martes, 8 de octubre de 2013

Todo es bello (brevemente)

Las mañanas son comienzos. Las mañanas son importantes, muchos días dependen de sus mañanas. El estado de ánimo de toda una jornada se puede estropear en la mañana. Hay mañanas que despiertas digitalmente en el bright side, en una especie de infierno naíf de buenos sentimientos en el que gente a la que no hablas en años –porque no te ha dado la gana– se interesa muchísimo en tu vida, muchísimo no, lo que deja el medio, un "¿cómo estás?" pero sin entrar en profundidades, por supuesto él o ella tampoco entra en ellas y la conversación (ironía) se acaba. Si te encontrases en otro lugar con él o ella le saludarías en plan "…ta lue…", quizá le criticarías o ridiculizarías y lo mismo haría la otra parte, y ahí quedaría todo.
El infierno también se manifiesta en forma de pepito grillo agitador de conciencias, que no está mal, caso de agitarme prefiero las mañanas, tengo el día entero para recuperarme y quizá, con suerte, algún programa de televisión me exorcizará y me dejará dispuesta a disfrutar del sueño merecido.
Pero lo que más me irrita y exaspera es el tufo a manual de autoayuda; ¿cómo es que de repente la superficialidad más liviana se ha convertido en profundidad?
Se lleva el "buenismo" y el "ñoñismo" disfrazados de sesudos comentarios, nunca se le dio tanta salida a las colecciones de citas. Por fin encontraron su lugar en el mundo los "memorizadores" y reproductores de mantras, los superhéroes del buen rollo, los elegidos para edulcorarnos a todos nosotros, amargados y cínicos.
Quizá no debería seguir, no vaya a ser que se me acuse de pedante*, ¿quién no ha tenido la tentación alguna vez de decir que "tutto è bello" (cito al protagonista de La meglio gioventù), obviamente solo preso de algún sortilegio o ceguera?
Pero en el afán de animar al personal o autoafirmarse a alguno le subirá la glucosa hasta que no sea reversible.
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* William Hazlitt, el crítico más lúcido del romanticismo británico, decía que aquel que no se muestre un poquito pedante quizá llegue a ser sabio pero nunca feliz (…).

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