jueves, 11 de febrero de 2016

Coartadas y escondites

"Olive Wellwood siempre reaccionaba del mismo modo cuando asistía a una función teatral:
queriendo escribir, ahora, inmediatamente, para perderse en otro mundo,
que Barrie había llamado inteligentemente el País de Nunca Jamás"
El libro de los niños, A.S. Byatt

No sé si podré retomar lo que he perdido, porque noto que algo se ha ido. En los últimos días me permito pensar en el veneno de nuevo, en intentarlo otra vez, pero a la vez me permito pensar en por qué debería hacerlo. Si prescindo de ello durante tanto tiempo no debe de ser una necesidad. Es una necesidad comer –de todo dicen–, beber agua –hasta dos litros dicen– pero no es una necesidad como esas juntar palabras –se mueren si no lo hacen, dicen algunos–.
Así que, si no es una necesidad y no es una vanidad ¿por qué no apartarlo también si molesta como lo demás? Y luego poder decir "me arrepiento" cuando ya es muy tarde.
En los últimos meses he permitido que el tiempo me adelante y hasta que me esconda –pérdida de tiempo dicen–. Si el tiempo es mío lo pierdo. Los demás lo dicen. Lo he usado para desaparecer bajo una montaña de amargura y responsabilidad desmesurada.
Como Olive, siento la misma pulsión, pero pongo tantas excusas que me convenzo de dejarlo –soy la mejor, al menos en eso. Y pocos ojos se han dado cuenta del abandono que me resulta tan cómodo, porque tenía coartada.
¿Qué hay que hacer para seguir incluso aunque quieras dejarlo, no sentir nada y dejarte llevar? ¿por qué hay que seguir? ¿porque es lo único que podría tener? ¿porque es lo único que creo que sé hacer? ¿cómo saber si es necesario? ¿cómo creérselo lo suficiente como para volver a intentarlo?

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