viernes, 30 de octubre de 2015

Obsesión

El jilguero, Donna Tartt

Que desde una página entre mil te pregunten a ti, sí, a ti directamente sobre la obsesión es lo mínimo que necesitas para pensar en tu obsesión o en una de las primeras seguro.

En paredes amarillas o en esa total surrealidad que querrías habitar.
En que no es que no encajes es que desencajas casi siempre, en cuanto se dan la vuelta ya estás cabeza abajo.
En que caminaría al revés si lo permitieran.
En ser graciosa incluso en solitario, porque en solitario no existes. No existes si no cuentas que has estado triste o extremadamente contenta, o solo moderadamente contenta o triste, no saben por qué te has acordado ahora mismo del calor en tus ojos cerrados y se te ha encogido la tripa. No porque lo quieras, porque no lo quieres, pero es así como juega contigo la melancolía: solo unas notas sueltas y todo se desborda.
En que lo que acabas de mostrar te avergüenza. Que lo quieres mostrar, pero te arrepientes porque es mejor que no salga de estas cuatro paredes.
En qué extraño es este lugar tan plano y luego todos los árboles aparecen juntos, uno tras otro siempre pequeños, que nunca crecen.
En que es imposible, pero desde esta calle puedo ver el mar.
En que lo triste es más bello.
En que no puedo llegar a una definición de mí misma válida, esa con las palabras bien buscadas y sin nervios. ¿Lo mejor de mí?, ahora mismo este lunar en el brazo, es adecuado, del color justo y está en el mejor lugar, pero no era eso, lo que buscaban es lo que quieren oír. ¿Lo peor de mí? Si insistes, te aplasto, pero "prefiero sonreír nerviosa".
En que si lograra sacarlo de mi boca, tendría que salir corriendo.
En que el futuro es mentira y que solo tengo pasado.

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