jueves, 19 de abril de 2012

Vintage me gusta más

De enero a abril y escribo porque me toca. No voy a volver a pedir disculpas, esta ausencia ha sido larga, espero que me quede algo de tiempo seguido con vosotros.
Tengo noticias. He cambiado de nido, los palitos del nido anterior tenían un alto coste, así que ahora me he mudado a un árbol más alto de palitos más baratos. ¿Por qué los nidos son tan caros? No espero contestación, creo que no me serviría. No son más que palos y barro, bueno, cemento y ladrillos, que al fin y al cabo es tierra, agua y barro cocido. ¿Quién fue el primer canalla que decidió especular con el barro?
De nuevo es una casa vieja, es lo que pensarían algunos de los miembros de mi red (la social, que está muy de moda decirlo), seguro que hay muchos que dirían que es viejo, pero yo hace tiempo que pienso que si es vintage me gusta más (a lo mejor ya os habéis dado cuenta de este detalle de mi personalidad por antiguos escritos, o más bien fotos).
En mi nuevo nido ha habido algunos problemillas con el agua, los fontaneros dicen que el agua busca su camino, lo busca a través de mis radiadores incontinentes e incompletos (al parecer se meaban porque les faltaban piezas, era irremediable que se mearan) pero más bien pienso que hay fontaneros que deciden liberar al agua de su esclavitud, fluyendo así por pavimentos y paredes con toda tranquilidad y elegancia, y así escatimar en piezas clave para el buen funcionamiento de aparatos, como las fuertes tuercas y las sutiles arandelas.
Mi nido nuevo es pequeño pero tiene cinco ventanas, no creo que valga la pena mirar por ninguna de las cinco, para mirar y ver está mi terraza.
Pero el tema que de verdad me preocupa es la ausencia de rectas de mi nido, y no, no es intencionado. ¿Conocéis la teoría de la recta astuta? Tengo suelos en cuesta, esquinas onduladas, paredes cóncavas y convexas. Pero no es una queja. He llegado a la conclusión de que no creo en la recta y por eso no existe, o no existe y entonces para qué creer en ella, como tampoco creo en otras cosas como en el precio anterior a las rebajas, a la bondad del ser humano, a la permanente antiadherencia de las sartenes o en dioses buenos. Qué importante es la fe y cuando pierdes la fe no puedes poner cuadros en tu nido y las estanterías cojean. Y pienso entonces con añoranza en esos minimalistas japoneses.

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