lunes, 4 de marzo de 2013

Otra realidad

Hace días que estoy preocupada por esta "sofistificada" mujer, yo voy y vengo, pensando en mis cosas, llevo ropa hasta las orejas, rachea el viento, la nieve amenazando y ella ahí, sentada, sola  pensando en sus cosas. No le importa nada de lo que sucede, ni siquiera dentro de ese horrible y frío habitáculo. Morirá de frío e inanición, solo podría comerse los bolsos.


Si la realidad no es de tu agrado ahí están los escaparates para mostrarte otra, ¿fantasías estereotipadas para que te disgustes todavía más por no conseguir lo que te imponen? Son como pequeñas fantasías de otras vidas. Hasta este momento en concreto no me había parado a pensar en ello mucho, creo que lo asimilaba pero no lo estudiaba.
Es una realidad distinta, atemporal, de materiales nobles, de paredes forradas de blanco, una celda esplendorosa donde no necesitas comer ni dormir, solo tres bolsos, ni uno, ni dos.
Allí estoy yo, ambas realidades, la mía de gorro de lana y la suya, coexisten por un momento y a mí me da la risa, exploto en una carcajada sorda (es sorda porque en mi realidad me tomarían por chiflada y quizá pensarían en encerrarme en esa celda esplendorosa, qué frío).


Unos días después, cuando ya creía que la muchacha habría sucumbido, veo que la celda ha cambiado, la "sofistificada" permanece en la misma postura (en otra realidad ya se le habrían dormido ambas piernas), tiene esa mirada que toda femme debe tener, ahora sí que vive incómoda la pobre, su celda se descompone y por supuesto lo único que necesitará para existir son dos bolsos.
Y la carcajada viene a mí como de costumbre. Allí estoy delante, tronchándome de risa y fotografiando a esta señora que no entiendo, que no se parece en nada a mí pero que, supongo, está intentando comunicarse conmigo.
Y nada, que no puedo parar de reírme…

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