miércoles, 19 de diciembre de 2012

De pirámides

Flaubert le dijo a Feydeau un día de 1858 que los libros no se hacían como los niños, sino como las pirámides. Obviamente se refería a novelas pero entenderéis igualmente por qué decía eso.
No suelo hablar de mi trabajo más que con gente que hace mi mismo trabajo y últimamente hablo de una versión muy degradada de ese trabajo con esa gente así que voy a contar un pequeño cuento.
Once upon a time I had a dream… bueno no fue tanto en forma de sueño, el formato era más bien de deseo. Estudiaba Historia del arte, todos los días me enfrentaba a libros de no menos de treinta centímetros de alto y una media de uno o dos kilos de peso, de esos que no hay Billy que los soporte, monografías más o menos complejas, o sea ensayos sesudos con cientos de imágenes de piezas artísticas, mogollón de pies de foto, bibliografías, notas… una pirámide.
Y un día de esos formulé el deseo, lo hice en voz alta, delante de un testigo (él a lo mejor no lo recuerda) "quiero hacer libros de estos". Ni siquiera sabía cómo se hacían las pirámides.
Las palabras con las que he comenzado son las liminares de una obra que, como las pirámides, sufrió un montón de escollos hasta que finalmente vio la luz para luego desaparecer definitivamente. Estaba claro que su título, Arquitecturas ausentes del siglo XX, lo predestinó. No lo busquéis, no está, como su propio título indica.
Las veinticuatro arquitecturas ausentes son proyectos que no se realizaron u obras que ahora ya no existen, además son solo algunas de muchas a las que les ha sucedido lo propio.
La historia de este libro comienza con una exposición homónima que se proyecta en 1997. La historia de este libro comienza con veinticuatro carpetas llenas de documentación: textos, fotos de unas impresionantes maquetas, fotos antiguas, dibujos, textos. Un montón de piezas para construir.
Este libro se construyó de una forma bastante artesanal, se diagramó en papel antes de maquetarse digitalmente a partir de un guión en el que se iban colocando todas las piezas: páginas blancas, sumario, liminares, prólogo, proyectos, apéndices, bibliografía, notas, etc.
Se reclutó a un grupo de maquetadores mercenarios que volcó los textos e iconografía (conjunto de fotos, dibujos, diagramas, etc.) que después se retocó en la editorial.
Se redactó cada pie de foto, se anotó cada descripción de cada proyecto, se elaboró casi desde cero la bibliografía y se miró y remiró cada doble página, cada piedra de la pirámide.
Hay muchos días, muchas horas de trabajo, hay emociones impresas en algunas páginas, hay peleas, incluso. Aprendí algo nuevo cada día de trabajo de ese libro, porque viví por y para ese libro.
Hubo otras pirámides después, muy distintas, en las que solo colaboré con unas pocas piedras.
Y de pronto algo cambió, hubo un momento en el que dejé de sentir que aprendía algo nuevo bueno cada día.
Todo ha cambiado un poco, no hago pirámides, si acaso templos u otras construcciones menores.
Parece que vamos a hacer las pirámides de otra forma y antes de haber logrado aprender bien esta profesión tengo que volver a empezar de cero porque las reglas del juego cambian, una ironía como la de ese personajillo todo el santo día bola arriba, bola abajo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cuéntame algo