martes, 4 de julio de 2017

No es una crítica de cine… de Verano 1993

Si lo pienso bien, solo hay una cosa que me gusta de verdad, por encima de cualquier otra: ver películas.
Y cuantas más, mejor. Me tomo en serio mi alfabetización visual, que le llaman los modernos.
Además, es una cosa que cada vez hago mejor. Miro cada vez mejor.
En mi cabeza permanecen, a un lado, las historias emocionantes y excitantes, muchas veces grandilocuentes, bellas, pero lejanas a mí a veces y, al otro lado, las que me obsesionan durante días, las que me gustaría haber podido crear yo misma.
Esto también me sucede con otras obras artísticas, pero esas sé que no seré capaz de realizarlas y me obsesionan menos tiempo.
No voy a ponerme densa, para eso ya hay expertos y nunca he querido meterme en sus asuntos, seguro que por falta de seguridad en mí misma, como me sucede en otros aspectos de mi vida. En realidad sí que me he convertido en experta en guardarme las pelis para mí, soy muy egoísta en ese aspecto.
Pero no estoy aquí para presumir de friqui. Y en esta ocasión, sí quiero compartirla.
Quiero hablaros de una de esas historias del lado bueno de la cabeza: Estiu 1993 (Verano 1993).
Lo hago antes de que se empiece a hablar demasiado de ella y se gaste. Muchos empezarán a usar frases hechas por otros, y copiaremos críticas y nos pondremos muy pedantes. Yo no, yo ya no hago eso, me las guardo para mí. Y tampoco os la voy a desgranar. Podéis ver todas las críticas que queráis antes de ir a verla, pero dejaros llevar por una servidora.
Se lleva un tiempo hablando de ella, se la premia y con razón.
Tenéis que verla porque la belleza escasea y cuando una obra es así conviene que forme parte de las cabezas de todos, en el lado de la obsesión, claro.
Después de ver las de este tipo, lo que admiro y envidio al mismo tiempo es la gran capacidad que algunas personas/artistas tienen para contar grandes cosas, cosas duras, importantes con una extrema sencillez y limpieza. Después de ver bastante, pienso que se llega a esa limpieza solo con la verdad y exponiéndose totalmente.
Que esté basada en una historia real no basta para darla esa belleza. Hay que saber utilizarla, moldearla. Cuando se sabe de lo que se habla: dolor, amor, lo que sea, hay más probabilidad de conectar con quien mira, pero hay que darle la forma perfecta y orquestarla visualmente.
Esta es la magia del cine que yo quiero.
Esta es una peli bella en fondo y forma, en su guión, en su realización, en su producción, en sus interpretaciones que te agarran desde el primer momento y no te soltarán jamás, en una inteligencia y una verdad totales.
Es perfecta y ya está.

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