viernes, 9 de noviembre de 2012

La séptima puerta

La oficina es un habitáculo anexo a la casa del editor y la princesa, una casa llena de puertas al exterior, yo no estoy acostumbrada a salir a la calle por distintos tipos de puertas, las casas donde he vivido (antes de vivir aquí, en esta ciudad, una sola, pero una vez aquí ya van cuatro) tienen una sola puerta a la calle, alguna vez fui a casa de algún amigo del colegio que tenía nada más y nada menos que dos puertas, la verdad es que siempre pensé que el llavero de mis padres era mucho más sencillo, y ahora me doy cuenta de que la sencillez no radicaba únicamente en el llavero. Y bueno, siempre hubo un ama de llaves en las casas con muchas puertas, ¿no?
La casa tenía una puerta, una hermosa puerta, pero un día el editor pensó, no sé si solo o le ayudaron, que podría poner una oficina pegadiiita a la casita y claro, esto ya supuso dos puertas más, una comunica la casa con la oficina, la otra es para salir de la oficina al pequeño jardín delantero del cual hay que salir a su vez por otra puerta si lo que pretendes es ver la calle. Así que cada mañana para entrar en la oficina abro dos puertas, la del jardín y la de la oficina, y a continuación espero, si no es la hora justa para palacio, que esa tercera puerta, la que comunica palacio y cocinas, se abra.
Hay otra puerta más que sale al exterior, la segunda puerta del aseo al que acudo para hacer necesidades básicas, el aseo es el de la planta de calle del palacio, utilizado por el servicio y… pues eso yo que estoy a su servicio; para acceder al baño se puede hacer desde el interior de la casa, pero si la puerta de cocinas con palacio estuviere cerrada habría que ir a expeler residuos orgánicos rodeando la casa y accediendo por el exterior; uséase, en pleno invierno, a bajo cero y a oscuras, si hubiere necesidad de mear y los señores no estuvieren en casa, la menda saldría por la puerta de la oficina, rodea la casa y entraría en el baño, haría su necesidad y regresaría por donde ha venido.
Un día de invierno hice como de costumbre, hube de salir, rodear la casa y entrar al baño por fuera, como de costumbre hice mi necesidad, básica y, al tirar de la cadena, observé una tendencia al desbordamiento del agua procedente del interior del inodoro, el agua venía hacia mí así que ni corta ni perezosa cerré la llave de paso, y pensaréis, pues bien, qué lista. Imaginad la escena, yo sola en el baño, perpleja, todo muy limpio, nada de qué avergonzarse, y pienso, "tengo un váter lleno de agua, pues le saco el agua". A oscuras en la noche y a tientas hallé lo más parecido a un recipiente para evacuar, también se dice achicar, el agua del citado váter, el bebedero del gato y procedí. Otro en mi lugar quizá hubiera salido corriendo en precaución del tsunami u ola vaterina, pero soy valiente y no me arredro. Una vez realizada tamaña delicada operación salí del lugar, rodeé la casa, abrí la puerta de la oficina y les conté este episodio a mis compañeros esclavos que, sí, claro, troncháronse de risa y me compadecieron y pidieron que me desinfectara.
Un año después se nos prohibió entrar por la puerta grande de palacio, teníamos otra puerta nueva a exactamente 70 centímetros de la anterior para acceder directamente a la oficina y también se nos prohibió entrar al baño de servicio, "dentro del habitáculo", pensó el avezado editor, "les haré un pequeño aseo, con un pequeño lavabo que solo tendrá un pequeño grifo de agua fría y se secarán las manos con pequeñas toallas negras", y, por supuesto, habéis adivinado, tiene su propia puerta, que bueno no cierra bien, más bien, no cierra nunca, tiene cierre exterior independiente del interior, puedes bien compartir tus evacuaciones con el resto de la oficina o bien corres peligro de quedarte encerrada y verte avocada a repetir una y otra vez la operación en la más estricta soledad, o sea que te puedes quedar encerrado en esa miniatura y que te descubran días después presa de la congelación total o devorada por las cucarachas.
Lo que os acabo de contar quizá podría ser un episodio de los Monty Python… o no. La realidad puede ser bastante increíble y surreal.

1 comentario:

  1. Srta. Jana, de provincias12 de noviembre de 2012, 9:39

    Tal cual que la novela "Criadas y señoras". Podría llamarse "Editoras y tiranos" o algo similar.
    Mal rayo les parta a todos (tiranos, políticos, banqueros y otras gentes de mal vivir). Deberíamos empezar a desbordar sus lujosos váteres con nuestras aguas menores, a ver si se ahogan algunos.

    Me noto algo crispada.

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