martes, 30 de noviembre de 2010

Serendipia

Un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado. Se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente (Wikipedia).
El término "serendipity" fue acuñado por el señor Horace Walpole, famoso por la novela gótica El castillo de Otranto.

"[…] este descubrimiento es del tipo que yo llamo serendipia, una palabra muy expresiva que voy a intentar explicarle, ya que no tengo nada mejor que hacer: la comprenderá mejor con su origen que con definiciones. Leí en una ocasión un cuentecillo titulado “Los tres príncipes de Seréndip”: en él sus altezas realizaban continuos descubrimientos en sus viajes, descubrimientos por accidente y sagacidad de cosas que en principio no buscaban: por ejemplo, uno de ellos descubría que una mula ciega del ojo derecho recorría últimamente el mismo camino porque la hierba estaba más raída por el lado izquierdo—¿comprende ahora la serendipia?"

Muchos descubrimientos se deben, al parecer, a una serendipia.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Un cementerio de pulgas

Mi salón(ín) ha descendido de nivel. No, no es que mi habitación sea high class y el resto ínfimo; es que he descubierto que el salón(ín) –insisto en el tamaño– está un centímetro más bajo que mi alcoba, hablamos de casas viejas, ya se sabe, un buen día se empiezan a arquear, menguan, se parten las caderas. Y bueno, pues una cosa lleva a la otra, se ha abierto una gran falla de seis milímetros bajo el umbral de la puerta, el suelo se abre a mis pies y allí van a morir los bichitos que un día me acompañaron. El mismo día que descubrí el socavón (costumbre madrileña contagiada por el gobernante de la villa) también descubrí mi gran sensibilidad podal solo comparable a aquella plasta que detectaba guisantes bajo los colchones, me notaba más baja al salir de la chambre, hasta casi me mareo y todo por el desnivel.
Por todas las rendijas se cuela la vida, ¿esas pulgas del circo vienen, sin embargo, a morir a mi grieta?

martes, 16 de noviembre de 2010

El que siembra... buena sombra le cobija

Es lo que debemos de pensar quienes al arrojar detritos sobre la madre tierra, lo mismo las cervezas crecen en hermosos árboles color miel.
No te digo nada si riegas con tus orines los contenedores de papel, quizá acabes con la escasez de folios naturales.
La naturaleza es tan sabia que quizá pueda transformar tu basura en vastas plantaciones de plástico alimenticio.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Hommage

Aunque no querais (algunos lectores creen que insisto en la comida) ahí va otro sobre lo mismo.
Hice caso al Gourmet de provincias y lo leí, el libro de Muriel Barbery, Rapsodia Gourmet (Seix-Barral, 2010).
Puede ser que me pase en líneas pero el derecho a la cita me ampara y no os vais a arrepentir.

"Repanchingado en el banco, bajo el tilo, yo despertaba de una siesta voluptuosa, mecido por el canturreo de las hojas y, bajo esa pérgola de miel dulce, mordía el fruto, mordía el tomate.
En ensalada, al horno, en un pisto, en mermelada, asados, rellenos, confitados, cherry, gordos y blandos, verdes y ácidos, acompañados de aceite de oliva, de sal gorda, con vino, azúcar, guindilla, triturados, pelados, en salsa, en compota, en espuma, en sorbete incluso: creía conocerlos a fondo y, en más de una ocasión, haber descubierto su secreto, al capricho de las crónicas que me habían inspirado los menús de los más grandes."

"El tomate, sin embargo, lo conocía desde siempre, desde el huerto de la tía Marthe, desde el verano que alimenta la pequeña excrecencia enclenque con un sol cada vez más ardiente, desde la raja que abrían mis dientes para rociarme la lengua con un jugo pleno, tibio, rico, cuya generosidad esencial mitigan el frescor de las neveras, la afrenta de los vinagres y la falsa nobleza del aceite. Azúcar, agua, fruto, pulpa, ¿líquido o sólido? El tomate crudo, devorado en el huerto, recién cogido, es el cuerno de la abundancia de las sensaciones simples, una cascada que se dispersa en la boca y reúne en ella todos los placeres. La resistencia de la piel tersa, sólo un poco, lo justo nada más, la blandura de los tejidos, la suavidad de ese néctar, con sus pepitas, que resbala por la comisura de los labios y uno se limpia sin temor de mancharse los dedos, esa bolita carnosa que vierte en nosotros torrentes de naturaleza: eso es el tomate, toda una aventura."

Y aquí lo tenéis.


(Foto: David Rodríguez)

martes, 9 de noviembre de 2010

Dilo en pasiva,

escribe una sigla y, si puedes, dame un gerundio. Así es como anda últimamente lo que viene siendo el mundo del lenguaje, ojo, que hablo del escrito, del otro mejor ni hablo porque a lo mejor no sé hacerlo, digo hablarlo.
Me refiero a las fuentes escritas, a esas a las que acudes cuando no sabes algo, esos libros de plomo (por pesados, en los dos sentidos), por ejemplo el "tumbaburros" que tenía mi abuelo, si había que ir a buscarlo a la biblioteca no había duda, era un tocho "hermocho" que casi siempre estaba en la última balda y que si tenía la osadía de caerse no solo te tumbaría a ti, burro, sino que podría traspasar los suelos hasta llegar al sótano y/u al infierno después (que es el lugar habitual para situar el infierno, claro que esto es cosa de cada uno, porque lo del infierno es dependiendo de la persona humana, lo mismo vas al infierno y tenías en vida miedo a las alturas, entonces es mucho más mejor pensar en lugares elevados como infiernos personales).
Pues resulta que a eso me dedico, un corrector, hoy día, lucha con estos tres pilares del mal escribir, esos tres infiernos: la voz pasiva; la sigla o acrónimo (mucho mejor si ni siquiera sale ni una vocal del amecido, parecerá un idioma desconocido en el planeta, al menos en el que vives) y, por último, el gerundio. Son tres ingredientes esenciales para pensar, cuando lees, que no te hablan a ti, que estás delante de la fuente, sino a un primo tuyo de Wisconsin.
Curiosamente parece castellano pero, hacedme caso, no lo es.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Arroz de milagro

También llamado "Qué suerte que me ha salido esto con una zanahoria, tomate seco, brocoli y un poco de jamón" o "De cómo cocinar algo rico incluso de mudanza".
Es de milagro porque pudo haberse quedado en un rehogo de verduras simplón.
Atentos al escenario en el que se produjo el milagro, entre cajas de cartón y sobre mesa de jaula de fruta aquí en mi nuevo pesebrín.