domingo, 15 de julio de 2012

Raro

Una es rara.
Ser rara no se elige.
No se nace rara, el raro se hace. Requiere un esfuerzo y unos años.
No sé muy bien cómo empieza una a caminar por la anormalidad. ¿En la escuela (siempre lo llamamos colegio)? Todo comienza allí o a lo mejor es consecuencia de ello.
La anormalidad se convierte en normal cuando los intentos de parecerse a los no raros no funcionan. Los no raros son aquellos que hacen cosas divertidas todo el tiempo, los no raros gustan a otros no raros, se entienden, los no raros pasan infancias normales, los no raros son jóvenes no raros y por fin se convierten en adultos… normales, y sobre todo los no raros no van con los raros, a ninguna parte.
La anormalidad crea adicción, se es cada vez más raro, se quiere ser raro todo el tiempo.
El raro intenta buscar otros raros con los que compartir rarezas, nada les une salvo su anormalidad. Son raros de distinto tipo, el raro siempre se ve más raro que el otro, es por eso que se siente a gusto en el medio, en la marginalidad.
Pero fijarse que ahora los raros pueden tener más en común con otros raros, gracias a este empeño de los raros por compartir toda su anormalidad (en el sentido 3.0) se encuentran más raros afines ahora que antes. No es bueno que el raro esté solo.
Así que un día, pensando en poner la pica en Flandes, pensando en ser la más original, escribí sobre una isla en medio de una acera ("Esa cosa verde", en este mismo blog), porque debes hacer honor a tu etiqueta.
Y otro día cualquiera escucho:
"Brotan en el cemento mismo, crecen donde no deberían crecer, con una paciencia y voluntad ejemplar logran erguirse con dignidad, sin ninguna estirpe, salvajes, inclasificables para la botánica, una extraña belleza tambaleante, absurda, que adorna los rincones más grises, no tienen nada y nada las detiene, una metáfora de vida incontenible que, paradógicamente, enfrenta mi debilidad."
Salta a la vista que está mejor descrito. Observé una inesperada alegría.
Pertenece a Medianeras (Gustavo Taretto).

La película es muy recomendable, este comienzo me va. 


Sin embargo, yo debo emplearme más a fondo, cómo voy a ser una buena rara, una rara de verdad si en cuanto me doy la vuelta hay otro raro filmando árboles que brotan del cemento… quizá me rinda a la evidencia, ser rara de verdad requiere un esfuerzo para el que no estoy capacitada… y el caso es que tampoco lo estoy para ser no rara.
Bueno…

1 comentario:

  1. Y yo sintiéndome la más de las raras por (entre otras múltiples rarezas) no dejar que nadie me hable mientras viajo en autobús, debido a mi obsesión por contar exhaustivamente todas y cada una de las alturas que tienen los edificios que discurren a mi paso y, si es posible, el número total de ventanas... Ahora bien, lo mejor para darte cuenta de que esto de la rareza es un mal demasiado común es ponerse detrás de un mostrador y empezar a ver pasar personas. Entonces es cuando te das cuenta de que no sólo eres rara sino que, además, estás fuera de este mundo o, al menos, vibrando en diferente longitud de onda.
    Siempre es un gusto leerte.

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