martes, 2 de abril de 2013

El gusano que me enseñó

Cada 2 de abril se celebra el Día del Libro Infantil y Juvenil, la fecha es por Hans Christian Andersen, sobran las presentaciones. Aparte de escritor fue lector incansable, la escuela la dejó pronto así que lo aprendió todo en los libros. Tampoco tuvo mucha suerte, como la mayor parte de los humanos medianamente interesantes. Ha pasado a la historia de la literatura como escritor de cuentos para niños pero no solo escribió historias de este tipo.
Ya que hoy es un día de esos etiquetados quiero recordar la primera historia que creo que leí, digo creo pero estoy casi segura de que fue el primer cuento que leí yo sola: El gusano Enano y los colores del mundo, de Arnold Shapiro (Montena, 1983).

Un día el gusano Enano salió a explorar el mundo de su jardín. Su primera parada fue en los pétalos de una rosa ROJA, ROJA.
“¡Qué color tan bonito!”, dijo, “y qué aroma tan delicioso. Yo quiero ser una rosa ROJA, ROJA”.
El gusano Enano vio después una brillante margarita AMARILLA y en ella había una abeja zumbando.
“Qué tal, señora abeja”, dijo Enano el gusano. “Siempre tan atareada. Me gustaría volar de flor en flor como usted”.
“Tal vez puedas hacerlo algún día”, respondió la abeja, salió zumbando de la margarita AMARILLA.
El gusano Enano oyó una voz melodiosa. Miró hacia arriba y vio un pajarito AZUL posado en una rama. Enano el gusano se subió al árbol y dijo: “Hola, pajarito azul, tus plumas son preciosas. Yo también quisiera ser AZUL y poder volar como lo haces tú.”
“Quizá podrás hacerlo algún día”, dijo el pájaro AZUL.
El gusano Enano suspiró.
Colgadas de un árbol cercano había muchas naranjas color NARANJA. El pobre gusano Enano se sintió gris y feo. Hubiera querido ser tan NARANJA como la naranja. El pobre Enano se sintió triste por ser gusano.
Y fue arrastrándose hasta que llegó a un jardín de pensamientos violetas.
“¡Qué hermosos y delicados son!”, pensó.
“Quisiera ser VIOLETA y tan delicado como ellos, y no tan opaco y ordinario como soy.”
Y como había llegado la hora de comer, el gusano decidió almorzar comiéndose unas delicadas hojas verdes.
“¡Caramba!, qué buenas están estas hojas VERDES”, pensó el gusano Enano.
Y de pronto sintió el gusano mucho frío. Miró hacia arriba y vio miles de copos BLANCOS que caían del cielo.
“¡Qué bonitos, limpios y BLANCOS son los copos!”, dijo el gusano. “Pero también son fríos.”
El gusano Enano se puso a tiritar.
Y el gusano Enano decidió construirse un refugio para estar caliente. Se puso a tejer un saquito MARRÓN a su alrededor.
Y cuando el gusano terminó todo estaba caliente y NEGRO dentro de su saquito. Estaba muy cansado y se quedó dormido.
Al cabo de muchas semanas, el gusano Enano se despertó.
Y le pareció que dentro de su saco estaba muy estrecho y entonces decidió salir de lo NEGRO y ver lo que había fuera.
El gusano Enano se miró entonces y ¡oh, sorpresa! Ya no era un gusano peludo y opaco que se arrastraba, sino una hermosa mariposa con todos los colores en sus alas.

Es una historia simple, cada uno que interprete si quiere. 
Hace poco alguien preguntó si nos acordábamos de cuál había sido el primer libro que habíamos leído, no tuve que estrujarme la sesera, ni buscarlo en ningún desván, no están en ninguna caja en un trastero, todos los libros que leí en mi infancia están en un estante de la biblioteca común, se revisan con frecuencia, se releen igual que cualquier otro. No me gustan las etiquetas, no creo que un adulto no pueda leer un libro que en principio se destine a los niños ni que un niño no comprenda cualquier historia que se le cuente.
Este cuento tenía una marioneta de dedo que te acompañaba en toda la narración, un sencillísimo trozo de fieltro marrón con ojos que podías mover o hacer hablar, podía contarte su aventura en primera persona y después salir del cuento y continuar viajando por donde la imaginación quisiera.
Con este cuento no aprendí los colores, ni que había una cosa que se llamaba la metamorfosis, ni que cada uno es como es en la naturaleza y tiene su misión, ni que las abejas zumban, aprendí que todas las cosas, vivas o inertes, con pelos o de goma, tenían sus historias, aprendí que la imaginación es ilimitada. Así que me dediqué a fondo a experimentar, cualquier elemento sirve, no solo las marionetas fabricadas para tal fin, todas las cosas podían estar tristes o alegres, o tenían su propia historia y la contaban.
(En su momento una voz tranquilizó a mis progenitores sobre mi salud mental y continué experimentando.)
Ayer un escritor me dijo que lo mejor de la escritura es que cuando llueve o el día es muy feo puedes hacerlo bueno, la literatura es el único lugar donde mentir está bien visto.

3 comentarios:

  1. Srta. Jana, de provincias4 de abril de 2013, 11:36

    Cómo has conseguido ser tan sabia?

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    Respuestas
    1. Pues no sé si soy sabia. Al principio solo intentaba hacer ejercicios de escritura, después he empezado a entenderme y a lo mejor a conocerme… o a lo mejor todo es mentira…

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  2. Yo tenía ese libro y aún me acuerdo (y tengo 39 años). De hecho he llegado aquí buscando información por si lo reeditaban... ¡qué recuerdos! Gracias a la autora del post por poner el texto además de sus reflexiones.

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