jueves, 12 de septiembre de 2013

A.B.

Hay dos formas de enfocar este relato y creo que puedo hacerlo de las dos, aunque escogeré la difícil.
Hace tiempo que busco a mi optimista, parece de cajón y nueve de cada diez psicólogos lo recomiendan pero no es fácil dar con él. Todos tenemos al menos uno. Aunque una esté empeñada en padecer, ese mágicamente hace que una se olvide y se calme. Según ese gran libro de autoayuda, el diccionario, la magia es ese encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo. Una cínica como yo piensa que solo saldrá del lado oscuro por medio de algún truco o artimaña.
Erré.
Sin pretenderlo te escogí a ti, lo he sabido al enfrentarme sola a esta página.
Yo lo he sabido y tú no vas a leerlo; de todos los ojos, los que más necesito ahora son los tuyos, ahora que he empezado a abrir la caja y no sé si sabré defenderme.
Ya no estás, qué poco hablamos, sí dijimos muchas palabras pero hablar no se pudo apenas. Empecé escuchando, sin pretender ninguna fascinación, sobre todos los libros leídos, tantos conocidos, tantos amigos, escritores, artistas, no eran mis "dioses" y todo me parecía lo de siempre, pero en ese cuartín donde solías escribir, rodeado de todos tus tesoros, te escuchaba, me leías y empezaste a ser mi optimista.
Me he apropiado de tus palabras, ya son mías: me decías que si afuera llovía y no me gustaba lo mejor era entrar a escribir una tarde de verano en la que tumbarse bajo los robles centenarios o una tarde de sol que te calienta los ojos cerrados mientras solo oyes el viento o una comida con gente que se quiere bajo la encina que nos protegía de las gotas.
Aquella tarde cayó una tormenta inmensa y vimos un arcoíris doble, me acompañaste a la puerta y después caminé hacia la estación, y ya nada volvió a ser igual.
Hace más o menos tres meses que vive conmigo y ya tiene una vida dura. Por segunda vez he hecho agonizar de sed a mi bella hortensia, si la vieras, qué fea está, como una araña patas arriba. Pero es una superviviente, una semana después de casi morir de sed se vislumbran unas pequeñísimas hojas verde claro. Creo que va a resistir hasta mi próxima ausencia y será entonces cuando se canse de mí y me abandone para siempre o quizá no, quizá se haga cada vez más fuerte y sea capaz de sobrevivir a toda la sed y la tristeza.
Qué fácil está siendo para ella, tendrá su optimista cerca y agua "a demanda".

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