miércoles, 30 de noviembre de 2011

Coupole renaissance

Creo que no me equivoco si digo que hay un alto porcentaje de obras de arte y también de diseño que no entendemos (no me mojo más porque soy bastante mala para las mates y porque además hay artistas mirando y me temo que verían mermada su autoestima, que suele ser débil). Algunos sabeis que insisto mucho en el tema de que no hay que juzgar a la ligera el arte sobre todo lo que metemos en ese saco enorme del arte contemporáneo, es tan enorme que para algunos comienza cuando Picasso decidió ponernos más ojos de los normales o Mondrian enrejilló todo su mundo, lo cierto es que ese contemporáneo  ya es antiguo. "Yo el arte contemporáneo no lo entiendo" es una frase muy común. Tan solo dejaré caer respecto a este tema escabroso que es más fácil "entender" un arte de esta época que Las meninas (creemos que entendemos lo que vemos porque los pies y las manos están en su sitio y hay una cierta realidad). No soy fundamentalista, solo es, al fin y al cabo, una opinión.
Hay otro apunte importante, la forma como nos enfrentamos al objeto artístico, todo parece muy serio y muy grave, como cuando íbamos a misa, nadie se ríe en misa y nadie se ríe delante de una obra de arte consolidada (anda que no producen carcajadas… ambos, en alguna ocasión).
Hace unos días vi este objeto, observadlo bien, ¿qué se entiende? una pantalla de lámpara viejuna dentro de una caja transparente. Se parece a la que sacaba Mary Poppins de su bolso de viaje que puede que siempre te haya horrorizado.


El espíritu crítico entra en funcionamiento, el ceño se frunce y ya está, pensamos que nos están tomando el pelo, pero ¿por qué no echarse a reír sin más?
Un dato interesante es que está en una tienda de lámparas, pero ¿es una lámpara? Y entonces leí esa plaquita de la base: Coupole renaissance. Un homenaje a esas viejas pantallas de seda que casi no daban luz en casa de esa tía que, cada vez que ibas, abría una nueva caja de galletas (vale, iba poco, pero siempre tenía los barquillos de chocolate para mí sola).
Esa misma tarde la vi encendida, todo me pareció encajar, incluida mi inusitada alegría al verla.


Y volví a usar el espíritu crítico ese e hice una breve investigación al respecto de este irónico y simpático objeto, surgieron más de estas, montones de ellas, son de Ron Gilad (Tel Aviv, 1972). Esta lámpara que, seguro, muchos detestaron e incluso detestan ahora toma una nueva identidad, se convierte en un objeto nuevo, sin la carga conceptual de antes y yo digo, además, que muy comprensible y por qué no, divertido. Una nueva vida para montones de lámparas que ya son viejas y no encajan en nuestra nueva sociedad halógena. Una especie de ready-made, una costumbre de la Vanguardia a la que el diseño industrial nos tiene acostumbrados desde siempre.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Pezqueño

Quizás depilarse, exfoliarse, estirarse, tatuarse… no eran suficientes agresiones a una misma, nunca estás del todo suave y lisa, una de las últimas modas del despioje humano es ese pequeñísimo pececillo que siente debilidad por tus células muertas.
Se llama Chinchin yu y te mordisquea el callo y la dureza, parece insaciable y muy amigable. Te sumerges en el agua y un banco de diminutos come pieles viene a mordisquearte y se come todo lo que te raspas, lijas y cortas cada dos por tres.
Es una práctica cada vez más extendida en spas y templos de la extirpación, seguro que hasta algún avispado ya inventó el timo. No todo pez pequeño es tu nuevo amigo callista y yo no puedo dejar de pensar, ¿y si le das un pie y te toma hasta la mano?

domingo, 20 de noviembre de 2011

Sinónimos, que no

Cuando el apático es pasota.
Cuando el cínico es un descarado.
Cuando ignorante es desinformado.
Cuando el fatuo es bobo.
Cuando trepar es mejorar.
Cuando privado es particular.
Cuando el político es público.

viernes, 18 de noviembre de 2011

bien-estar (sainete haiku)

Uno le dice a otro.
—¿Tú sabes qué es eso de lo que tanto hablan estos días, eso del estado del bienestar?
—Pues está claro.
—Entonces, ¿qué es?
—Eso es que antes estabas bien y ahora estás mal. Lo que respiras es peor que antes, lo que comes es peor que antes, comes cosas que no comías antes y que es mejor que no comas, vives en casas más pequeñas que las de antes, pero hay una buena noticia, vives más que antes.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

2.11

Quizá no era el momento… no, no era. Empecé pero lo dejé. Es el momento cuando miro llover, o si tengo delante el mar, parece que las grandes masas de agua me hacen pensar, a otros les dan ganas de hacer pis, otros incluso piensan mientras hacen pis, otros probablemente ni piensan en las masas de agua. Pero no es un pensar bueno, es un pensar denso, y está directamente relacionado con las bajas presiones. Así que en momentos así y en un día como hoy, y además de difuntos (básicamente llueve en la península), una no puede por menos que echar mano de la literatura victoriana y similar. Siempre ha sido así para mí, films ingleses, de esos que casi puedes oler por lo poco que se ve que se lavan, y novelas de grandes descripciones y retratos, y donde llueve bastante.
Antes de abandonarme a la contemplación del fenómeno atmosférico citado decido acometer a Stella Gibbons, cumple al menos uno de los requisitos.
Compro menos libros, debe una leer lo que ha ido arrinconando en la "Billy"… hoy es el momento y es la segunda vez que lo intento, La hija de Robert Poste… y ahí está, aplastado en la primera página, un pequeñísimo mosquito atrapado para siempre, sin poder avanzar en la lectura, sin poder descubrir una historia llena de ironía, alegría y también melancolía de la profunda Inglaterra, muy propia para la estación que nos ocupa. De cúbito supino en la blanca de cortesía de la novela, murió por sorpresa un día, probablemente de verano, seguramente no sabría que al ser un libro tan puramente otoñal, allí se quedaría olvidado hasta el momento propicio.
Es tan pequeño que no le cabe su propio cuerpo, ¿alguna vez habeis pensado bien de uno de ellos? Son molestos e incordiones, e incluso propagan enfermedades, pero aunque os riáis, al verlo he tenido que pensar en su final, realmente llevó una vida de las duras, arriesgada, a merced de cualquier desalmada que le estampa contra un montón de papel durante su vuelo.
Yo he decidido dejarlo ahí pegado, en mi blanca de cortesía, porque hoy es el día de difuntos. Descanse en paz.