sábado, 16 de febrero de 2013

PAN

Según alguien, nada oficial, PAN son las siglas del Primer Alimento Natural, es el primero porque se hace pan desde la Prehistoria, es lo primero que masticamos en la infancia y es universal, todo el mundo que puede come pan y "pan" se usa como sinónimo de "alimento".
El pan puede dar la felicidad (si no lo tienes muy bien no te encuentras), muy simplón pero es inevitable celebrar los acontecimientos con comidas y en muchas de esas el pan es uno de los protagonistas de la mesa.
El pan, como alimento principal y universal, tiene que ser accesible para todos, cuando digo accesible digo bueno y barato, cuando digo bueno, hablo de nutritivo, y cuando hablo de bueno y barato, pues resulta que en los últimos tiempos esto no va junto (ya lo dijo El comidista, a algunos de esos lugares los llamo timódromos). Algo tan sencillo (no de hacer, hablo de pureza de concepto), que se fabrica desde hace tanto tiempo, debería haber llegado a ser bueno, barato y universal, progreso, ese desconocido.
Como digo, el pan protagoniza momentos estelares de la vida y es que está con una a diario. Me da la sensación de que no le hemos dedicado ninguna atención, se ve como acompañante y si se prescinde de él no importa.
Hay algunos panes que me acompañaron en mi infancia, por desgracia ya no están entre nosotros; el pan de leche Nutri, con magro Apis y tomate, me lo zampaba después de la piscina en verano, aunque era de leche tenía una corteza crujiente y el bollito era tan sabroso que muchas veces caía desde la panadería de Florentino a casa.
El colín ancho y blandito de los domingos, acabo de recordarlo, desde la vuelta a la esquina a mi casa daba buena cuenta de él.
Puedo afirmar que el pan preferido de mi abuela es la torta, un pan de aceite superflexible (no apto para dentaduras postizas) que ella acostumbraba a abrir por la mitad y rellenar de una tortilla de patatas con su cebolla y su pimiento, sencillo y delicioso, recuerdo haber ido al campo y que llevásemos el manjar.
Quien no haya entrado en un obrador de pan tiene una gran asignatura pendiente en su educación, el olor a harina caliente cuando entras del frío bajo cero de la calle, un olor que sobrepasa cualquier pared o puerta, que se extiende por toda una calle, que no confundes con nada y que te hincha y, no sé cómo, te alegra el día, ese olor no se olvida nunca; el último que he visto estaba en Lisboa, en el Chiado, por desgracia me he enterado de que ha cerrado, olí el aroma desde arriba de la cuesta, ya se sabe que abundan en la "Ciudad blanca", me quedé observando un rato en la puerta, como hipnotizada y me vinieron a la mente recuerdos, y olores.
Siempre me quedé con ganas de entrar al horno de la panadería de nuestro amigo Dani. Quizá no mostraba suficiente deseo o quizá era por mi reducido tamaño, nunca entré. En mi misión diaria cruzaba a la acera de enfrente para ir a comprar dos barras de pan de trigo pesadas y consistentes, de corteza gruesa y crujiente, y miga húmeda, era un pan que no necesitaba más, sabroso.
Tendréis que fiaros de mí ya que no hay resto ni miga de ellos, igual que de esos tiempos pasados en los que se saborean las cosas por primera vez.
Hasta este momento no me había parado a pensar en esos miles de pedazos que ya me he comido. Ahora soy una urbanita (malditas etiquetas) preocupada por lo que como y estoy inmersa en una especie de búsqueda de sabores, me temo que será infructuosa aunque por el camino he conocido, por ejemplo, una flûte deliciosa, unos panecillos italianos y estos.



 Continuaré buscando.

1 comentario:

  1. Eva, estamos viendo la posibilidad de organizar una excursión dominical a un obrador de hace 150 años aquí cerca. Ya te contaremos.
    Miguel-Horno Atanor

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