sábado, 20 de agosto de 2011

Ritorno

Ha sido una ausencia demasiado prolongada, pero ya estoy de nuevo aquí. No ha sido por vacaciones, porque no las he tenido, ha sido por falta de idea (fundamental) y porque la tecnología me produce un calor imposible de soportar, intuyo que os parecerá un motivo de lo más tonto o excusa pija. Vivo en una ciudad que no se refrigera, siempre hace calor, por el día está el sol, no hay sombras pa' tanta gente y además, si podemos poner un edificio ¿pa' qué vamos a poner una sombra?
Los últimos días han sido más irrespirables, por un millón de razones (cifras oficiales), a menos esos eran los "jóvenes" grupis del papa que han competido con nuestro oxígeno esta semana.
Un dislate. Una vergüenza. Un abuso. Otra más. No profundicemos, que dice mi madre que me saldrán arrugas por este enfado.
Tras treinta años de existencia en este mundo me doy cuenta de que al humano le encanta amontonarse, por cualquier excusa, una victoria futbolística, un concierto de rock, un botellón… también le gusta demostrar su poderío frente a otros humanos, así que podemos definir el acontecimiento de dimensiones galácticas como un botellón de amontonados exaltados chupadores de oxígeno, fans de una figura que ya debería haberse extinguido.
Es muy triste pensar que nada ha cambiado, los amontonados llevan pantalones en vez de jubón pero el Señor (como el feudal) sigue vistiendo túnica, se le besa la mano, tiene su pequeño reino inexpugnable, se desplaza en carroza, tiene enormes riquezas que extrae seguramente de lugares oscuros, aparte de nuestros diezmos, y el amontonado le sigue viendo como un héroe, le sigue en su desfilar ciegamente y hasta cree lo que le dice, y sobre todo sigue ignorando conscientemente lo que ocurre a su alrededor.

Nada cambia…
hasta que cambia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cuéntame algo