martes, 24 de agosto de 2010

Hammershøi








En febrero viajé a Copenhague, conocí a Vilhelm Hammershøi. En realidad no le conozco todavía, me lo presentaron en la Gliptoteca Carlsberg y no he podido olvidarle. El segundo encuentro fue en la Galería Nacional, sabía que me encontraría con él allí y no quise perder la ocasión de volver a verle.
No suelo hablar de mis experiencias estéticas, como decíamos cuando estudiábamos, pero quizá este danés ha sido la gota que colmó.
La gente nos pregunta a los que hemos estudiado Historia del arte sobre nuestros artistas favoritos, en un intento de aparentar más inteligencia de la que se tiene en realidad se suele contestar que no se tienen favoritos, el arte es uno y es difícil decantarse por una u otra forma de expresarlo. Con el tiempo he descubierto, en mi caso, que nadie se ofenda, que es cierto, hay un arte, varios artistas, lo que sí es favorita es esa forma de expresar. En latín vulgar "ese cuadro no me dice nada".
Hay varias cosas que me atraen de Vilhelm, permitidme la confianza. Parece disimular que está ensayando continuamente para una obra inmensa que sí le hubiese hecho ingresar en la gran Historia del arte, en el canon, vaya mierda. Es un outsider, un marginado, luego está esa figura repetida, de espaldas, y encima pinta vistas y ni siquiera plasma las fachadas principales.
No encaja, qué interesante.
Hay un misterio, como estar dentro de un sueño, a mí sí me dice.
Para saber más, ver el documental (BBC) que le dedicó Michael Palin.

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