miércoles, 11 de agosto de 2010

Pensamientos

Mi antigua habitación en León es muy grande y luminosa. Hay espacio para pasear y jugar. Y hay libros, muchos libros, mis libros. Todos los de la universidad, los catálogos de exposiciones, hay estanterías con dos filas de novelas.
No sé si alguna vez podrán estar conmigo. De momento su custodia la tienen sus abuelos.
Cada vez que vengo a mi palacio, compartido en ocasiones con la princesa Paula (mi sobrina comelibros) reviso la biblioteca.
En esta ocasión y con esto del blog se me ha ocurrido buscar mis diarios y releer.
Hay de todo, pensamientos muy dramáticos fruto de una adolescencia creativa, pequeñas revoluciones jamás vencidas, declaraciones de amor imposible... pero lo más importante, llevo haciendo esto casi toda la vida y no me acordaba.
Hay algún cuaderno de verano en el que apuntaba todo lo que hacíamos, tiene pegadas entradas de teatro y cine y hasta recibos de restaurantes donde cenábamos. Son cuadernos que hacía cuando iba a Gijón sola con mi madre.
No contienen lo importante porque no verbalizaba lo que ocurría pero he podido captar cierta tristeza y un deseo de escapar.
Al leerlos ahora veo que sigo siendo la misma y me gusta.

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