martes, 27 de noviembre de 2012

Interiores

El paseo es el mejor en su género. Un bulevar, como dirían los restauradores ilustrados, esos del XVIII que decidieron cargarse las ciudades llenas de esquinas para hacer a cambio grandes avenidas por las que pudieran desfilar los tiranos. Al final y al principio se erigía un gran monumento o se hacía una gran plaza y por el medio la barbarie.
Es un camino recto, casi sin interrupciones, donde se puede ir y venir sin toparse con urbanismos ni urbanitas. Es un camino largo, las piernas se cansan y la cabeza se vacía.
Mientras desfila va mirando hacia un lado y hacia el otro, casi sin mover la cabeza, así nadie puede verla buscando las luces cálidas de los grandes salones.
De vez en cuando hay alguien apoyado en un alféizar de una ventana, fumando un cigarrillo, o simplemente observando la calle, rápidamente mira hacia otro lado temiendo ser descubierta.
Pierde más tiempo cuando puede ver libros, se detiene unos segundos para ver cómo están colocados, cuántos hay.
Todo sucede sin perder un solo paso, es un largo plano secuencia que no se corta.
Esas ventanas son como cuadros, enormes cuadros de interiores burgueses, esos que le gustan tanto, donde la gente vive sin percartarse de que les miran, a un lado una lámpara, una silla vacía al otro, alguien sentado leyendo un libro, otros junto a una mesa tal vez bebiendo, son todos muy parecidos entre sí pero nunca son los mismos.


Después de ver cuadritos y cuadritos suele llegar un gran Rembrandt, de gran formato, el cuadro espectáculo, y se sienta delante, en primera fila.
Como en una pieza teatral hay cocineros pasando de un lado a otro, tropiezan con los camareros y se ven comensales ordenando la cena, no hay prisas, todo trascurre con serenidad, está bien dirigida.
Es una función privada, solo para ella. Mira atentamente a la gente que ignora su presencia, están sentados, conversan, uno se levanta y vuelve después de un rato, el camarero hace mutis por el foro, después trae una bandeja, una mujer pregunta algo, los cocineros se afanan en sus comandas.
Solo para ella.

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