viernes, 7 de junio de 2013

Escuela

Trece años de mi vida pasé en el mismo colegio, o centro, que es más moderno, aunque con el segundo sustantivo más parece que me refiero a la cárcel. Mi padre participó en esa "grande" decisión e informó de adonde no había que llevarme, mi madre hizo lo propio y además de decidir adonde no, decidió adonde sí.
Ya todos habéis leído esto:
“La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país. El nivel educativo de un país determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel educativo de los ciudadanos supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global”. 
Motor, competitividad, economía, competir, puestos de trabajo, crecimiento económico, ventajas competitivas, mercado.
Qué sonrojo. (Luego se pasa a un tono rojo oscuro de rabia.)
¿La única razón para educarnos es llegar a ser una fuerza de trabajo competitiva?
¿No hemos visto ya lo mal que nos va en esta parte del mundo con estos "principios"?
(Abro paréntesis para increpar a todo el que dice que esta es una sociedad sin valores ni principios, no estoy de acuerdo, tenemos los valores a los que nos han inclinado y están más activos que nunca.)
Yo, en la escuela, vivía el presente, el que tocaba; grafomotricidad fina, juegos, vocales, números del uno al nueve, canciones sobre animales de todos las especies, insectos, mamíferos o pájaros de cualquier índole, y leía sobre Manolo, Paco, Carlos, Ana, Lali y Loli y un perro llamado Pipo; después sumé, resté, multipliqué, dividí, hice raíces cuadradas o eso me creía. Leí, leí, leí. Después fui a la universidad, a estudiar Humanidades. Leí, leí, leí. Y después de eso aprendí un oficio y además estudié eso que llaman un máster.
Fracaso escolar. Me quedé en la "superficie". No aprendí a competir. 
Yo nunca fui a la escuela para conseguir un empleo, creo que mis progenitores, esos que decidieron mi  colegio, pensaban en ello, a largo plazo, pero no como consecuencia directa de haberme mandado a una escuela, me gustaría creer que pensaban en algo más profundo, esto que enseñaban nuestras abuelas, a hacerse persona, valerse por uno mismo, manejar las inteligencias y a ser un adulto feliz.
Fracaso escolar, la intención es que venzan las abuelas, me esfuerzo en ello.
Mis "mejores" profesores, entre comillas, "mejor" sería competitivo, de los que más me acuerdo, vamos, se les consideraba excéntricos en cuanto a método, recursos y personalidad. Independientemente de a qué escuela fueras, pública, privada, seudoprivada, elitista, religiosa, laica, coherente o absurda ya en aquella época el outsider calaba, en algunas se quedaba, de otras, le echaban. Porque así funcionaba, si incluía la diversión en el aprendizaje, se le echaba; si incluía las emociones, se le espabilaba; si no quería hacer exámenes, se le regañaba; si era distinto, estaba loco; y la creatividad era de perdedores. 
Afortunadamente la influencia quedaba, eso no lo podían apagar. Fracaso escolar.

Quiero esta escuela:




Y esta:




Y esta, que pudo ser:




Y quiero otras que no son la que se nos viene encima, retrógrada, competitiva, fracasada. 

Y, ya puestos a pedir, quiero profesores excéntricos, outsiders, que se salgan de la norma y apasionados y una sociedad que confíe en ellos. Y que nadie sienta fracaso.
Y entender a Kant.

1 comentario:

  1. Se ven las imágenes de las escuelas que quieres. Pero seguro que yo también las quiero. Puestos a pedir me gustaría entender a Wittgenstein. O no. Me gustaría entender a Wert

    ResponderEliminar

Cuéntame algo