, 2 de septiembre de 2014

Proyecto Agosto

O el fotodiario de un mes perezoso de historias

Parece un reto simplón, una imagen diaria sencilla del mes en el que casi todo quisqui huye a la vez de sus rutinas, como una estampida, en busca de unas vacaciones de película.
¿Qué mente diabólica pensó en obligar al descanso de todos los de este hemisferio a la vez en un mismo mes prácticamente? Aunque no sea el deseo de una la huida obligatoria, se hace casi imposible la supervivencia anímica y además corporal así que se huye de igual manera adonde se puede.
No son lo mismo unas vacaciones de película que una película sobre unas vacaciones. El resultado de mi reto simplón es este montaje, un divertimento como otro cualquiera y la respuesta a treinta y una fotos, porque queda todo un año para otras historias.

video

miércoles, 6 de agosto de 2014

miércoles, 23 de julio de 2014

Los felices cien

La vieja señora preside la ceremonia.
Hoy todos comen de una misma olla; cocido de verano (las únicas diferencias con el de invierno son la estación en que se come y lo que uno lleva puesto). Hoy come rodeada de casi todo el grupo (los vivos y los que residen cerca, y, sobre todo, están a favor de la diversión ya que se conocen miembros del grupo que no acudían a las ceremonias por exceso de alegría). Pasa a menudo que esté rodeada y no solo en las fiestas obligadas como esta, de manera natural siempre ha sido y es así, está claro que porque la/su naturaleza se lo ha permitido, hace cien años que aguanta en el mundo y además porque indiscutiblemente es la jefa del clan, con todo lo que la palabra connota.
No sé si os habéis topado alguna vez con la definición de familia: "un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas", la veo demasiado neutra o tibia, la de clan o tribu se ajusta más a este grupo, más implicado o conectado con su puntito de toxicidad. Ya se sabe que hay grupos de personas que son familia aunque no estén emparentadas y también emparentados que viven juntos pero son impermeables, o sea que nada se les pega de los otros, "no se nota, no se mueve, no traspasa".

El clan en mayo del 86, hace 50 años de su boda
Foto: David Rodríguez
Ella lidera un clan, en lo bueno y en lo malo, con toda su tragicomedia, sus miembros nunca tienen el papel que les corresponde en la obra y son demasiado emocionales, anárquicos, permeables, agridulces, crueles y cándidos, libres pero dependientes, con sus gritos y sus silencios, con la ironía como idioma… 
2014, cien años
Foto: David Rodríguez
La vieja señora está presumiendo hoy de que tiene noventa, noventa y nueve y cien años alternativamente, se aprovecha del protagonismo del día en los momentos en que no se ausenta, da lecciones de vida y se come dos postres.
En cien años han pasado cosas gordas a su alrededor: dos guerras mundiales, otra civil, una súper crisis económica, una dictadura, un breve pero convulso periodo republicano, otra dictadura, la llamada transición democrática; y dentro: orfandad y lo que tocaba después, espabilar pronto, ayudar a sobrevivir a todos, criar, trabajar, parir, vivir.
Es una persona segura. Todas esas piezas de fuera y de dentro las ha hecho encajar, acoplándose sin hacerle daño. No acierto a saber si esa gran seguridad la da la edad o ella ya lo era desde antes. Tiene que haber algo más encerrado.
Todos se preguntan cuál es el secreto de su buena longevidad, como si la respuesta fuera una sola, sin duda la mayoría pensarán en su naturaleza, ella misma presume y lo achaca a eso junto con un porcentaje muy bajo e ingenuo de lo divino; es dura y resistente, no se rompe cuando se cae, autodidacta, siempre curiosa con ganas de aprender (en la escuela le dio tiempo a lo imprescindible) y creo que ha llorado lo justo. No creo que se haya visto a sí misma como ‘depre’ nunca, optimista tampoco creo que sea una palabra que haya pronunciado mucho pero el caso es que lo es. Ahora que se da cuenta de que tiene ciertos problemas de memoria y de que las pilas se le acaban a menudo pregunta si se podría tomar algo, una píldora le coloca los recuerdos recientes y ya está, resuelto y a otra cosa.
"[…] la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás. El grado de dominio que alcance una persona sobre estas habilidades resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos individuos prosperan en la vida mientras que otros, con un nivel intelectual similar, acaban en un callejón sin salida." Estas son las características de la llamada inteligencia emocional de Daniel Goleman.
He llegado a la conclusión de que Eulalia vive tanto tiempo principalmente porque quiere, es posible que otros como ella sean muy seguros después de una larga vida, pero ella además tiene algo que no ha aprendido ni entrenado, una guía interna para confeccionar todos los puzles (de la vida) que hasta hace bien poco funcionaba muy bien.
Sospecho que reúne un buen número de esas características, sospecho que siempre fue así… o quizá soy yo que la miro con admiración o me ciega el cariño, pero ojalá en la herencia me tocaran algunas…

jueves, 10 de julio de 2014

Libertades frágiles

Lo más parecido a volar o sentirse libre sobre el vacío es sentarse en la terraza y sacar las piernas entre los barrotes, la sensación es mucho mejor de noche, porque no se ve el suelo, solo tus pies. Lo hacía como una especie de rito en las noches de verano. Siempre volaba en contra del viento porque la brisa húmeda que venía del río alborotaba el pelo hacía atrás; el viento al revés despeina y es muy molesto.
"Pena de barrotes", pensaba, mejor sin barrotes; si es una azotea, eso sí, durante el tiempo idílico en que ningún "ideólogo" decida que la azotea no será más el último piso. No veo el sentido a elevar la altura de los edificios que están rematados hace tiempo, es como si mirases las cosas desde el mismo punto un tiempo de tu vida y de repente te pusieran un trozo más de piernas o de cuerpo y tuvieras que incorporarlos a ti, y presentarles a tu familia y amigos; ¿y si la parte nueva del edificio no encajara bien, si no se llevase bien con la vieja? ¿y si tu cuerpo rechazara los añadidos?
En sueños siempre puedes volar, ¿no? En sueños se vuela sin barrotes.
En sueños siempre se podía escapar por la terraza, nunca se usaban las puertas. Se podía descender y descolgarse de una a otra terraza hasta el jardín de la casa vecina donde podía haber una gran merendola.
Oí que en sueños puedes construir puentes desde el aire, primero un lado y luego el otro hasta juntarse.

¿Cómo vamos con los sueños? Había un tiempo en el que soñabas con este tiempo, ¿soñabas con que se construirían más plantas que las que tienen las casas? o ¿eran sueños en los que eras totalmente libre, sin mandamientos, sin adultos, sin obediencia ciega? o más bien ¿eran sueños de los nobles, de esos en los que tienes aventuras de novela, no se matan más ballenas, ni focas bebé, no existe la guerra, la estafa, ni se negocia con el hambre?
Era mucho tiempo el que te separaba de esta edad así que quizá soñabas con que casi todo sería muy distinto porque tus adultos hablaban de tiempos muy duros en los que era muy difícil la vida, o sea que soñabas ilusionado con dejar resueltas todas las injusticias para siempre; o tal vez que no serías más niña, que no tendrías que hacer lo que dictaban tus adultos, serías libre, para entrar y salir, para ir y venir; o con algo simple y difícil como la libertad, que no estarías encadenada ni sometida, que ibas a ser libre, sobre todo para decidir y para decidir sobre TODO, algo que costó mucho a tus adultas.
Lo que no te imaginabas es que las cosas que ya parecían tuyas pueden esfumarse, las conquistas de tus adultas son muy frágiles, no soñabas que se avanza un poco pero se puede retroceder unas casillas en el juego si nos despistamos. Si nos despistamos deciden por nosotras.


Muchos millares de personas claman desde el pasado febrero que no sea reformada la actual ley del aborto.
Hoy se estrena Yo decido. El tren de la libertad, un documental que muestra el viaje de nuevo a la libertad, que está resultando frágil, la marcha desde todos los rincones a principios de febrero y que desembocó en una gran manifestación en esta capital para apoyar el sueño de decidir en libertad.
Me gustaría soñar con cosas nuevas, construir puentes desde el vacío, nuevas libertades porque hoy soy libre y hoy decido, deseo que esa intervención de mi libertad se quede en un mal sueño.

martes, 24 de junio de 2014

El melancólico

No soy como tú,
no estoy preparado para saltar
aunque siempre estoy
a punto de querer hacerlo.
No soy como tú,
no puedes verme,
estoy siempre ahí
detrás de todas esas capas de papel
pegadas en la puerta azul;
si una se despega
quizá se pueda comenzar a leer,
cualquiera que se acerca quisiera hacerlo,
pero se van rompiendo y es imposible.
No soy como tú,
no me presento antes,
vendrás a mí
en una habitación llena
y prometo que no te rechazaré
(sin pensarlo antes mucho).
No soy como tú,
para construir algo
primero lo desharé varias veces,
y, cuando lo construya,
será sólido y permanente.
No soy como tú,
pero puedes confiar en mí,
siempre.

Según Hipócrates (el del juramento, sí) existen cuatro temperamentos para definirnos psicológicamente: sanguíneo, melancólico, colérico y flemático.
El melancólico es el más rico y complejo de todos.
El tipo melancólico es: analítico, abnegado, dotado, perfeccionista, muy sensible, predispuesto a veces a la depresión, el que consigue más disfrute de las artes, introvertido, pesimista, tiene gran capacidad de concentración, fiable.

¿?
Permitido adivinar…

lunes, 16 de junio de 2014

El verano construido (Conociendo a Cézanne)

Los castaños del Jas de Bouffan
Volkart Foundation, Suiza
La vida aquí es como una de las pinturas del maestro en las que solo hay veranos y un sol que te calienta los párpados; un mundo de infinitos verdes amables y amaneceres fríos.
Las praderas se superponen. La montaña pesa. Hay caminos que no llevan a ningún lugar, tan solo se han hecho para ir y volver, hay unos que huelen a madera fresca, otros llevan hacia la tormenta.
Salvo estar no hay mucho para hacer, pero estar ya está bien. Los días son largos y quietos porque así tienen que ser.
Una serie de tareas fijas por la mañana; ir a buscar leche, comprar el pan y entrar en el cuarto de las harinas esperando ver algún ratón que se haya quedado a dormir.
Lecturas y esperar a que se caliente la piel bajo los frutales. Recibir y escribir cartas.
Una ráfaga de viento cambia el plan.
Si piensas en las musarañas es posible que veas alguna antes de ir al río.
Por las tardes; la risa, calor/frío, observar las estrellas del agua y esquivar las picaduras de los tábanos cuando el sol se rinde.
Aquí todo cruje y siempre huele a madera mojada. El orden es distinto y el desorden también. El silencio se valora y se alimenta. Solo se monta en coche para visitar un mar de nubes.
Hay un ciruelo que nadie plantó y lavanda salvaje.
Y al atardecer irás a la estación a esperar el tren.
Es un lugar que siempre duerme, que para y vuelve a empezar cada día. Y todas las edades lo trasnochan.

El viaducto cerca de L'Estaque
Ateneum Art Museum, Finnish National Gallery, Helsinki 
Collection Antell
No siento afición a mitificar y me pongo nerviosa al tener que mencionar siquiera alguno de los mitos de otras personas, de los tuyos. En la historia de la pintura hay muchos de estos y una se acerca a ellos con demasiado respeto y rara vez se tiene una opinión sincera de su obra (o no se atreve a exteriorizarla). Si no causa desmayo parece que o no se ha captado la maestría del mito o su gran mensaje, podría ser incluso que horripilara o a una le dejase fría y no supiese nunca si le gusta o, como ya he escrito otras veces, no hubiera conexión.
Hace unos meses me encontré con Cézanne, uno de los mitos, y pensé en verlo como si me lo acabasen de presentar, tratando de olvidarme de su leyenda y de tener que asentir porque sí. Resulta complicado porque me alejo, me acerco, miro de cerca la pasta (ojalá me dejaran tocarla). Ocurre con ciertos géneros que te pones delante pero no pasa nada, quizá no puedes olerlo, no tiene la música adecuada, quizá no conoces el lugar y no puedes aportar nada a su lectura.
Leo: "Cézanne fue un caminante incansable, que cada día salía al campo a buscar el motivo de su pintura […] odiaba las carreteras modernas […] prefería los viejos caminos que se adaptan al paisaje, con sus cambios de punto de vista, con su expectación y sus sorpresas. Quizá por eso pintó tan a menudo la curva del camino […]
Los caminos de Cézanne no van a ninguna parte. Incluso cuando el horizonte es visible, el plano del fondo produce más el efecto de una pantalla que de una distancia ilimitada. Es como si detrás de cada vuelta del camino se asomara la pared del estudio […]"
Puede que Cézanne deseara que yo entienda, huela, oiga el lugar allí dentro, pinta al aire libre y de manera obsesiva repite motivos, elementos, o quizá no tiene ninguna intención de que yo entre allí. Él parece obsesionado con una montaña, los árboles y los bosques que luego encajona en esos lienzos, que no son ventanas, paisajes construidos.
Así que, como me ocurre con sus compañeros impresionistas, yo miro y remiro, y me presento a este pintor que acabo de conocer, sin embargo parece que no tenemos química.
Después de vagar por las salas de esta exposición veo que en esas pinturas no solo no está el paisaje sino que tampoco hay tiempo, se para como en ese lugar que has guardado con unos colores, unos olores que son solo tuyos y que está encajonado en tu memoria, tu obsesión. Una construcción sin drama, solo lo ves tú. Ese lugar al que vas solo para estar porque siempre es verano.

Fuente de las imágenes: Museo Thyssen-Bornemisza: http://pdigital.museothyssen.org/index.html?revista=76437734&pagina=-5332

jueves, 15 de mayo de 2014

Con ventanas amarillas

He venido a vivir a una casa de ladrillo con ventanas amarillas, para que me encuentres si me buscas. Un amarillo contento, nada de palideces. Con venecianas, para siestas frescas en el diván que rescatamos.
No pondré ninguna alfombra a la entrada, para oírte cuando llegues.
Llama a la puerta con las manos, no hay más timbres agudos ahora, porque soy invisible como un camaleón ciego.
Si llegas el lunes, la escalera siempre huele a repollo, como en aquellas novelas, y los miércoles a sardinas, es el menú predestinado de la colonia. No se puede competir con esos dos ni aunque llenara el horno de manzanas.
Si llegas por la mañana, prometo no asustarme cuando me susurres de espaldas. Si llegas por la tarde te estaré escribiendo en secreto.
Un hombre muy largo vive en el piso de abajo, su compañera siempre quiso tener las cazuelas en el techo como en esas cocinas de las revistas, desde que ella no está su sueño es muy ligero y mi suelo repica de madrugada.
Su hija me ha dicho esta mañana que los cangrejos no pueden mirar hacia arriba y por eso los pájaros los atacan, llevo todo el día pensando en sus ojos, en tus ojos y en los míos. Se ha levantado al amanecer, el ruido del gas a trompicones le ha despertado y se ha sentado junto a la ventana para ver el globo subir, y luego ha sacado casi todo el cuerpo para verlo bien muy arriba junto a los demás.
La señora Amelia huele a galletas y desliza la cuchara por la piel de la manzana asada una y otra vez hasta dejarla transparente. Sale todos los días a las once a pasear con una amiga, no hablan casi y alguna vez van al cine. La señora Amelia es muy blanca y tiene la piel como de porcelana, creo que no le ha dado nunca el sol, como a la planta que me regalaste, no sale sin su velo blanco que saca todos los días de la cómoda de la habitación, hace años que la modista le hizo algunos de una pieza de tul que sobró del vestido de alguna novia, los guarda muy bien doblados junto a las dos combinaciones desde siempre.
Rosita lleva ahora el camión de su marido al matadero, el trayecto de ida y el de vuelta los hace llorando desde el primer día. Él tal vez se fue a conducir el circo.
Un perro contratenor hace duetos con la amiga de esa vecina que ríe en falsete.
El cartero ya se ha divorciado tres veces porque el horario no le coincide bien.
Esta mañana me he encontrado conmigo, entraba y salía del súper, con mi gorra negra inclinada, escuchando música y traspasándome con la mirada, porque soy invisible, y caminaba hacia atrás, acaso para desandar.
¿Qué pasa ahí afuera? Demasiado calor, el amarillo ha entrado en casa. Hasta me he puesto un vestido, del revés, para que me escuches, cuando llegues.

(Quizá continúe…)

jueves, 10 de abril de 2014

Simplicidad

A todo el que crea que todo el mundo nos entiende cuando hablamos o escribimos: la simplicidad es la complejidad resuelta. No lo digo yo, lo dice Brancusi.
Llevo unos días pensando en esto.
¿Queréis un contexto? Es Emmet Gowin quien me lo recordó, algunos sabéis quién es él para mí, pasó hace unos días por aquí para dar una conferencia, entre otras actividades.
Se llega a este tipo de contundencias con mucha vida o mucha experiencia y da mucha rabia que lleguen otros a concluirlas antes que una. También se llega a resolver la complejidad con mucho trabajo.
Y el continente de la frase es como el contenido, de total simplicidad.
Pues resulta que hace tiempo que uso esta máxima como catalizador, pero en secreto. ¡Cáscaras!, podría haber salido de más de una situación incómoda al hablar de arte contemporáneo, ese gran desconocido a pesar de ser el nuestro, el de ahora, el que se puede entender porque está hecho por y para comunicar a la sociedad lo que ocurre en este momento. Bueno, esto solo pasa con las artes plásticas, porque otras se prefieren cuanto más modernas mejor.
Si hoy me preguntaran qué es el arte (ambiciosa definición fruto de la decisión de las llamadas élites culturales, en mi opinión no es necesaria y las élites culturales tampoco) seguiría vacilando como aquel primer día en la facultad cuando algunos valientes y poco tímidos respondían rápida y pedantemente añadiendo palabras como belleza, creación, gusto… Mi profesor sabía que la gran mayoría no sabríamos qué contestar y que pasarían años antes de poder tener ni idea de cómo empezar la definición. Mi profesor sabía también que pasaríamos todo el tiempo de estudio de aquella carrera (HdA), y más allá, en definir lo que NO era arte, como si eso interesara… salvo para aburrir a las cabras.
Ay, si hubiera tenido la máxima a mano… si la hubiera usado creo que me habrían expulsado de las camillas (=mesas redondas) sesudas a las que no me invitaban porque la comunicación del arte es una asignatura que cateábamos, con nota.
Todo este preámbulo para deciros de una vez que en el arte como en los demás tipos de comunicación la simplicidad es un elemento importantísimo porque, sencillamente, hay que hacerse entender, al cien por cien, además.
Cuando empecé a trabajar en lo de comunicar se me achacaba demasiada brevedad y rapidez para realizar cualquier pieza gráfica o texto, el mensaje no llegaba y era escaso, además. Con toda razón, la paciencia y la claridad de ideas no eran lo mejor de mí, si, como me decía alguien muy cercano, nunca tenía más concentración que diez minutos.
Él, el alguien cercano, me está leyendo y le digo que puede ser que algo de razón tuviese pero también contribuía a ello el modo de contar las cosas y la emoción, porque habréis oído que la emoción es el factor esencial del aprendizaje.
Mi terapia para ir solucionando la complejidad es sencilla; no parar de intentarlo. Un duro entrenamiento es tratar de hacer legibles los complejos textos ajenos y cualquier elemento de comunicación al que una se enfrenta. Espero conseguir una comunicación amigable y de metraje adecuado.
Hace poco recibí este consejo que comparto con vosotros: una comunicación amigable (Estrella Montolío, catedrática de Lengua Española de la UB) debe ser:

CLARA
BREVE
CONCISA
TRANSPARENTE
CORTÉS

Yo quiero añadir un ingrediente más; la emoción. Aquí tenéis unas complejas comunicaciones resueltas.

David Rodríguez

E. Seligmann
Emmet Gowin

Y claro:

Constantin Brancusi. The Newborn. Version I, 1920

viernes, 21 de marzo de 2014

Por los suelos

Cuando empecé este Nido no estaba muy claro de qué iba, ni tampoco de qué iba yo, y abrí varios frentes: citas preferidas o inspiradoras, canciones, protestas, engendros de poemas, poemas de otros, embriones de cuento, ejercicios de fotografía, más o menos acertados todos ellos.
Algunos géneros se han quedado, otros han mejorado, juzgáis vosotros, pero hay temas que no puedo abandonar. Los hallazgos fortuitos –de lo que sea– me han dado muchas alegrías, valor seguro: basuras distintas, cuadernos de dibujos de ciencias o el costurero de una vida; nuevas zonas verdes, da igual su tamaño y emplazamiento, paredes moribundas que reverdecen por una gotera o árboles que crecen desafiando la gravedad en mansardas del dieciocho.
Los suelos siguen dando sorpresas allá donde se camina o se viaja; hay islas verdes en medio del cemento o pequeños jardines en alcantarillas sin tapa o se encuentran guantes perdidos y solos en una ciudad de invierno con historias que se congelaron.
Si yo escribo
Milán, 
a algunas mentes vendrá un equipo de fútbol o dos; a otras mentes vendrán Ferraris, Lamborghinis, Jaguares y otras bestias; a otras, vestidos impresionantes y suelas rojas en los stiletti; a pocas, una catedral con tejado superpoblado de esculturas y protección militar que aún hoy se construye gótica con retrógrado mecenazgo; a otras pocas, una isla de vanidad cubierta por hierro y vidrio, bella y magnífica, otro "templo" junto al anterior, pasto ahora de franquicias con escasa gracia, un castillo rehabilitado con programación cultural interesante y envidiable, iglesias románicas lombardas, algunas bellas en su aparente sencillez o desnudez, el Mantegna en Brera (también se saluda a Rafael, Gentile y a Piero cuando se entra y se presenta una a la Cleopatra de Cagnacci), creatividad en escaparates inaccesibles que son puertas a otra dimensión, una en la que desaparece toda mesura y respeto por los derechos humanos, y a veces por el buen gusto.
De mirar a todos lados los reclamos, agotada; así que se necesita una mirada abajo para descansar.
Si yo pienso en  
Milán, a esta mente le viene un suelo castigado por lluvias, nieves, calores, combustibles, trabajadores, stilletti y bestias a ruedas y por raíles, todos estos depredadores dejando sus huellas al mismo tiempo, es un suelo que tiene algunas explicaciones que dar.
Como en otras ciudades, la población de guantes solos es bastante numerosa, en capitales de la apariencia como esta tenía que pasar:


Los raíles del tranvía están por todas partes, en cuanto hay una superficie lisa, libre de fracturas, salen setas, musgo o margaritas


Algún artista clava chapas en el asfalto, que es gomoso y blando


Y luego está el enigma que, la verdad, no sé si quiero llegar a resolver, no sé si quiero enterarme de la razón de estos grafitis casuales, porque una acción a priori poco artística, rutinaria y, sospecho, de seguridad policial, da un resultado muy interesante y divertido en una ciudad un tanto seria y grave.


(Cuanto más los miro más formas y vidas adoptan, probad.)

sábado, 8 de marzo de 2014

El 8 es para mujeres

Cada 8 de marzo se celebra eso del Día Internacional de la Mujer. Ayer mismo escuché que por qué un solo día; se hace el paripé, nos felicitamos unas a las otras no se sabe por qué, gritamos un poco, salimos a la calle a lo mejor a vocear alguna consigna. Me puse a pensar, puede ser que tengan razón. Bueno, es cierto, es discriminación positiva de esa, de esa que obliga a tener en cargos de responsabilidad a un cupo de mujeres, de esa que inventa una "bolsa de horas" para permitir a las trabajadoras conciliar la vida laboral y la personal, de esa para educar y no solo a la otra mitad del mundo sino a parte de nuestra mitad reticente. Medidas proteccionistas, medidas cobardes, parches que tapan bocas.
El proteccionismo no me parece buena idea y la conmemoración, en cierto modo, ya es sexista.
¿Por qué nos vamos a felicitar? Tener un día especial en el calendario es síntoma de que algo va fatal. La mayoría de los Días con mayúscula (europeos, mundiales, internacionales) son para visualizar enfermedades, a minorías, hechos históricos vergonzosos, etc. Así estamos consideradas, algo para visualizar, enfermedad, minoría, quedaos con lo que más os guste, quizá seres para proteger como el lince ibérico…
Ya lo vamos a oír hasta el aburrimiento, especialmente en este día especial. En algunos lugares a algunas nos pasan pequeñas cosas a diario: peligro de ser despedida por quedarse embarazada o ni siquiera ser contratada por la misma razón, ganar un sueldo diferente en igualdad de condiciones… acoso sexual, laboral, no tenemos derecho ni sobre nuestro propio cuerpo. En otros lugares, a otras les suceden grandes cosas, unas las sabemos, otras las imaginamos y ambas producen pesadillas.
A todas, en definitiva, nos pasa que todavía no somos ciudadanos (neutro que no masculino) con los MISMOS derechos incluso en lugares que el mundo llama "civilizados".
Vamos a oír, hasta el aburrimiento también, "que hemos avanzado mucho en derechos", "que estamos mejor que hace unos años", ¿qué? ¿qué tipo de avance es ese tan frágil que a la mínima se vuelve atrás, el de Sísifo? ¿por qué salgo a vocear consignas que ya voceaba hace 30 años de la mano de mi madre?
Me irrita y me pesa pero quizá sí necesitemos un día en el que salir a reivindicar con permiso del mundo porque me temo que el mundo (incluidas muchas mujeres) no escucharía ni un poquito de todo lo que nos sucede a diario.
Tenemos un día para hacer el ruido equivalente a un año, lo aprovecharemos porque los que nos protegen nos dan permiso pero dado que las trabas son diarias la lucha es diaria.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Al teléfono

Ya no hablo con desconocidos por teléfono. No desde que se pueden identificar los números en una pantalla, no desde que me atormentan con el marketing directo, no desde que tengo un cacharro que va conmigo siempre, en el que están los números con "permiso" para llamar.
¿Alguna vez habéis descolgado ese aparato y una voz que no conocéis os ha dicho "hola, me puedes decir qué día es hoy"? Sucedió hace mucho, aquel día no supe la trascendencia de aquella llamada, no la entendí y seguro que no estuve a la altura. Por supuesto, le dije el día que era, sé que hablamos más tiempo pero no recuerdo sobre qué. Seguro que al colgar pensé que era alguien que no estaba muy bien, en vez de pensar que estaría sola, sin ver a nadie en horas, días, o sin hablar de algo que a mí me parecía tan simplón como el día o el tiempo, yo que en aquel momento estaba en lucha continua por el silencio, seguro que me la quité de encima (qué tacto).
Aquello fue la versión de andar por casa y mal llevada del Teléfono de la esperanza, supongo, lo relacioné años más tarde, como siempre gracias al cine y a Cosas que nunca te dije (Isabel Coixet, 1996). Pensé que en ese país, donde parece que hay de todo, aquella persona tendría que haber contado con Don para hablar con ella de todo y todos los días, él sabría qué hacer, lo habría hecho bien. Yo "comprendo las cosas más tarde".
Es que no me gusta hablar con ese chisme, incluso cuando no hay nadie a mi lado me da vergüenza. A veces hasta he ensayado, cuando se trataba de conversaciones profesionales, que un jefe te dirija las llamadas tampoco ayuda a la autoestima y la seguridad. Ahora es peor, todos aireamos nuestras charlas, estamos en continua exposición por la calle, en el metro, en el súper… puedo oír toda la violencia de mis vecinos, los niños insultando a su padre, la madre a su ex marido, la abuela a la que llama el del segundo está muy sorda, le repite una y otra vez que se ponga el teléfono en la oreja, le grita insistentemente. No veo a toda esa gente pero sé más de sus vidas de lo que deseo, no necesito toda esa información agobiándome, no la quiero.
Tengo odio/amor a esta cosa. Lo vamos a llevar en la muñeca y dentro de nada tan diminuto que lo meteremos en nuestro oído como en Her (Spike Jonze, 2013), y siempre estará presente. Sin embargo…
La otra tarde leí que en Medellín la red de bibliotecas de una Caja de ahorros, o similar, organiza lecturas por teléfono, por catálogo pides una novela, un ensayo, poesía, lo que sea, y un bibliotecario te llama por teléfono y te lo lee. Como en Cuentos por teléfono de Gianni Rodari. Como un lector por horas. No es nada nuevo, ya, no sé si porque no leo noticias así casi nunca que de repente tenía su dosis de ternura, de ingenuidad o simplemente era algo tan sencillo… gente en algún lugar leyendo libros a otros por teléfono de los que huelen, de los que amarillean, de los que se rompen… o quizás no, quizás estén dentro del propio teléfono (locura). Resulta que, en resumidas, este odiado artilugio sirve para llevar palabras, para comunicar… e incomunicar.
Y entonces pensé en mi desconocida al teléfono e imaginé tardes de historias, tardes de lectura, tardes al teléfono.

lunes, 10 de febrero de 2014

Una sopa de cuento

Hay cocina sentimental o emocional, es bien sencillo, no es que llores con las croquetas, es más bien que un momento de familiaridad, comodidad, seguridad viene en forma de tortilla después del baño o sopa de estrellas: sabores, olores, recuerdos, tardes de domingo en una sola cucharada. No estoy segura de si se contempla su análisis, su estudio o su misma crítica, o si tiene el más mínimo interés, pero es la que más interesa a la mayor parte de las papilas mundanas.
Hoy ceno sopa de tomate, no la hago mucho. Recuerdo una, hace bastantes años, que mi hermana hizo para toda la familia, solía cocinar cuando se quedaba sola en casa por las tardes de sábados o domingos, recuerdo que mi madre sentenció: "Está ácida". Sentencias como esa suelen marcar el curso de los acontecimientos familiares durante bastante tiempo, pero este es otro tema.
Ya no sé si os he contado que pasé algunas tardes de mi infancia sentada en un taburete alto de madera en la esquina del silencio de una librería, era la librería de mis abuelos y era la esquina del silencio porque era así como había que quedarse si se iba de visita, leyendo y en silencio, aunque no se supiera, la esquina del silencio estaba a la derecha o a la izquierda de donde mi abuelo solía trabajar, donde escribía en su underwood de pie, al fondo de la librería, donde no se molestaba. Cogía un libro y me quedaba allí u observaba a todos ir y venir, coger los libros que llegaban hasta el techo o subir al piso de arriba que tenía totalmente prohibido.
Si no acababa mi libro, quizá me lo llevara a casa, después de alguna promesa de que se devolvería.
Durante años, todos volvíamos de la librería con novelas, diccionarios, ensayos de todos los temas y, a veces, los libros volvían a la librería, a veces los que no tendrían por qué hacerlo, aquella era nuestra biblioteca particular. Sí, me perdí la experiencia de la sala de lectura o de la sala de préstamo del barrio. Algunas veces se quedaban con nosotros algunos extraños especímenes que rara vez se utilizaban para lo que habían sido ideados. Eso mismo es lo que le ocurrió a dos libros de cocina que yo solía ojear, aunque todavía no tenía edad ni altura para ponerme a cocinar. Uno era sobre sopas y el otro sobre ensaladas (Las 30 mejores recetas de… de Georgina Regàs y J. Selva), estaban impresos con tipografía manuscrita y totalmente ilustrados; todos los ingredientes de las recetas, las rodajitas de huevo duro, los trozos de pimientos, los gajos de tomate, los mejillones, y después los platos ya elaborados, eran tan distintos, me chiflaban, yo los ojeaba como si fueran cuentos, no paraba de mirar sus páginas de graciosas recetas dibujadas, no sé qué pasaba por mi cabeza.
Había allí una sopa de tomate, aparecían alineados los dibujillos de los trozos de cebolla, de tomate, los dientes de ajo, las hierbas, la cazuela humeante. No recuerdo cómo indicaba aquel libro que había que hacer la sopa, habrá que improvisar, ya no está conmigo el libro de cuentos de sopas.
Las pequeñas rarezas se contagian, los dos libros viven con alguien pequeño, a alguien pequeño le gusta mirarlos como un cuento y los usa para sus pócimas, ungüentos y brebajes mágicos, para su restaurante y para las recetas de los cosméticos entre naufragio y naufragio. Alguien con quien nunca he compartido la rareza mira dos libros de cocina como si fueran cuentos.
Hoy ceno sopa de tomate, seguramente ácida y sentimental.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Las granadas son para manos pequeñas

Yo
no sé dibujar,
no sé tocar ningún instrumento,
no sé caminar por un alambre,
no sé hacer bailar cinco bolas en el aire,
no sé sostenerme en quintas,
no sé por qué dos más dos son cuatro,
no sé leer jeroglíficos
y apenas estoy aprendiendo a escribir.

No creo que deba perder más tiempo en nada humano que sea menos interesante.

Yo
sé soñar despierta,
sé hacer reír y, al mismo tiempo, llorar,
sé quererte a ti y a ese perro,
sé rodar,
sé imaginar,
sé bailar encima de una caja,
sé ser muchos a la vez,
y sé desgranar una granada porque se hizo para manos pequeñas.

OW me ha dicho al oído que en el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.

lunes, 20 de enero de 2014

Desconsumidora y colérica

Lo de ir a comprar se ha puesto fatal. No sé si es por la imposibilidad de consumir como se supone que debería hacer como miembro de esta sociedad moderna y para sacar adelante la nación (ni caso, todo ironía). No sé si es porque no nado en la ambulancia. No sé.
Me ha vuelto a pasar. Seguro que es el trastorno del desconsumidor. Os contaré sobre el otro, el chungo, el del consumidor compulsivo, se llama oniomanía, bonito nombre. Ya sabéis, entra un deseo desenfrenado e irreprimible de consumir a lo loco, sin necesidad y con exceso.
La compra te da buen rollo al principio, después vergüenza y remordimiento y para arreglarlo te vas de nuevo a comprar. Como en cualquier trastorno que se precie la cosa es que no sales del círculo. Vamos, que de repente tienes seis teles, cuatro equipos de home cinema, tres espadas con textos en élfico… estás arruinado y sigues solo, deprimido e insatisfecho, pero la nación va de p… madre, o mejor, según todos los medios, nadie te felicita y eres un apestado. Pues que se aclaren.
Dice la Wikipedia que las emociones negativas como la cólera y la tensión conducen a comprar.
A mí me pasa al revés, es entrar en determinados lugares y entrarme la cólera y la tensión. Es ver ese despliegue excesivo de mercancías, iluminado hasta la ceguera, perfumado hasta el vómito y venirme la ira, la que lleva al lado oscuro y, a continuación, entrarme ganas de abandonar el local sin bolsas en las manos ni agujero negro en la tarjeta.
Es seguro que habrá alguna ley de esas de "márquetin" que dice algo que se puede resumir como al mal tiempo buena cara o nos va de pena pero llena las estanterías hasta que revienten, que no se nos note. El que esté un poco flojo saldrá del lugar con cosas que nunca pensó que su inconsciente deseara porque "había tanta luz y olía tan bien que no se pudo resistir". La cólera me viene sobre todo con los productos sobrevalorados y la tensión es tremenda si hay que tomar decisiones entre esa variedad apabullante y obscena. También me tensa lo contagiado de estupidez que se halla el personal laboral de estos centros
Una, que es muy disciplinada para eso de las tentaciones, entra en el lugar en modo defensivo y también con cierto miedo, porque además de un tiempo a esta parte algunos negocios consideran a cualquiera que penetre en su sancta sanctorum como un ladrón en potencia. Creo que entro en el perfil de sospechosa, qué le voy a hacer, debe de ser por mi agnosticismo radical y también que entro muy rápido, como segura de mí misma, con auriculares en mis orejas y continuamente miro al techo y protesto con la mirada.
Y debe de ser que los hurtos están a la orden del día. Os lo ilustro con un ejemplo basado en un hecho real, porque me ha pasado a mí. ¿Cuál diríais que es uno de los productos más baratos de un súper? Entre los más baratos tienen que estar las pastillas para caldo de marca blanca. Esos despojos prensados en cubitos están guardados bajo llave en esas cajitas transparentes en las que también encierran perfumes o güisqui. Con toda la ingenuidad de la que disponía le pregunté a la cajera del súper cómo era eso de ponerle un candado a las cajitas de pastillas de caldo y ella muy seria me respondió: "vacían las cajas y las pastilla las venden en el mercado negro". Me fui a casa pensando en alguna droga de marca blanca que desconocía… y tensa y colérica, cómo no.
Ya lo dice el padre de mi amiga: "Es que está todo mal". Y añado: "Pampiroladas, el mundo perdió el coco".

viernes, 10 de enero de 2014

Cabalgatas rebajadas (después)

¿Qué os dije? Enero es el "mes de las bragas". El próximo domingo estamos todas y todos invitados a quitarnos los pantalones en grupo. ¿Por qué? Porque sí, porque podemos, porque el ser humano es social y es tan bonito hacer cosas todos juntos…
Esto es más o menos lo que va a pasar el domingo:


¿Cómo es esto del No Pants Day? Salir de casa después de comer con la familia perfectamente abrigado/a para soportar las inclemencias propias del mes, meterse en el metro y proceder a la extracción del pantalón, a continuación sentarse y viajar con gran dignidad mostrando bragas/calzoncillos nuevos, luego bajarse y pasearse junto a otros especímenes despantalonados, pasárselo teta.
En los sesenta se llamaban happenings y ahora impros, o sea cabalgatas baratas.

jueves, 9 de enero de 2014

Cabalgatas rebajadas

Cuando era niña pensaba que era la única en el país a la que unas personas, supuestamente magas o mágicas, depositaban sobre su zapato impoluto, en la noche del 5 de enero, montañas de lencería, dícese pijamas, calcetines y, sobre todo, bragas. Cada año aquellos tres decidían que por ser buena un año más me correspondían dos pares de bragas y otro tanto de calcetines. Era del todo incomprensible para mi mente pequeña aunque también lo era la propia tradición en sí porque ¿cómo podían estar los reyes majos aquellos frente a la librería de mis abuelos y a la vez salir por la tele? Por la magia. La magia es así.
A veces hay pequeñas cosas que hacen que te sientas menos sola en el mundo, más comprendida, menos rara. Al descubrir quiénes eran esos desalmados en realidad descubrí también que las madres desalmadas compradoras de bragas y calzoncillos abundaban. Todos debimos sospechar, pero de eso nadie hablaba, la vergüenza no te dejaba, en tu lista de presentes –esa que te preguntaba el profe a la vuelta de las vacas– olvidabas mencionar, a propósito, que tenías ropa interior nueva como el año. ¡Inocentona!, suponías que siendo tan mágicos y teniendo acceso a todas las tiendas y boutiques no les sería difícil a los magos hacerte algo de caso ya que pedías por catálogo. Así que hasta años después no me di cuenta de la treta navideña perpetrada por todas las madres magas y cuando te haces mayor, y te pasan el relevo, tú misma elevas a la categoría de regalo la ropa interior y te conviertes en la maga que regala bragas.
Por si esto fuera poco, parece ser que la lencería es un producto muy demandado en el periodo de rebajas, así que enero constituye el "mes de las bragas", como otros son el mes de las flores o en abril, aguas mil.
Este año, en la cabalgata de esa ciudad que me vio nacer, sorprendiome primero que Baltasar estaba pintado, otra vez, y segundo, los caramelos, escasos, tenían publi. ¿Caramelos de un banco y de una empresa de transportes? ¿los suyos? ¿los de regalo? ¿qué está pasando? Es algo tan ruin y tan cutre que me dieron ganas de llorar, aunque opté por el cabreo momentáneo. "¡Sunescan, daluna buso!" que dice la madre de Mafalda.
Este año, ni bragas, ni caramelos.
Me voy a las rebajas.